dissabte, 9 de gener de 2016

Ponte en forma al aire libre: bienestar y disfrute añadido




El ejercicio físico es un compañero indispensable para tu salud y tu bienestar, pero si además lo practicas al aire libre potenciarás todos sus beneficios. Así pues, sal al exterior y descubrirás que tu ciudad y tu entorno natural están llenos de rincones fabulosos donde ponerte en forma.

Artículo publicado en 2009 en Feminas.com

Empieza un nuevo curso y seguro que has recuperado el eterno propósito de hacer más ejercicio. Y por esta vez podrías dejar de esconderte detrás de excusas como que el deporte es aburrido, que no te va bien económicamente o que los gimnasios no son para ti. Existe una opción divertida, interesante, saludable y además gratuita: ponerte en forma al aire libre.

Pero ... ¿por qué deporte al aire libre?

·         Porque el sedentarismo y la pereza no son muy beneficiosos para tu salud, tu estado de ánimo, ni, evidentemente, para tu aspecto físico.
·         Porque mejorarás tu respiración, agilidad, movilidad y circulación, aliviarás dolores, desarrollarás tus músculos y quemarás calorías.
·         Porque la ciudad y tu entorno natural ofrecen infinitas posibilidades para practicar actividades físicas que van mucho más allá de los movimientos repetitivos de las máquinas de un gimnasio. Parques, plazas, playas, avenidas, escaleras, bancos, jardines ... sólo te hace falta agudizar la vista y ponerle un poco de imaginación para inventar ejercicios y descubrir espacios.
·         Porque sentirás la caricia del sol, respirarás aire puro o disfrutarás del frescor del amanecer o el atardecer.
·         Porque te revitaliza, te aporta energía y vigor.
·         Porque además de ser un placer y una excusa para divertirse, puede servirte para conocer a otros deportistas urbanos y ampliar tu círculo social, por ejemplo participando en las clases que se imparten en parques y jardines, coincidiendo con corredores o patinadores o apuntándote a un grupo de senderismo.
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Y ... ¿dónde puedo hacer deporte al aire libre?
Ø  En la ciudad: Aunque no lo creas, entre el asfalto y el hormigón tienes un lugar para las actividades físicas al aire libre. Sin duda, el deporte estrella es el footing y seguro que cada vez ves más personas, en compañía o a solas, corriendo por calles, avenidas y parques para mejorar su forma física. Además, no te hará falta ningún tipo de aprendizaje porque… ¿quién no sabe correr? En jardines y zonas no transitadas también puedes organizar tu propio circuito o tabla de ejercicios para practicar deportes como patinar o ir en bicicleta, así como actividades como el Tai-Chi. Y si encuentras más personas con la misma inquietud se pueden organizar juegos como carreras o un partido de baloncesto sobre ruedas.
Ø  En el agua: El simple hecho de caminar hundiendo los pies en la arena ya supone un ejercicio suave, y sumamente agradable, pero la playa te ofrece otras muchas posibilidades deportivas como jugar a palas, bádminton o volei-playa. Tanto el mar como ríos, embalses o lagos te permiten otras modalidades deportivas como volei acuático, hockey submarino o baloncesto acuático así como submarinismo, paseos en mini-kayac o remo para ejercitar brazos y piernas.
Ø  En la naturaleza: Caminar por la montaña goza de múltiples adeptos. Puedes unirte a ellos dando paseos en solitario, con amigos o inscribiéndote en uno de los muchos grupos de senderistas que existen en todas las poblaciones.  Y si en vez de caminar lo tuyo es ir sobre ruedas también existen rutas fijadas para bicicletas de montaña. El golf y la equitación son deportes no tan accesibles económicamente, pero si tus posibilidades te lo permiten son ideales para mantener una buena forma física en un marco agradable y tranquilo.

Tal vez no vivas cerca de la montaña o la playa y te sea imposible practicar habitualmente deportes en campo abierto o en el agua. Si no tienes estas facilidades puedes aprovechar los fines de semana para acercarte a la naturaleza a practicar deporte y disfrutar de la experiencia de descubrir el entorno natural.

