dilluns, 26 d’agost de 2013

Algunas lecturas sobre Polonia

Para no perder las buenas costumbres, hice una pequeña inmersión en la literatura polaca para complementar el viaje que iba a hacer este verano. Esta es la selección de los libros que he leído antes, durante y después de mi visita. El criterio de la muestra es algo tan banal como los libros que encontré en papel en la biblioteca o en formato electrónico para mi ebook. Caso aparte sería el de Kapuscinski que busqué expresamente, puesto que es uno de mis periodistas preferidos.

No ha sido una elección hecha a propósito, pero la mayoría de las novelas que he tenido la suerte de encontrar retratan una misma época. La primera mitad del siglo XX. Las historias están centradas en los estragos de la I Guerra Mundial, y especialmente la II Guerra Mundial, y concretamente en la vida de la comunidad judía en esa época.

"La bella señora Seidenman" de Andrzej Szczypiorski

La detención de una joven viuda judia durante la Varsovia ocupada por los nazis genera una serie de historias y relatos de todos los personajes implicados en ese episodio que sirven al autor para retratar las diferentes actitudes, comportamientos, pensamientos, sus conflictos morales, sus vivencias de habitantes de Varsovia durante la II Guerra Mundial: alemanes, polacos y judíos.  El nazi que la detiene, el muchacho enamorado de la viuda que pone en marcha una operación rescate entre los conocidos, el vecino de la viuda preocupado por su ausencia, el adolescente judío amigo del muchacho enamorado, la monja que esconde niños judíos haciéndolos pasar por católicos, el nazi que detiene a la viuda. Un mosaico de experiencias diferentes y enlazadas explicadas con emoción pero sin sensiblería. Muy recomendable.

 "El Pentateuco de Isaac" de AngelWagenstein

Una deliciosa sorpresa ha sido leer esta novela a que seguramente nunca me habría acercado si no hubiera sido con motivo de las vacaciones. El libro explicado en primera persona narra la vida de un judío que trabaja en la sastrería de su padre en un pueblo de una zona rural del este de Polonia. A través de su agitada y desgraciada vida, podemos conocer las vicisitudes y los cambios históricos que atenazaron a Polonia durante la primera mitad del siglo XX. Como explica el protagonista, en poco más de 20 años llega a ser ciudadano austríaco, polaco y ruso, sin moverse del miso lugar. Así vemos como su pueblo deja de pertenecer al Imperio Austrohúngaro tras la descomposición de I Guerra Mundial, como pasa a vivir en un país independiente llamado Polonia en el periodo de entreguerras, como viven la invasión nazi en 1939 y la división del país entre Alemania y Rusia pasando a ser territorio ruso en la II Guerra Mundial. El narrador pasa por diversos campos de concentración nazis, por la desaparición de toda su familia, por el  fin de la guerra y el sometimiento al régimen soviético, y acaba deseando morir en los campos de trabajo rusos en un limbo de hielo y frío por encima del círculo polar. Por todos esos episodios tan dramáticos pasa el protagonista de la novela. Y lo más asombroso de todo es que lo explica con un increíble sentido del humor. Toda la obra está salpicada de chistes judíos, de bromas, de ironía sobre su mala suerte y su trágico destino, el de su pueblo y el suyo mismo. Además de las entretenidas lecciones de historia, la novela permite conocer las tradiciones y costumbres de la comunidad judía en Polonia.


“Enemigos, una historia de amor” de Isaac Bashevis Singer


También sobre la vida de los judíos polacos, pero esta vez de los que se refugiaron en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial, trata esta novela de Isaac Bashevis Singer. Y pese a que se trata de una obra escrita por todo un Nobel de Literatura, a mi me ha dejado bastante indiferente. La obra explica con un cierto sentido del humor el proceso de recuperar una nueva vida, de volver a empezar, intentado superar o arrastrando para siempre las tragedias de la guerra y los campos de concentración. Y lo hace a través de un escritor judío que ha pasado toda la guerra encerrado en un granero en Polonia escondido por la que fuera la criada de sus padres, una ingenua campesina católica. Una vez acabada la guerra, el protagonista que cree que su esposa judía y sus hijos han muerto en los campos de concentración, se casa con la campesina y emigra a Nueva York. Allí, se enamora de otra mujer, otra judía refugiada, con quién tiene una relación sentimental engañando constantemente a su nueva esposa que vive recluida temerosa del mundo y sin saber el idioma en un piso en Conney Island. El tema se complica cuando aparece en Nueva York la esposa primera, que no había muerto en la guerra. Y además el protagonista presionado por la amante, decide casarse con ella. Así que resulta casado con tres mujeres. Dejando al margen el embrollo amoroso y matrimonial, lo que me resulta más incesante es ver como por ejemplo la madre de la amante no puede dormir por las noches, todos los ruidos le asustan, las sirenas, no soporta a los perros… los estragos del shock traumático de haber estado en un campo de concentración. Y el asombro del protagonista al pasar por los barrios judíos en Nueva York y darse cuenta que allí  hablan, rezan y leen en idioma judío sin tener que esconderse, sin pasar miedo. También, en cierta manera, la distancia inabarcable entre los judíos americanos de clase media poco practicante, con su vida mundana, sus risas, sus caprichos, completamente adaptados a la vida americana que se sienten tan lejanos a los judíos de Europa del este, tradicionales, conservadores, temerosos, reservados.


