dijous, 26 d’agost de 2010

Un cuento de Cortázar convertido en realidad

Confieso mi preferencia por el cuento antes que por la novela. Aunque no se trata de una guerra ni de comparar los dos géneros, pero me admira mucho más la capacidad de un escritor o escritora para condensar su maestría en pocas líneas. No hay lugar para la paja, para las digresiones, para lo superfluo. El novelista tiene cientos de página para disimular sus carencias entre los pliegues de sus aciertos. Hay novelas que son obras maestras, pero los cuentos que lo son me cautivan aún más. Porque son obras maestras en cada palabra, cada pausa, cada signo de puntuación. La fotografía es a una película como el cuento a la novela. Y uno de los cuentistas más universales y geniales, y uno de mis escritores preferidos es Julio Cortázar, que precisamente aseguraba: “el tiempo y el espacio del cuento siempre han de estar sometidos a una alta presión espiritual y formal”.
Y es suyo uno de los cuentos que más huella me han dejado. De hecho, si alguien me pidiera que dijera al azar 5 cuentos que recuerde, este ocuparía las primeras posiciones. Es “La autopista del Sur”, escrito en 1964 e incluido en el libro “Todos los fuegos, el fuego” (1964). Cuando lo leí me pareció una historia genial, sentí ese envidia terrible cuando leo algo que me hubiera encantado escribir a mí, por las relaciones que se crean en una situación tan cotidiana como un atasco monumental, pero llevado a la exageración inverosímil. Tan inverosímil que hasta ayer se me antojaba ciencia-ficción. Uno de esos argumentos propios del realismo mágico.
Cortázar relata con su asombrosa sencillez las relaciones que se forman al convivir en un atasco a las afueras de París que dura semanas, meses. Surge la necesidad de compañía, de solidaridad, de compartir, de ayudar a los que lo necesitan, el egoísmo también, la intolerancia, la organización de roles y tareas, y surgen también la amistad e incluso el amor y la pasión, y los celos. Son náufragos en un mar de asfalto donde los coches son como apartamentos en un edificio aislado en medio de una isla desierta. Para los que prefieran el cine a las letras, Godard se inspiró en el cuento para rodar la película “weekend”. Fragmento de la película.
Y digo hasta ayer cuando leí la noticia que miles de ciudadanos chinos estaban atrapados desde hacía 11 días en un atasco que podría durar meses.

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