dilluns, 31 de desembre de 2012

"Mañana no será lo que Dios quiera", la biografía de Ángel González escrita por Luís García Montero


Hace dos meses, en un tren camino de Tortosa abrí las páginas de “Mañana no será lo que Dios quiera” con esa emoción con la que se empiezan las cosas que hace tiempo que deseas hacer, disfrutando de un placer que ya anticipaba, como cuando salivas ante un pastel de chocolate que está por comer. Llevaba tiempo ojeando el libro en las librerías, leyendo la contraportada, pasando páginas al azar. Esperando el mejor momento para comprármelo. Y una vez comprado, esperando el mejor momento para leerlo. A simple vista, puede resultar absurdo no comprar algo que deseas comprar. Pero siguiendo con el símil del pastel de chocolate, también disfrutas dejándolo para el final, alargando la espera. En el sexo, estaríamos hablando de una fase que se conoce como la meseta, la que precede al orgasmo.

Y como siempre me ha inspirado mucho viajar en tren, pensé que aquel era el mejor momento para iniciar la lectura. Y lo fue.

Durante dos meses he tratado de prolongar la lectura el máximo posible, bebiéndolo sorbito a sorbito, deleitándome en cada pasaje, extendiendo cada capítulo, saboreando cada fragmento. Queriendo siempre un poco más, pero sin querer llegar nunca al final.

Y es que no podía ser de otra manera. Mi poeta preferido, Luís García Montero, escribiendo un relato evocador y nostálgico de la infancia y la juventud de otro de mis poetas de cabecera, Angel González. ¿Podían conjurarse más elementos a mi favor? Sólo me faltaba a Sabina y a Pedro Guerra cantándome al oído.

Y eso que el experimento podría no haber resultado. Un poeta no tiene porque estar dotado para la prosa. La infancia de un poeta no tiene porque ser tan apasionante como para merecer ser novelada. Aún así, yo sospechaba que sería un acierto. He leído con frecuencia artículos de opinión de Luís García Montero como para ser consciente de su gran dominio del lenguaje, ya sea en poesía como en prosa, y de su gran capacidad para convertir en apasionante el detalle más discreto. Tal vez la literatura sea eso. No se trata tanto de explicar grandes historias, grandes proezas, sino de saber convertir las historias más sencillas en material literario, de saber envolverlas de un halo de emoción, de enfatizarlas para hacerlas especiales. Y eso es precisamente lo que hace García Montero con la vida del niño y el joven Angel González.

Es la vida de una infancia y una adolescencia en los años de la República y la Guerra Civil y la Postguerra, como podrían ser lo de cualquier otro muchacho de su edad. Pero García Montero lo hace mediante el dominio del lenguaje, un lirismo de la narrativa, la belleza de las imágenes, la emotividad de las reflexiones. Y logra hacer memorable y especial los más sencillos detalles de la vida de Ángel González. Un segundo en una ventana, un hombre que se agacha a limpiarse los zapatos, colarse en un partido de la Selección Española de entonces, una amenaza de muerte de un falangista, un camión de anuncia caldos por toda la ciudad, una gata que todo lo destroza, una propina estafada por unos obreros bromistas, un reloj comprado con los ahorros de la madre que le robaron una noche en Madrid. Incluso el propio González le dice a García Montero al final del libro que no entiende por qué le da tanta importancia al asunto del reloj. Porque García Montero había encontrado en esa anécdota ese elemento especial para hacer literatura.

Además de conocer la infancia de  González y de su familia, formada por hombres y mujeres con una brillante trayectoria en la pedagogía y la enseñanza, podemos descubrir la vida cotidiana de una familia de izquierda de clase media en un convulso Oviedo. El miedo, los bombardeos, las huidas, los fusilamientos, los hombres escondidos detrás de un armario, la muerte que aguarda en cada esquina, los secretos, las llamadas en clave a la puerta, la depuración tras la guerra, el cambio de modelo de enseñanza en los colegios con el franquismo, las pequeñas batallas ganadas con dignidad, la impotencia, la represalias. 

El autor escribe la biografía novelada a través de los documentos guardado en una carpeta azul donde la familia González-Muñíz archivaba los acontecimientos importantes (partidas de nacimiento, defunciones, matrículas, cartas de depuración, recibos, notas y calificaciones, contratos, …), de la investigación de los acontecimientos y las personas citadas por Angel González, y seguramente gracias a las largas conversaciones mantenidas por los dos poetas. El resultado me parece de gran mérito. Por el esfuerzo de recreación, de transformación en material literario de todos esos documentos. Por el trabajo de documentación de los hechos y las personas. Y sobre las conversaciones de los dos poetas… seguro que merecían haber sido gravadas en vídeo para después construir una entrevista/documental. El libro me ha recordado al trabajo de final de carrera que hicimos en la asignatura de “Periodismo y Literatura” del profesor Albert Chillón. Es el tipo de libro que me habría gustado saber escribir a mí.