“Soscha” de Isaac Bashevis Singer

Al igual que “Enemigos”, el protagonista de la novela del mismo autor se debate entre la pasión por diferentes mujeres. En este caso, la historia tiene lugar en la Varsovia previa a la II Guerra Mundial y el rompecorazones es un aspirante a dramaturgo. Y entre el amor de una mujer casada culta y adinerada, una actriz famosa novia del productor de su obra, la criada de la casa de huéspedes donde vive, el autor se decide por el amor de su vida. Su amiga de la infancia, una niña con ciertas limitaciones físicas e intelectuales que vive con su madre en la más absoluta pobreza. La verdad es que me ha costado acabar el libre porque la historia no me interesaba demasiado y el ambiente era demasiado asfixiante y angustioso.

 

"La jungla polaca" de Kapuscinski



Finalmente, la única obra de no ficción de mi selección, de la que aún no puedo opinar porque aún estoy leyendo. Pero que seguramente merecerá una entrada autónoma en el blog. Sólo la introducción del libro donde Kapuscinski relata su infancia durante la II Mundial me ha parecido una auténtica maravilla desde el punto de vista narrativo. Se trata de un compendio de artículos que escribió el que está considerado como uno de los mejores periodistas del s.XX sobre la realidad de su país. Se trata de escritos de juventud que retratan la vida de Polonia en los años cincuenta y sesenta, cuando el reportero viajaba de aldea en aldea enviando crónicas al semanario para el que trabajaba. Además de ofrecernos un privilegiado mural sobre la vida rural de un país que acaba de salir de una guerra en la que habían estado sometidos desde el primer día, y que ahora se encontraba sometida al régimen comunista, siempre escrito con la pluma deliciosa, precisa e inteligente del periodista. Ya en estos primeros artículos se observa el talento de Kapuscinski para captar los detalles más interesantes, las historias más reveladoras, los testimonios más sugestivos. Creo que se trata de un don innato que no se puede aprender ni trabajar, para saber hacia donde mirar. Así, lo que en un principio es una crónica sobre el descontento de unos mineros en una zona rural se convierte en un ralito mucho más apasionante cuando decide acompañar al féretro de un joven minero muerto cuyos compañeros están trasladando al su pueblo origen para poder enterrarlo. 

dimecres, 7 d’agost de 2013

Irena Sendler, la heroína que salvó a 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia

Sé que me repito porque ya lo he comentado varias veces en el blog, pero una de las mejores cosas de viajar es no sólo conocer paisajes, monumentos y arquitectura del lugar sino poder aproximarte a la cultura y la historia de una ciudad o un país, que tal vez sin la excusa del viaje nunca se te habría ocurrido explorar. Así, hace unos años descubrí la literatura noruega, el año pasado hice el gran hallazgo de empezar a leer a Stefan Zweig al ir de vacaciones a Austria. Uno de esos tesoros que han caído en mis manos estas semanas gracias a mi investigación sobre el reciente viaje a Polonia es conocer a Irena Sendler.


Irena Sendler fue un personaje real, una heroína poco conocida que salvó la vida a más de 2.500 niños judíós del gueto de Varsovia durante la II Guerra Mundial. Por poner sólo una comparativa, todo el mundo conoce la proeza del alemán Oscar Schindler  (pese a que es una figura polémica pues algunos lo acusan de aprovechado, ya que los judíos del gueto de Cracovia eran usados como mano de obra gratuita en su fábrica). Sea como fuere, lo que es innegable es que la acción de Schindler salvó a unos mil judíos. Irena Sendler lo hizo con 2.500 jugándose la vida, sin ningún interés más que el humanitario y compasivo, y fue detenida y torturada por ello.

Añadir leyenda
Una película realizada para televisión que ha ganado diversos premios relata su proeza. Está protagonizada por Anna Paquin, que algunos recordamos como la rebelde niña de El Piano.

