dilluns, 6 d’abril del 2026

Semana santa recorriendo Extremadura en furgoneta

Extremadura nunca había estado en mi lista de destinos, para qué vamos a engañarnos. Víctima de los prejuicios que rodean a esta región y sobre todo a mi ignorancia, me imaginaba una tierra reseca y baldía. Nada más lejos de la verdad.

Menos mal que me he dejado influir por la insistencia de mi pareja de viajar a Extremadura. Al final, hice un acto de fe, y con un poco de resignación cedí a destinar las vacaciones de semana santa a visitar Extremadura.

Y nuevamente (y afortunadamente) tengo que tragarme mis palabras. El viaje ha sido un maravilloso descubrimiento. ¿Quién hablo de una tierra seca? Una explosión de verde intenso, agua a raudales, cascadas, ríos, árboles, una maravillosa naturaleza. Y además un rico patrimonio cultura e histórico, con ciudades Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Romanos, árabes, visigodos, leones, castellanos, han dejado sus huellas en poblaciones encantadoras. Le sumamos una gastronomía exultante. Carnes, embutidos (jamón, chorizos, morcillas de diferentes tipologías, tocino, salchichón, quesos), ensaladas de pimientos, dulces con almendras y miel (ahí disfruté menos, claro, poca cosa podía probar). Pero en general un festival.

Eso sí, no es la región más preparada para un viaje en furgoneta. Hay poca oferta de cámpings, tampoco muchas áreas de caravanas  preparadas con servicios (algunas sí, de cadenas de pago que se gestionan con una app, que no probamos pero que tenían muchas quejas). Pero lo bueno de viajar en furgoneta es adaptarte al camino, así que no hemos tenido muchos problemas, sólo tener que dedicarle más tiempo a buscar sitio.

El recorrido del viaje ha sido: Guadalupe, Trujillo, Mérida, Olivenza, Cáceres. Y luego desde Plasencia visitas al Parque Nacional de Monfragüe, Valle de la Vera y Monasterio de Yuste, Valle del Jerte, Hervás,  y la misma Plasencia.

Total gastos del viaje: 912 en total (460 euros por persona, incluyendo gasolina, entradas, excursiones, alojamientos, comidas, desayunos, cenas, compras en el supermercado, etc.). Y hay que tener en cuenta el altísimo precio del gasoil que hemos pagado debido a la guerra en Oriente Medio.

Un viaje en coche de 9 horas no es poca cosa, así que decidimos dividirlo en dos trayectos. Sin embargo, al final salimos de Barcelona antes de lo previsto y el camino fue tranquilo y reposado sin mucho tráfico, y avanzamos hasta pasar Madrid.

Dormimos en una población de Madrid llamada Arroyomolinos, de la que jamás había oído hablar. Buscamos un bar o un restaurante para cenar pero estaba todo cerrado, es una población residencial de casas y chalets adosados, sin apenas servicios. Al final tomamos algo en el bar del polideportivo al lado del aparcamiento. Se antojaba una noche tranquila, hasta que descubrimos que el amplio aparcamiento de la zona ferial donde estábamos pernoctando era también zona de botellón. Así que música alta, gritos, y voces hasta altas hora de la madrugada. Tampoco tuve sensación de inseguridad, pero sí recorrí a los tapones para poder pasar la noche. Por la mañana el bar del polideportivo, que me dijo que abría  a las 8, no lo hizo, así que desayunamos en la churrería ambulante de la esquina mientras montaban las paradas del mercado dominical.

Gastos del día: 86 euros (2 personas).

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