“Mañana no será lo que Dios quiera” está editado en bolsillo en Punto de Lectura en mayo de 2011. El libro fue escogido Libro 2011 por el Gremio de Libreros de Madrid. Angel González murió el 12 de enero de 2008.

Comentario de Joaquin Sabina sobre el libro

PD. Siguiendo con la conjunción de conexiones. Creo que los dos libros que he leído este año que más me han impresionado han sido "El món d'ahir" de Stefan Zweig y “Mañana no será lo que Dios quiera”. Los dos comentados en este blog. Después de publicar esta entrada, he leído el comentario que hace Joaquin Sabina del libro de Luís García Montero sobre Ángel González. Y se me ha puesto la piel de gallina cuando dice "Le hubiera gustado escribirlo a Stefan Zweig". 



dimecres, 26 de desembre de 2012

Lyon, un rincón encantador en el corazón de Francia


Aunque muy lejos de los que dicen considerarla “la Florencia francesa”, sí que es cierto que Lyon es una ciudad encantadora para pasar un fin de semana. Ciertamente, no es un destino turístico de los más populares. Y precisamente por eso es una estupenda sorpresa descubrir este delicioso lugar con tantos secretos escondidos. Es la ciudad con más hectáreas declaradas Patrimonio Mundial de la Unesco, exactamente 500, hecho sólo comparable con Praga.

Lyon está surcada por dos ríos: el Ródano y el Saona, que han dado lugar a un entramado de puentes para recorrer la ciudad. Además, está coronada por dos colinas: la Croix Rouge y Fourvière.  Lyon está dominada por la imponente Basílica de Fourvière situada sobre la colina que le da nombre y dedicada a la virgen que salvó al lugar de la peste. Se puede subir en teleférico o dando un paseo ascendente por la colina. Si no está muy en forma para subir escaleras y cuestas, sólo se trata de hacerlo más despacio y con más paradas. Desde arriba, se obtienen unas fabulosas vistas de la ciudad. En la parte inferior de la basílica, hay un espacio bastante curioso porque hay capillas dedicadas a vírgenes de todo el mundo.

Una recorrido por 2.000 años de historia

Pasear por sus barrios es como sumergirse en un libro de historia: la Lyon del Imperio Romano, la Lyon medieval, la Lyon renacentista, la Lyon industrial y obrera, la Lyon de la resistencia contra los nazis. La ciudad ha sabido conservar su importante legado arquitectónico que nos permite ubicarnos en todos esos momentos históricos.

Por ejemplo, yo desconocía que Lyon es una ciudad con más de 2.000 años de historia. Sus orígenes se remontan al Imperio Romano como se puede comprobar en su imponente y bien conservado teatro romano, que baja por la colina de Fourvière. Siempre me sorprenden esos impresionantes monumentos históricos en medio del contexto urbano, accesibles a todo el mundo, sin control, casi abandonados en medio de la ciudad, vulnerables al paso del tiempo y al vandalismo humano. Me sorprendió en Roma, me sorprendió en Atenas. Tesoros de la humanidad desamparados.

A los pies de la colina, se extiende el casco antiguo que acoge el barrio medieval y renacentista. El Vieux-Lyon es Patrimonio Mundial de la Unesco. Animadas callejuelas con palacios medievales y renacentistas, iglesias, restaurantes repletos de turistas, jardines apartados, pasadizos escondidos, museos de miniatura. En esta zona, destaca la catedral de Saint Jean, la Casa Thomassin, el Jardín de Rosa Mir, la casa Gadagne, el Palacio Saint-Jean.







El barrio de la Croix Rousse conocido como “la colina que trabaja” nos habla del pasado obrero de Lyon como centro mundial de la industria téxtil, tal y como nos retrata la novela Seta de Alessandro Baricco. Este barrio, que también es patrimonio Mundial de la Unesco, fue creado por los comerciantes de la seda para refugiarse si llegaban después de que la ciudad cerrase sus puertas. También los famosos traboules nos hablan de este pasado industrial. Se trata de pasillos y pasadizos en los edificios que comunican unas calles con otras, como un laberinto que surca el Vieux-Lyon y la Croix Rousse. Su origen está también en el comercio de la seda, puesto que permitía poder trasladar las preciadas telas por toda la ciudad de un edificio a otro sin que dañara con la lluvia. En la época de la ocupación alemana de la II Guerra Mundial, sirvieron para facilitar el escondite y la huida a los perseguidos por los nazis. Aunque en un primer momento da apuro entrar en uno de esos traboules, porque te parece que invades una propiedad privada, se trata de empujar las puerta de los edificios y seguir el pasillo hasta el otro lado. 