Ø  En el aire: Y si eres una fémina atrevida siempre puedes practicar deportes de altos vuelos como el paracaidismo o el ala delta.



dilluns, 4 de gener de 2016

Notas de lecturas sobre la ascensión al Everest

2015 se ha cerrado como el año en que no ha habido ninguna consecución de cima en elEverest en 40 años. Desde 1974 al menos una persona cada año había sido capaz de subir al pico más alto del mundo. No me resulta mala idea que la cima del mundo disfrute de un poco de tranquilidad y soledad después de tanta compañía en los últimos años, aunque las causas sean tan tristes como el terremoto de Nepal que hubo en primavera y que causó tantas muertes y arrasó el campamento base.

Eran muchos los expertos en alpinismo que no dejaban de quejarse que el Everest se estuviera convirtiendo en “unas ramblas” con tantas ascensiones al año. El 10 de mayo de 1996 cerca de 40 personas intentaban subir a la montaña más alta del mundo. Aquel día murieron 8 personas, y unos días más tarde 7 personas más. En total, aquella primavera fallecieron 15 personas en el Everest, la temporadamás trágica de la historia.

Justamente sobre aquella desgraciada ascensión de 40 personas trata la película “Everest” que estrenaron en el 2015, el año sin cimas. Desde hace tiempo, siento interés por las temáticas de montaña. Así, me gusta ver cine documental o de ficción sobre alpinismo.  Me gusta la montaña como aficionada, pero mi experiencia se limita a trekking por España, Austria, o Escandinavia. Nunca a escalar. Nunca con riesgo. Tal vez por eso, por lo que sé que nunca me atreveré a hacer por miedosa y porque no tengo la condición física necesaria, me gusta el género de montaña.

Después de la película, he tenido ocasión de leer dos de los libros más importantes que  narran esa trágica aventura: “Into Thin Air” traducido como “Mal de altura “de Jon Krakauer y “Everest 1996” de Anatoli Boukreev.

Krakauer y Boukreev

Lo que me queda aún más claro, por si alguna vez lo hubiera dudado que no es el caso, es que subir al Everest es una experiencia que no está al alcance del común de los mortales. Al contrario, es una prueba sobrehumana que precisa de unas condiciones físicas extraordinarias, y también de que la providencia ese día esté de tu lado.

En los dos libros puedes comprobar que la montaña no tiene contemplaciones con nadie, y que ni siquiera los más experimentados o curtidos están a salvo de sus embestidas mortales. Los problemas de altitud, los edemas cerebrales o pulmonares afectan a cualquier persona a esas alturas. Incluso los alpinistas más experimentados son víctimas de sus consecuencias en esta fatídica expedición.

La lectura de los dos libros me ha resultado apasionante y emocionante. Eso sí, si tuviera que quedarme sólo con uno elegiría sin duda el que se basa en las notas y conversaciones de Anatoli Boukreev . Ciertamente, el de Krakauer está muy bien escrito, la narración te atrapa, la descripción de los participantes. Se nota que estamos leyendo la obra de un periodista y novelista. Sin embargo, Krakauer es un experimentado montañista pero no es un experto en alpinismo como Boukreev . En ese sentido, el libro de Boukreev resulta mucho más interesante por los detalles y las explicaciones técnicas que te hacen entender la complejidad y dificultad de escalar el gran gigante. Así, aprendemos sobre la aclimatación a la altitud, el tipo de calzado, el uso del oxígeno, la instalación de cuerdas, las diferentes etapas y pasos, la preparación física y mental, la equipación que precisan los escaladores para semenajante prueba.

Boukreev se considera a sí mismo deportista y no acaba de entender cómo algunas personas se planteen la posibilidad de arriesgar su vida por llegar a la cima.

Tanto en el libro de Krakauer como en el de Boukreev se cuestionan muchos aspectos de la organización de las expediciones, especialmente algunas decisiones que pudieron se decisivas. En el caso de Boukreev , se vislumbra cierta crítica a las expediciones comerciales, a cómo los directores acaban estando al servicio de los clientes, de sus caprichos, de sus comodidades, de su satisfacción, sin priorizar otros aspectos como la seguridad o la honestidad sobre si tienen o no posibilidades de llegar a la cima. Parece que el hecho de pagar 60.000 dólares para participar en una expedición al Everest debe garantizar llegar a la cima a cualquier precio. Y como decía, se trata de una gesta que no siempre es posible. Que no está al alcance de la mayoría de la población. En los dos libros se insinúa que tal vez el empeño de los dos directores de expedición por asegurar que sus clientes lograran el objetivo para el que habían pagado pudo llevarles a cometer errores que en una expedición no comercial no se habrían cometido.

