dissabte, 17 de març de 2012

Barcelona bajo las bombas

Hoy hace años, concretamente del 16 al 18 de marzo de 1938, Barcelona fue víctima del mayor bombardeo conocido hasta entonces. Si las bombas causaron 2.428 víctimas mortales en Barcelona en toda la Guerra Civil, y 979 murieron en aquellos tres días. Fueron bombardeos constantes e interrumpidos que destrozaron a la población y la moral en la retaguardia.





Se trata de un terrible episodio de nuestra historia que siempre me ha interesado. Hasta el punto que la vida cotidiana bajo las bombas fue el tema de mi trabajo de final de carrera en forma de reportaje novelado de 90 páginas en la reveladora asignatura de Literatura y Periodismo del profesor Albert Chillón. Meses de documentación e investigación y más tarde redacción, novelando con personajes, diálogos e historias unos sucesos históricos aún recientes reforzaron aún más mi sensibilidad por el tema.

Un interés que volvió a revivir la semana pasada después de una apasionante ruta guiada por la Barcelona de la Guerra Civil. Mientras el guía leía con voz grave y solemne el mensaje de aviso que alertaba a la población de Barcelona que se acercaban bombardeos, y teniendo en cuenta que no existían radares para detectar los aviones sino el ojo humano por lo que la gente tenía entre uno y tres minutos para buscar refugio antes de que las bombas cayeran sobre sus cabezas, imaginaba la angustiosa sensación de escuchar la alarma y esas palabras y tener el tiempo justo de levantarse, recoger a la familiar y salir a la calle a refugiarse. Con la muerte pisándonos los talones. Bajando las mismas escaleras de la parada de FGC de Catalunya (Balmes con Pelayo) con calma y pausadamente, imaginando los pasos atropellados, los empujones, la precipitación de nuestros conciudadanos setenta años antes. En estas mismas fechas. En estas mismas calles. En esta misma ciudad.

e recreación del momento escuchando las mismas palabras y pisando los escenarios reales de lo que para mí sólo es, afortunadamente, documentación, me daba escalofríos. Imagino que nada tiene que ver la impresión de ver fotografías de un campo de concentración con visitar los muros y los barracones de uno real. Es la misma sensación que he tenido las dos veces que he visitado el refugio antiaéreo del Poble Sec, cuando nos explicaron la vida cotidiana bajo aquellos túneles, la responsabilidad de los que tenían la llave del refugio. En esta ocasión, el guía nos hizo pensar también en la sensación de pasarte tres días escondido en los túneles del metro como aquel marzo del 38 y al salir a la calle no saber qué vas a encontrarte. Qué será de tu barrio? De tu casa? De los vecinos? De los seres queridos que viven lejos? De la pareja, de los padres, de los hijos que el bombardeo pilló en aquel momento en otro lugar de Barcelona. Imaginemos la angustia de pasar horas encerrados y a oscuras sin saber si los demás habrán encontrado refugio, si habrán sobrevivido.


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