diumenge, 25 de març de 2012

Literatura y correspondencia con Amelie Nothomb

El jueves pasado me enteré de una manera fortuita que la escritora belga Amélie Nothomb presentaría su ultimo libro en Barcelona esa misma tarde. De hecho, tres horas después. Aunque repentino, no quise perderme esa oportunidad de conocer a una de las autoras en lengua francesa más modernas, divertidas e importantes en la actualidad. Ni yo, ni mucha otra gente. Puesto que media hora antes de la conferencia la cola de personas recorría la pequeña y tranquila calle donde está ubicado el Instituto Francés de Barcelona. Y pese a que el auditorio estaba lleno con unas 200 personas, medio millar se quedaron en la calle sin poder asistir al evento.

Nothomb presentaba la edición al castellano en Anagrama de una novela que ya se había publicado hace meses en francés y que ha cosechado gran éxito. Une Forme de vie (Una forma de vida) es una novela que explica la experiencia de un soldado estadounidense enviado a Irak que engorda más de 60 kilos para manifestar su horror ante lo que está viviendo y también para revelarse contra la guerra.

Y lo hace en forma de cartas entre la propia escritora, que vuelve a aparecer como un personaje más de la novela, y el soldado americano Melvin Mapple. Nothomb que no escribe a ordenador y se confiesa una enemiga de la tecnología, más por torpeza al usarla que por posición ideológica, explicó que se le ocurrió la idea porque responde todas las cartas que recibe.

De hecho, la relación entre literatura y correspondencia centró gran parte de la charla con la autora belga. Nothomb pensaba que la correspondencia existía antes que la literatura y que aunque tienen puntos en común, no es para nada lo mismo. “La literatura se escribe para que te lea mucha gente, pero en la correspondencía es un texto dirigido a un solo lector, a una única persona”. Evidentemente, esto cambia mucho el contenido del texto.

Sin embargo, sí que reconoció la importancia que la correspondencia ha tenido en su vida: “Creo que me hice escritora por escribir cartas, porque mi padre me obligaba cada semana a escribir una carta a mi abuelo”. Y claro, Nothomb recordaba con su ironía particular que después de 15 años de escribirle tu vida cotidiana cada semana a un desconocido al final te acabas inventando las cartas porque ya no se ocurre nada más que contar. O no te apetece contarle tu vida personal a un desconocido.

Nothomb tenía esta obligación con su abuelo seguramente para no perder los vínculos con su familia en Bélgica, puesto que su padre era embajador y tenían que vivir en diferentes partes del mundo. Una persona del público le preguntó si era escritora por ser hija de diplomático. La autora contestó que seguramente sí que había influido en ser escritora la profesión de su padre y básicamente el hecho de pasarle la infancia y la juventud viviendo en otros países. Pero que no era una ecuación exacta, puesto que su hermana no se dedicaba a la literatura y había vivido experiencias similares.

Precisamente y sin duda la profesión de su padre sí que ha marcado su vida y gran parte de su obra literaria, puesto que fue el trabajo de diplomático de su padre lo que provocó que Nothomb naciera en Japón y viviera allí hasta los 5 años. Un país con una gran presencia en su obra y en su vida, como ella misma reconoce. “Me marché de Japón con 5 años y me pasé toda la infancia y la adolescencia deseando regresar, porque yo me sentía japonesa. De hecho, podéis imaginar la reacción de la gente cuando yo con 7, 8, 9 años le explicaba a la gente que yo en realidad era japonesa y que volvía algún día a mi país”. Y volvió, pero ya de adulta y con una gran ilusión y grandes expectativas laborales y personales que se vieron drásticamente frustradas. Fruto de aquellas experiencias de desencuentro y choque con una cultura tan distinta a la suya, pero a la que ella sentía que pertenecía, son algunos de sus libros más famosos como “Ni d'Ève, ni d'Adam” y “Stupeur et tremblements”.

Si en el primero explica la compleja relación sentimental con un joven japonés donde las diferencias culturales hacen estragos, en la segunda narra su surrealista experiencia laboral en una empresa japonesa a donde llega para desempeñar un puesto importante y cuyo funcionamiento tan obtuso y complejo la acaba llevando a ocupar el puesto de limpiar el baño de hombres. Una experiencia laboral de frustración, humillación, incomprensión, rabia.. Nothomb la explica con una ironía y un sentido del humor tremendos, arráncote la risa ante las situaciones más terribles. El público quiso saber cómo fue capaz de soportar una experiencia tan terrible durante un año entero. A lo que ella respondió que el problema no es que ella aguantara un año, es que hay millones de personas que durante más de 40 años viven esa experiencia que ella vivió en Japón.

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