dijous, 24 d’octubre de 2013

Visitas imprescindibles en Varsovia


Ya expliqué que aunque mucha gente considera que Varsovia es fea y  no hay nada que ver, a mí me encantó. De hecho, estuvimos cinco días y nos quedaron cosas por ver, la excusa perfecta para volver.

Sin duda, la zona más bonita de la capital polaca es el casco histórico, que fue reconstruido al 100% después de la II Guerra Mundial puesto que fue completamente devastada por los furiosos bombardeos nazis. Hitler se ensañó para castigar la osadía de la población de Varsovia de rebelarse contra su ocupación al levantarse en armas en verano de 1944.

Para reconstruir la ciudad se inspiraron en fotografías y en pinturas, especialmente en las de artista del s. XVIII Bernardo Belloto. Tal vez eso explique que el centro de Varsovia parezca sacado de un cuento de hadas, de una película de época. El esfuerzo de reconstrucción y la belleza de su resultado merecieron que Varsovia forme parte de la lista mundial del Patrimonio de Unesco.

Además de admirar los trabajos de reconstrucción, visitar la capital de Polonia es adentrarse en la historia del siglo XX.

La ciudad antigua
Un buen punto de partida para visitar el casco histórico de Varsovia es la plaza Zamkovvy, una esplanada enorme que nos ofrece vistas de algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el palacio, la columna de Segismundo, las murallas de la ciudad, las casitas de colores.

Los 22 metros de la columna de Segismundo presiden la plaza y se han convertido en un punto de encuentro. Se trata de uno de los reyes más importantes de la historia de Polonia que trajo esplendor y poder al país. Justo enfrente encontramos el Palacio Real, un imponente edificio de ladrillo rojo que ofrece un marco precioso a la imagen de la plaza pero no tiene demasiado interés en su interior.

Un extremo de la plaza se adentra en el casco histórico y el otro es el inicio del camino real (Krolewski) que conectaba Varsovia con Cracovia. Es una calle larguísima elegante y hermosa, llena de edificios históricos, iglesias, palacios, la universidad, la estatua en recuerdo de Copérnico, el Palacio Presidencial donde vive el presidente del país, la Academia de Bellas Artes, la Iglesia de la Santa Cruz, etc. Desgraciadamente, hoy gran parte de esa calle está ocupada por cadenas de tiendas y restaurantes dirigidos al turismo, ese aspecto sin identidad ni alma que acaban teniendo todas las calles comerciales de Europa, unas exactamente iguales a las otras que no sabes si está es Londres, Atenas o Budapest.

El corazón del casco histórico de Varsovia es la Rynek Stare Miesto, la plaza mayor, que está presidida por la estatua de la sirenita guerrera. Según cuenta la leyenda, esta sirenita es hermana de la otra famosa sirenita, la de Copenhague. Explican que las dos hermanas huyeron de las frías aguas del mar Báltico. Una de las hermanas, cansada de nadar, se quedó en Dinamarca y la otra llegó hasta Varsovia, donde fue captura y expuesta como en un circo. Esta sirenita que se llamaba Szawa fue liberada de su captor por un joven pescador llamado War. No hay que ser muy listo para sumar 2+2 y ver cómo se formó el nombre de Warsawa, que es Varsovia en polaco.

La misión de la sirenita era proteger a la ciudad de todos los males, por eso va armada de una espada. Sin embargo, poco efectiva ha sido en su tarea porque la capital polaca ha sido una de las más castigadas por la historia en Europa.

La de la plaza vieja es la más conocida, pero toda Varsovia está repletas de sirenitas. Grandes, pequeñas, en escudos, tiendas, farolas, adoquines, fachadas, escudos, veletas. Nadie sabe cuántas sirenitas viven en Varsovia.


Detrás de la enorme plaza mayor del barrio viejo hay una pequeña plaza encantadora que acoge la Canonjía, una campana fundida hace más de 400 años. Justo al lado está la catedral de San Juan, la iglesia más antigua de Varsovia, arrasada tras la II Guerra Mundial.




La ciudad nueva



Aunque se le llame ciudad nueva por contraposición al barrio antiguo, esta parte de Varsovia fue fundada en el siglo XIV. Aunque están una frente a la otra, separadas por una calle, las dos ciudades tuvieron independencia durante muchos siglos. Cada una tenía su propio ayuntamiento, tienen su propia plaza mayor, su parroquia.

Uno de los lugares más interesantes de la ciudad nueva es la casa-museo de Marie Sklodowska, conocida como Marie Curie. En la fachada del edificio unos misteriosos dibujos representan a la Marie niña, científica y madre. Una mujer que pese a nacer cuando Polonia no existía como país sino que formaba parte de Rusia. Y tal vez para reivindicar la existencia de su tierra olvidada, le puso Polonio a uno de los elementos descubiertos que le dieron el Premio Nobel.

Separando la ciudad nueva de la ciudad vieja encontramos la muralla que rodea el casco antiguo y está muy bien conservada. Se puede recorrer desde la parte superior.