El barrio de la Croix Rousse puede recorrerse a través de los traboules siguiendo unas rutas señaladas. Sólo hay que ir siguiendo las indicaciones de las calles, como si se tratara de las flechas del Camino de Santiago, mediante un sistema de colores y símbolos se pasea por el barrio siguiendo pistas. Algunos edificios y zonas del barrio están bastante degradados, con basuras, botellas y suciedad, pero aún así resulta interesante hacer alguno de los recorridos. Una de estas rutas nos lleva a un interesante edificio que muestra como vivían los trabajadores de la industria de la seda. 


Y también hablan de un pasado sindicalista, anarquista y comunista que protagonizó grandes revueltas en el siglo XIX, especialmente luchando por los derechos de los trabajadores y contra los avances técnicos que substituían a las personas por máquinas. No en vano, la palabra “sabotaje” proviene de Lyon, derivada de los “sabots” que eran los zuecos de los trabajadores que lanzaban a las tejedoras mecánicas para inutilizarlas. Se trata de unas protestas que se enmarcan en el Ludismo, surgido en la industria textil de Gran Bretaña a principios del siglo XIX.


Otro momento histórico duro pero glorioso que habla de esta ciudad rebelde y luchadora nos traslada a la II Guerra Mundial. Merece la pena visitar el CentroHistórico de la Resistencia y la Deportación situado en el antiguo edificio de la Gestapo. No en vano, Lyon fue conocida como la capital de la resistencia durante la II Guerra Mundial.

Otras joyas de Lyon

En Lyon nació el cine y el guiñol, que tienen sus respectivos museos. El lugar que vio nacer a los hermanos Lumière fue también donde se gravó la primera película de la historia “La salida de los obreros de la fábrica”. Y es también la ciudad natal de Antoine de Saint-Exupéry, aunque su presencia mínima. Sólo una estatua en la plaza Bellecourt que no supimos encontrar.

Otra visita para relajarse después de tanto recorrido histórico es acercarse al Parc de la Tête d’Or que acoge un zoo y un jardín botánico, completamente gratis. Allí está situado el lema “Only Lyon” que con acierto se ha inventado la Oficina de Turismo jugando con las letras de la ciudad.  En el parque pueden hacerse fotos con las letras, al estilo del mismo juego que existe en Amsterdam.

Las compras pueden ser otra razón para visitar la ciudad. Evidentemente, Lyon también tiene una cara comercial situada sobre todo en los alrededores de la plaza Bellecourt y de la plaza del Ayuntamiento.

Y para los amantes de la fotografía Lyon también les tiene reservado una cita. Al atardecer el sol se pone por encima de la catedral que se perfila afilada y oscura sobre un cielo encarnado que parece anunciar el fin del mundo. El Ródano a sus pies refleja todos los colores que nos regala el ocaso. Es un espectáculo que dura unos diez minutos, y donde uno puede volverse loco haciendo fotos porque cada instantánea es diferente a la anterior, cada segundo el color de la tarde es diferente.

Sin duda, Lyon ofrece también uno de los mayores placeres, el de la gastronomía. Si Francia es uno de los lugares donde mejor se come del mundo, Lyon es la cuna de la cocina francesa. Así que se puede dar un homenaje al paladar en uno de los múltiples bistrots, llamados Bouchon, y a precios bastante asequibles. Y acompañado por vinos excelentes.

Algunas informaciones prácticas

Apenas a unas horas en tren (y TGV) y un par de horas en avión de Barcelona, y con vuelos de low-cost muy asequibles. Eso sí, el aeropuerto es uno de los más inaccesibles y complicados en los que he estado.  Si llegas un poco justo de tiempo, puedes perder el vuelo del tiempo que necesitas para recorrerlo.

Cualquier fin de semana es apropiado para hacer una escapada a Lyon. Pero si se prefiere alguna fecha especial, lo más recomendables es hacerlo en el puente de la Purísima para la  Fiesta de las Luces. La noche del 8 de diciembre toda la ciudad se ilumina. Edificios, puentes, todos los habitantes ponen farolillos en las ventanas. Se trata de una antigua tradición para dar gracias por haberse salvado de la peste en el siglo XX. Aunque originariamente esta costumbre sólo tiene lugar la noche de la Purísima, por el éxito turístico que ha tenido suele extenderse algunos días. Eso significa que a pesar de ser una oportunidad para ver la ciudad vestida con sus mejores galas, no es precisamente la fecha más tranquila para conocer Lyon.

Para visitar la ciudad de la mano de un habitante de Lyon, se puede recurrir a un servicio de guías turísticos voluntarios. El Lyon City Greeters. Sólo has de informar de cuándo vas a la ciudad, cuántas personas sois, qué tipo de visita te interesa y los idiomas en qué podrías hacerlo, y te ponen en contacto con alguien que se adapta a esas condiciones y te propone una cita para empezar la visita.