dissabte, 25 de desembre de 2010

comunicación interna, una práctica que interesa

Creo que ya he confesado por escrito en alguna ocasión que la inteligencia práctica no es una de mis virtudes. Aunque trabajo por modificar esa característica mia, más porque “me conviene” que por deseo. Mi interior se rebela contra esa recomendación exterior que no cree necesaria. ¿Por qué cambiar cuando ya somos felices así? Porque conviene, y convenir se me antoja un verbo ruin y mezquino. El alma se echa a temblar cuando alguien, o uno mismo, arroja ese verbo como una claudicación. Y aún así, hay parcelas de mi vida que se resisten a rendirse ante lo que me conviene. Ese conflicto interior lo he resuelto de la manera más salomónica posible, repartiendo mis actividades entre lo que me interesa y lo que me conviene. No niego que esta dualidad no me cause en ocasiones un desquiciamiento y agotamiento vital, pero lo que me conviene me permite avanzar en la vida exterior y lo que me interesa me permite crecer y disfrutar en la vida interior.
De esta manera, cuando el inglés es la lengua imprescindible para moderse por el mundo y tener una carrera profesional … mi mente no práctica disfruta estudiando francés e italiano, e incluso en una época esperanto. Y luego te despiertas un día y ves que como te has quedado entretenida jugando en un campo de flores, la comitiva ha seguido avanzando a su paso militar y ahora tienes que echar una carrera (o ponerte intensamente a recuperar el inglés) para alcanzarlos. De la misma manera, cuando lo más conveniente era realizar estudios que complementaran mi formación en comunicación, yo me dedicaba a consultar el programa de estudios de antropología o literatura comparada. Y cuando hay tantos manuales de comunicación por leer que me ayudarían a mejorar en mi trabajo, yo miro de reojo los libros de poesia o de viajes.

Y de igual forma cuando lo que se valora en este sector es dedicarse al márqueting o la comunicación externa porque da beneficios económicos o visibilidad respectiviamente, yo me entusiasmo con la comunicación interna, una herramienta devaluada y poco considerada por las organizaciones y la sociedad en general. Se la considera una disciplina menor, poco importante, el objetivo perfecto a la hora de recortar recursos, de no destinar atención… y sin embargo yo estoy convencida que es uno de los pilares de la existencia de una organización.

De los muchos argumentos que justifican la importancia de la comunicación interna en una organización hay dos que claros que deberían convencer al más excéptico. Invertir en comunicación interna aporta altos beneficios, tanto económicos como de imagen.

¿En qué me baso para afirmar esto?
- La comunicación interna favorece que los trabajadores/es estén motivados, satisfechos, implicados en el proyecto empresarial. Y esto se traduce en ideas innovadoras, mejores resultados, mayor rendimiento … y por lo tanto, optimización de recursos. Si produces más y mejor, sin duda la empresa se beneficia.
- Nos gastamos tanto dinero en dar una imagen fantástica a la sociedad, de convencer al público que nos compre, que se haga nuestro fan, que se acuerde de nosotros … y nos olvidamos que el primer y más potente instrumento de imagen de una compañía o institución es su personal. La sonrisa de la persona que te recibe al entrar por la puerta, la eficiente atención telefónica, el interés del vendedor en la tienda puede el elmento que te convenza para adquirir un producto o sevicio, para recomendar tu marca a sus conocidos. Y esas actitudes dependen de que existan trabajadores satisfechos, motivados y contentos. Quieres llegar a un público grande y tus trabajadores son los primeros portavoces de la empresa. Lo que ellos opinen y expliquen de tu empresa a su familia, amigos y conocidos se reproducirá exponencialmente.

Por lo tanto, en vez del papel marginal que se le atorga normalmente considerándola como la que se dedica a entretener y hacer perder el tiempo a los trabajodres, debería tener un papel estratégico dentro de una compañía, estar más valorada y evidentemente contar con mayores apoyos y recursos.

Y es que a veces coinciden los intereses con lo que conviene.

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