La Varsovia de la II Guerra Mundial
El gueto de Varsovia fue el más grande de Europa. Ya nada queda de él. Hoy es un barrio gris de bloques de cemento. Sin embargo, toda la zona recuerda la barbaridad que allí hubo con huellas y monumentos. Debido a la dispersión de estos lugares y a la desolación del barrio, es recomendable una visita guiada para descubrir los rincones más importantes de esta historia. En algunos puntos del suelo están marcados los trazos de donde pasaba el muro del gueto, en la calle Sienna aún podemos algunos de sus restos, también podemos visitar la  Umschlagplatz, el Monumento a los Heroes del Guetto, la prisión, el puente que dividía el gueto o el cementerio judio. En 21 lugares alrededor del antiguo muro han sido colocadas placas con el mapa del gueto.

Creo que la Varsovia judía merece una entrada entera del blog, así que lo publicaré en los próximos días.

En las murallas de la ciudad tienen un momento al Pequeño Insurrecto, como homenaje a los niños que participaron en el levantamiento contra los nazis. En el día de celebración, está repleto de flores, velas, y niños que visitan la estatua. En la entrada de la ciudad nueva también encontramos el monumento al levantamiento de Varsovia, un conjunto escultórico de bronce que muestra a los insurrectos surgiendo de las alcantarillas y luchando en las ruinas de la ciudad.

La Varsovia comunista

El Palacio de Cultura y Ciencia es posiblemente el icono que representa la etapa comunista de Varsovia. Construido en 1955, es uno de los edificios más altos del país con 234 metros. Y desde el primer día hasta nuestros días ha sido un edificio polémico.

Fue lo primero que vi de Varsovia cuando salí de la estación de tren. Y resulta impresionante nada más descubrirlo. Las opiniones se dividen sobre si es bonito o feo, pero nadie duda de su imponencia. Es un claro ejemplar de ese tipo de construcciones totalitarias con su enormidad descomunal para demostrarle a la población quien tiene el poder, para que se sientan pequeños, humillados e indefensos. Aunque fue un regalo de Stalin al pueblo de Polonia, es realmente un símbolo de la dominación soviética. Se trata de un edificio con más de 3.000 habitaciones que alberga cines, teatros, salas de conferencias, exposiciones y el reloj más alto del mundo.



Tomarse una Cocacola en la terraza del bar que hay en la antigua sede del partido comunista en Polonia parece una ironía. También lo fue que tras la caída del comunismo, en este edificio se ubicó la bolsa de valores de Polonia. Y en la actualidad es la sede del Centro Bancario y Financiero. Así, sin rencores. Sin poner el dedo en la yaga. El que durante 30 conocidos fue un edificio inexpugnable temido y conocido como “la casa blanca” es hoy un monumento muy interesante.

La estética monumental, gris, de cemento, domina una parte de la ciudad con edificios y avenidas de estilo soviético. Ciertamente, no es una parte atractiva estéticamente pero sí una visita histórica interesante si se hace acompañado de un guía para conocer la vida en Varsovia bajo la dominación soviética. El control, la censura, el miedo, el mercado negro, lo absurdo del sistema, las burlas de la población, la escasez, la falta de libertad.


Otros tesoros de Varsovia
  •  Una de las mejores vistas de la ciudad la encontramos en el tejado de la biblioteca universitaria de Varsovia que es un jardín elevado completamente gratis. 
  • El camino real nos lleva hasta el Parque Lazienki, posiblemente el parque más bonito de todos los que tiene Varsovia. Y mira que tiene. Un cuarto de su superficie son zonas verdes y tiene 20 parques naturales y bosques en sus límites. Los domingos por la mañana de verano, el monumento a Chopin y su gran y preciosa esplanada acogen conciertos gratuitos de música clásica a manos de músicos de renombre. 
  •  Los bancos musicales: Varsovia es la ciudad de Marie Curie y también la de Chopin. Existen rutas organizadas para seguir los pasos del músico genial. También lugares marcados que fueron importantes en la vida del Chopin como la Iglesia de Santa Cruz donde está su corazón (el resto del cuerpo está en el cementerio de Père Lachaise en París) o su casa natal. A lo largo de toda la ciudad podemos encontrar bancos donde podemos escuchar música compuesta por Chopin.
  • El acantilado de los desperdicios es una colina que hay junto a la plaza mayor del barrio antiguo. Lo que hoy es un mirador sobre el Vístula fue el vertedero de la ciudad.
  • La gastronomía: se come divinamente en Varsovia. Las carnes, los guisos, los pirogi, los dulces. Y muy bien de precio. Hay una cadena de comida tradicional polaca muy económica y muy buena, donde el personal va vestido con traje tradicional. A parte del detalle folclórico, vale la pena. 
  • Las visitas guiadas se pueden hacer gratis en inglés con FreeWalkingTours. Las visitas duran entre dos horas y media y tres horas, el inglés se sigue con facilidad y los guías muestran mucho interés y conocimiento del tema. Se paga la voluntad pero vale la pena. 

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