dijous, 15 d’octubre de 2009

¿un blog sense autonomia?

M’ha encantat una de les columnes que l’Enric González ha escrit aquesta setmana a El País (columna que segueixo habitualment) on reflexionava sobre l’oferta laboral que ha publicat el diari The Guardian per contractar bloggers que escriguin per al seu diari. Per a mi, el millor de la columna són els dos darrers paràgrafs que us copio per animar-vos a llegir tot l’article.

“¿Es éste el futuro del periodismo? Antes, los periódicos contrataban periodistas (con formación o sin ella) para cubrir las noticias locales. The Guardian, que ha despedido a unos cuantos de sus periodistas locales, opta ahora por blogueros. Aún se desconoce si un bloguero cobrará más, menos o lo mismo que un periodista convencional con sus mismas funciones. Si la diferencia no está en el salario, ¿dónde está la diferencia?
Un blog funciona, se supone, de forma autónoma, sin otra garantía que la de su autor o autores y sin otro límite que el que quiera autoimponerse. Ahora bien, si goza del "apoyo y dirección" de un periódico, ¿dónde está la gracia? Todos sabemos lo que significa, en cualquier empresa, el "apoyo" y la "dirección" de un jefe. Y sabemos que suele tener la misma ternura que el abrazo de un oso.”

Las buenas intenciones


Siempre me acuerdo de la película Minority Report protagonizada por Tom Cruise donde una especie de policía y sistema judicial del futuro detiene a los delincuentes antes de cometer el crimen gracias a un sofisticado método de predicción del futuro. El film plantea el dilema moral de si se puede castigar a alguien por algo que aún no ha hecho, por muy seguros que estemos que así lo va a realizar. Desgraciadamente, estas situaciones no se adscriben sólo al terreno de la ciencia ficción. Siguiendo esta línea de pensamiento/actuación se invadió Iraq por la certeza o sospecha de una guerra que nunca llegó a iniciar.
De la misma manera cabe cuestionarnos si es justo premiar a alguien por las cosas buenas que ha prometido realizar pero que aún no ha materializado. Y perdón por la demagogia, pero si se trata de un político que cuenta con las promesas como herramienta de trabajo. Entonces ¿cómo premiar con el Nobel de la Paz a alguien que dice que hará cosas buenas pero aún no las ha realizado? ¿Qué está consiguiendo en Irán, en Israel, en Corea? Y acaba de pedirle más tropas a España para Afganistán. ¿Y si no cumple sus promesas? ¿Y si dentro de 4 años resulta que todo era humo, que se ha convertido en un presidente pasivo o que no ha sabido o no ha podido materializar todas sus buenas intenciones? ¿Le pedimos que devuelva el Nobel? Y tampoco hemos contemplado la posibilidad, como mortal, de que se muera antes de poner la maquinaria en marcha. De todas formas, des de que le dieron el Nobel de la Paz a Kissinger tampoco es que sea un premio muy prestigioso.

Es inevitable que los premios siempre susciten discrepancias. El Planeta, los Juegos Olímpicos, Operación Triunfo. La elección de un ganador comporta automáticamente un perdedor que no siempre se resigna a su condición, así como sus seguidores. Además, a todos nos gusta opinar y criticar. Desgraciadamente, no puedo opinar ni criticar sobre las categorías científicas de los Premios Nobel. Ya me gustaría saber de medicina, matemáticas y física. Sobre la categoría de Literatura, puedo opinar sobre si me gusta o me disgusta un autor/a pero no cuestiono que el jurado ha valorado los méritos de las obras escritas (y no sólo imaginadas o proyectadas) de los escritores premiados (aunque me pregunto ¿por qué sólo literatura i reformular una nueva categoría que incluya arte, cine, música, artes escénicas..? imagino que porque así lo dispuso el Sr. Nobel). A nadie se le ocurriría premiar a un escritor por un libro que ha dicho que escribirá sin saber si lo hará y si estará a la altura de las expectativas. O a un científico que asegura que se va poner a trabajar para encontrar una vacuna infalible contra una terrible enfermedad. Se valora el trabajo realizado. Se premian los resultados. No las buenas intenciones, si acaso estás se alientan y se refuerzan. Tal vez se trate de eso, de dar aliento a Obama, ¿el Nobel es un fuelle para la hoguera antes de que el fuego se apague?
PD. un minuto después de colgar este texto en el bloc leo esta notícia: La mayoría del Comité Nobel Noruego se oponía en principio a premiar a Obama

dilluns, 5 d’octubre de 2009

Inundaciones noticiables



La semana pasada comiendo con el responsable de comunicación de una importante ONG de ámbito internacional nos preguntábamos por qué cada vez cuesta tanto poner un tema en la agenda de los medios. Me explicó un caso ejemplar. Hace unos días enviaron un cargamento de material humanitario para la zona del África Occidental donde en las últimas semanas está habiendo unas inundaciones catastróficas que están afectando a 7 países y ya contabilizan medio millón de damnificados. “En Senegal?” le pregunté: “No me he enterado de nada”. Y él me aclaró “es que no ha salido en ningún medio de comunicación”.
En mi perplejidad le comenté que sí que había podido ver las inundaciones de Turquía y que habían llamando especialmente la atención las de Estambul. Tal vez yo me había fijado más porque es la ciudad es la niña de mis ojos, pero es que ciertamente habían ocupado un espacio destacado en prensa escrita y televisiva. De hecho, si buscáis en Google “inundaciones Senegal” apenas salen páginas de ONG, pero no de medios de comunicación. Reconozco que desde que me explicó esta situación, he estado más atenta y he escuchado las campañas de llamamiento por la radio. Campañas de las ONG nuevamente, no noticias.
Pasamos un rato intentando buscar las razones a ese diferente tratamiento informativo de las inundaciones de Turquía y las de Senegal, siendo estas últimas mucho más dramáticas. Y no encontramos respuesta. Ni siquiera podía deberse a que no había imágenes de las inundaciones africanas, puesto que esta ONG contaba con las imágenes de una agencia de noticias española que mandó las imágenes a las redacciones. Pero nada. Silencio absoluto. Estas inundaciones no han existido. Después de indignarnos contra los criterios periodísticos, mi colega se detuvo un momento y concluyó: “tal vez deberíamos preguntarnos qué es lo que nosotros estamos haciendo mal”.