El libro de Jon Krakauer generó una gran polémica puesto que casi acusa a Boukreev de haber sido uno de los causantes de la tragedia al decidir, de común acuerdo con su jefe, avanzarse y bajar al campo para descansar y poder volver a subir con más bombonas de oxígeno puesto que los clientes se estaban quedando sin él. Parece ser que la polémica fue finalmente zanjada y Boukreev recuperó su honor e incluso recibir condecoraciones por su valiente rescate de tres de los montañistas extraviados. Sin embargo, Boukreev no pudo disfrutar de esos reconocimientos demasiado tiempo puesto que murió unos meses más tarde en una avalancha en la montaña.

La milagrosa salvación de la fuerza de voluntad

Uno de los episodios mas asombrosos que apenas recogen los dos libros y se apunta en el film es la milagrosa autosalvación de Beck Weathers. Y digo autosalvación orque se rescató a sí mismo  ya que fue dado por muerto y abandonado en la montaña por los demás escaladores e incluso los que subieron a rescatar supervivientes.

Weathers que formaba parte de la expedición  de Rob Hall donde participaba Jon Krakauer no pudo ni siquiera intentar alcanzar la cima porque a mitad de camino se quedó ciego. La altitud rebentó las heridas de la operación de miopía que se había realizado el año anterior, justamente para poder intentar culminar el Everest. El director de la expedición, Rob Hall, le pidió que permaneciera donde estaba hasta que él bajara de la cima. Sin embargo, Hall nunca bajó. Obedientemente, Weathers le esperó quieto y parado a temperaturas extremas durante ocho horas. Ciego, pero escuchando pasar a su lado a otros escaladores que ya regresaban de la cima, pero sin moverse porque ninguno era Hall. Hasta que le alcanzó la tormenta que aisló al resto de alpinistas y tuvo que bajar la montaña a tientas, ayudado por miembros de otras expediciones. No puedo imaginarme lo que debe ser descender con crampones y cuerdas a esa altitud donde el oxígeno no permite la concentración y con esas temperaturas y sin visión. Ya sólo ese descenso me parece un milagro. Al final, los alpinistas quedaron perdidos en medio de la tormenta y de la montaña y Weathers quedó sepultado por la nieve.

Weathers recuerda cómo oía voces de los otros montañistas que buscaban sobrevivientes y todos lo daban por muerto, y él no podía hablar ni moverse para demostrar lo contrario. Permaneció durante más de 36 horas en estado catatónico y en coma hipodérmico, enterrado en la nieve. Y consiguió despertar, ponerse en pie, moverse y llegar hasta el campamento donde lo vieron aparecer como si de un fantasma se tratase.

Salvó su vida en condiciones extremas usando su fuerza de voluntad para sobrevivir. Un milagro que la medicina no acierta a explicar. Quizás por eso una de las explicaciones más interesantes sobre este episodio es la conferencia en TedTalk que ofreció Ken Kamler, el único médico en la montaña que había, y que formaba parte de una expedición que pensaba atacar la cima unos días después.

Kamler atendió a los escaladores en aquellas horas determinantes y también al mismo Weathers. El médico explica de manera muy ilustrativa cómo el cerebro de Weathers se congeló en la hipotermia quedando en coma. En los gráficos se observa la total ausencia de actividad cerebral en esa fase de coma, de hipotermia. La conferencia del doctor muestra como la última zona del cerebro de Weathers que se congeló fue la central donde se conservan los recuerdos. Y fueron precisamente los emotivos recuerdos de su mujer y sus hijos lo que generó la energía suficiente para trasladarla a otras partes del cerebro como la de las que permiten el movimiento y el pensamiento para buscar la manera de salir de aquel infierno.


Y una vez más en una expedición llena de hazañas y de episodios sin precedentes, Weahters pudo sobrevivir porque fue rescatado por un helicóptero que subió a una altitud tan elevada como jamás antes había ascendido un helicóptero. 

dissabte, 2 de gener de 2016

Comida y religión, platos con sabor a tradición

¿Las personas cristianas comen productos que están prohibidos para las judías? ¿Prepararías la misma cena si tuvieras invitados hindúes que si los tuvieras musulmanes? Las creencias religiosas de cada cultura marcan las pautas alimentarias, las maneras de cocinar, el calendario festivo, las recetas e incluso los productos que comemos o dónde los compramos.