Sendler fue una trabajadora social y enfermera católica polaca que no pudo quedarse de brazos cruzados viendo la bestialidad que estaban cometiendo los nazis al su alrededor. Como trabajaba para el Ministerio de Asuntos Sociales, tenía permiso para entrar en el gueto. Así pudo organizar un sencillo pero arriesgado sistema para sacar a los niños del gueto y entregarlos a familias polacas, cambiándoles el nombre. Esas familias polacas también se jugaron la vida porque ayudar a un judío estaba penado con la muerte.

En la película se rompe el corazón al ver al ver el dolor de las madres que han de entregar y separarse de sus hijos sin saber si los volverán a ver. Algunas son incapaces de hacerlo. Es fácil con la perspectiva histórica y sabiendo lo que estaba sucediendo y lo que les esperaba a esos judíos, pensar que nosotros habríamos entregado a los niños sin dudar, para salvarlos de la muerte. Pero por aquel entonces, nada se sabía de los campos de exterminio, sólo rumores, historias, nada certero. Ante esa incertidumbre, ¿quién entrega a sus bebés y niños pequeños a desconocidos sin saber qué pasará mañana? Sendler, ayudada por otras personas, sacó niño en maletas, bajo los abrigos, escondidos bajo ladrillos, en ataúdes, en cajas de herramientas. A los más grandes los sacaba atravesando un edificio público que tenía dos puertas, una entrada por la Varsovia “libre” y otra entrada por la Varsovia del gueto. Irena Sendler cruzaba aquel pasillo con los niños judíos arreglados y vestidos como pequeños de familias acomodadas polacas. Algunos de los casos como la niña de la cuchara de plata han sido historias conocidas tiempo después. Muchos de esos momentos de la huida los recoge perfectamente la película. En Varsovia todavía sigue en pie el edificio con doble entrada por donde Sendler sacaba a los niños.

Irena entendía el miedo de las familias a no volver a recuperar a los niños cuando acabara la guerra. Así que creó un exhaustivo inventario donde escribía el nombre real de cada pequeño y su correspondiente nuevo nombre polaco así como las referencias de la familia polaca a la que era asignado. Esos papeles los guardaba en botes de cristal que enterró por toda Varsovia. Si Irena hubiera muerto, nadie más que ella conocía el paradero de esos botes con la memoria y la identidad de los niños.  Y estuvo apunto de ser así.

Y es que al final, Irena fue descubierta. Estuvo detenida en la prisión de Pawiac y fue torturada para que confesara los nombres de las personas que la ayudaban en su tarea salvadora. Irena no habló y fue condenada a muerte. Sin embargo, la resistencia estuvo recogiendo dinero entre todas las personas que apreciaban a Irena y valoraban su labor. Así se pudo pagar un soborno a los carceleros que la custodiaban. De hecho, se considera el soborno más alto pagado durante la II Guerra Mundial.

Después de la huída, Irena Sendler pasó a la clandestinidad colaborando con la resistencia.

Y si la historia ya es emocionante hasta aquí, todavía lo es más como salió a la luz. Ya entrado el siglo XXI, unos estudiantes de un instituto de Estados Unidos que estaban haciendo un trabajo de curso sobre las persona que ayudaron a los judíos durante la II Guerra Mundial se toparon con varias personas que recordaban haber sido salvados por Irena. Investigaron y descubrieron su historia. Lo mejor de todo es que Irena Sendler aún vivía, discretamente y en el anonimato en una residencia de ancianos en Varsovia. Tras salir a la luz su historia, reportajes, películas y entrevistas, se recuperó su figura. Incluso estuvo nominada al Premio Nobel de la Paz que aquel año ganó Al Gore por su denuncia del cambio climático.


Irena Sendler fue una heroína, pero como muchos otros héroes, no reconoce su hazaña porque considera que no tiene ningún mérito puesto que “no podía haber hecho otra cosa, no había otra opción”. Por supuesto, no es así, porque muchas otras personas permanecieron impasibles ante el horror (seguramente por miedo a perder la propia vida) y otras colaboraron con el régimen nazi. En todos los conflictos existen siempre personas que arriesgan su vida por ayudar, personas que siguen pasivas, y personas que colaboran con el poder. De todas formas, como plantea la pregunta final de la visita al Museo de la historia de los judíos y del gueto durante la II Guerra Mundial en Cracovia que acoge la antigua fábrica Schindler (por cierto, un museo muy recomendable) nadie sabe cómo nos habríamos comportado nosotros ante circunstancias tan terribles, cuando tu vida y la de tu familia está en juego. ¿Qué harías tú si amenazan con matar a tus hijos si no colaboras?

Más información
El valiente corazón de Irena Sendler Película (en polaco, subtitulada en castellano)
La heroína que salvó a 2.500 niños. Reportaje sobre Irena Sendler de El Mundo