Extremadura nunca había estado en mi lista de destinos, para qué vamos a engañarnos. Víctima de los prejuicios que rodean a esta región y sobre todo a mi ignorancia, me imaginaba una tierra reseca y baldía. Nada más lejos de la verdad.
Menos mal que me he dejado influir por la insistencia de mi
pareja de viajar a Extremadura. Al final, hice un acto de fe, y con un poco de resignación
cedí a destinar las vacaciones de semana santa a visitar Extremadura.
Y nuevamente (y afortunadamente) tengo que tragarme mis
palabras. El viaje ha sido un maravilloso descubrimiento. ¿Quién hablo de una
tierra seca? Una explosión de verde intenso, agua a raudales, cascadas, ríos,
árboles, una maravillosa naturaleza. Y además un rico patrimonio cultura e
histórico, con ciudades Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Romanos,
árabes, visigodos, leones, castellanos, han dejado sus huellas en poblaciones encantadoras.
Le sumamos una gastronomía exultante. Carnes, embutidos (jamón, chorizos,
morcillas de diferentes tipologías, tocino, salchichón, quesos), ensaladas de pimientos,
dulces con almendras y miel (ahí disfruté menos, claro, poca cosa podía
probar). Pero en general un festival.
Eso sí, no es la región más preparada para un viaje en furgoneta.
Hay poca oferta de cámpings, tampoco muchas áreas de caravanas preparadas con servicios (algunas sí, de cadenas
de pago que se gestionan con una app, que no probamos pero que tenían muchas
quejas). Pero lo bueno de viajar en furgoneta es adaptarte al camino, así que
no hemos tenido muchos problemas, sólo tener que dedicarle más tiempo a buscar
sitio.
El recorrido del viaje ha sido: Guadalupe, Trujillo, Mérida,
Olivenza, Cáceres. Y luego desde Plasencia visitas al Parque Nacional de Monfragüe,
Valle de la Vera y Monasterio de Yuste, Valle del Jerte, Hervás, y la misma Plasencia.
Total gastos del viaje: 912 en total (460 euros por persona, incluyendo
gasolina, entradas, excursiones, alojamientos, comidas, desayunos, cenas, compras
en el supermercado, etc.). Y hay que tener en cuenta el altísimo precio del gasoil que hemos pagado debido a la guerra en Oriente Medio.
Un viaje en coche de 9 horas no es poca cosa, así que
decidimos dividirlo en dos trayectos. Sin embargo, al final salimos de
Barcelona antes de lo previsto y el camino fue tranquilo y reposado sin mucho
tráfico, y avanzamos hasta pasar Madrid.
Dormimos en una población de Madrid llamada Arroyomolinos,
de la que jamás había oído hablar. Buscamos un bar o un restaurante para cenar
pero estaba todo cerrado, es una población residencial de casas y chalets
adosados, sin apenas servicios. Al final tomamos algo en el bar del
polideportivo al lado del aparcamiento. Se antojaba una noche tranquila, hasta
que descubrimos que el amplio aparcamiento de la zona ferial donde estábamos
pernoctando era también zona de botellón. Así que música alta, gritos, y voces
hasta altas hora de la madrugada. Tampoco tuve sensación de inseguridad, pero
sí recorrí a los tapones para poder pasar la noche. Por la mañana el bar del
polideportivo, que me dijo que abría a
las 8, no lo hizo, así que desayunamos en la churrería ambulante de la esquina mientras
montaban las paradas del mercado dominical.
Gastos del día: 86 euros (2 personas).
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