Artículo publicado en 2010 en Feminas.com


Es posible que a simple vista te parezca que no puede haber nada más opuesto a la espiritualidad de la fe religiosa que los terrenales placeres del paladar. Sin embargo, cocina y religión a menudo caminan de la mano, en incluso se apoyan la una en la otra. Y precisamente en un momento con tanta diversidad cultural puede resultarte fascinante acercarte a los aromas y sabores de tus vecinos e incluso incorporar algunos de sus platos y hábitos a tu dieta.

Cristianismo
El cristianismo es de las pocas religiones que permite comer de todo, incluso la sangre (presente en alimentos como la morcilla), prohibida en casi todas las otras, aunque censura la gula y restringe el consumo de carne durante la Cuaresma. Algunos platos relacionados con la religión cristiana son las torrijas de Semana Santa, los canelones en San Esteban, el pavo de Acción de Gracias, el pudding inglés de Navidad, el panettone italiano, el roscón de Reyes y la mona de Pascua.

Islamismo
El Corán establece unas leyes culinarias respecto a alimentos, hábitos y rituales. Así, por ejemplo, los musulmanes no acostumbran a comer carne de cerdo ni bebidas alcohólicas, así como animales depredadores, de compañía o alimentos que contengan alguna sustancia que no sea digerible por el cuerpo como gelatinas, enzimas, emulgentes, conservantes y colorantes. Algunos alimentos sagrados para el Islam son los dátiles y el cordero.

La forma como son sacrificados los animales para el consumo también es muy importante: su muerte no debe ser violenta, a diferencia de lo que ocurre en algunas tradiciones cristianas como la matanza del cerdo.

El Ramadán es la fiesta religiosa más importante del mundo islámico que consiste, entre otros aspectos, en el ayuno mientras haya luz del día. Existen además algunos rituales obligados a la hora de comer como lavarse las manos justo antes para purificar cuerpo y espíritu.

Judaísmo
Es una de las religiones que más importancia da a la alimentación como camino a la espiritualidad. De hecho, el judaísmo contempla unas leyes (Kashrut) muy estrictas  enunciadas en los textos sagrados para mantener limpios (kosher) los alimentos, que se dividen entre puros e impuros.

ØImpuros serían por ejemplo el cerdo, el caballo, el camello, el conejo, la liebre y las aves carroñeras. En general, aquellos animales que se alimentan de carne o desperdicios.
ØPuros se consideran el cordero, la vaca, la cabra y las aves de corral.
ØEn cuanto a los pescados, solamente son puros aquellos que tienen aletas y escamas, dejando fuera de esta clasificación al rape, el lenguado y el marisco.

Al igual que ocurre en la religión islámica, el judaísmo trata los alimentos de una manera determinada: existe un proceso exacto para sacrificar a los animales con un cuchillo especial, se han de desangrar completamente y hay que lavar la carne con abundante agua antes de cocinarla. Además, carne y leche nunca deben cocerse juntas, y se sirven en diferentes vajillas. 

Hinduismo
Existen también muchas reglas que marcan los hábitos alimentarios de los hindúes. Por ejemplo, consideran que existen tres tipos de alimentos:
Ø  Los puros (sattvic), que aumentan la longevidad, fuerza y salud, y serían aquellos jugosos y aceitosos.
Ø  Los calientes (rajasic), que producen dolor e infelicidad, y que corresponderían a los amargos, ácidos, calientes y picantes.
Ø  Los que producen intoxicación (tamasic), que tienen mal olor y son indigestos.

Las comidas también son puras e impuras, y hay alimentos prohibidos y permitidos. Pero en este caso, depende de la casta, sexo o edad de la persona que las come o las toca. Por ejemplo, los brahams no pueden comer cebollas, ajos, puerros y setas. Y como seguramente sabes, las vacas son sagradas y no se pueden matar.

Un plato único con ingredientes de diferentes religiones
Afortunadamente, pese a que esta diversidad culinaria permite que podamos disfrutar de una gran riqueza gastronómica, sigue siendo mucho más lo que nos une que lo que nos diferencia. Débora Chomski, miembro del Observatorio de la Alimentación de la Universidad de Barcelona, asegura que la mayoría de las religiones incluyen en sus dietas frutas, verduras, legumbres y cereales.

Para saber más

Chomski, Débora. La cocina sagrada. Barcelona: Alba Editorial, 2009.