dijous, 2 de setembre de 2010

La columna de televisión de El País

A simple vista puede parecer un poco frívolo, pero desde hace años lo primero que leo cuando el diario El País es la columna de Televisión. Es mi preferida. Lo de ser la columna de crítica de Televisión se me antoja casi una tapadera. Bajo el epígrafe superficial de la crítica televisiva se se escribe desde hace años lo que a mí me parece el análisis y la opinión más brillante, lúdida, interesante, y díscola, de todo el diario (y como me parece uno de los mejores diarios del país, posiblemente de todo el País). Vamos que de televisión se habla poco. Muy poco. Se nota que los columnistas juegan a utilizar cualquier motivo televisivo, metido a menudo con calzador, para lanzar su crítica corrosiva. Son artista en lo que se podría denominar "irse por los cerros de Úbeda". La televisión es sólo una excusa. A veces, me pregunto, "¿Se dará cuenta la dirección del periódico que el periodista les boicotea la columna?" "¿es una broma del diario?" o tal vez "¿Colocan en la puerta de atrás, en la columna que aparentemente sería la menos leída, las opiniones más comprometidas?". Me da la sensación que es como nos han explicado que durante la Dictadura la única manera que tenían los diarios de explicar lo que pasaba era la sección de "Cartas al director". Desde que descubrí eso, también es una de mis secciones preferidas. El pulso de la realidad, que dirían en estilo rimbombante.

Además, parece que todos los articulistas que se encargan de la columna siguen el mismo patrón rebelde, crítico y brillante. Me encantaba cuando la columna la escribía Haro-Teclén que lo hizo durante tantos años hasta que murió. Pensaba que nada sería igual sin su voz lúdida y coherente. Pero durante mucho tiempo he alucinado con la valentía de las columnas de Enric González, brillante sucesor, que incluso se comenta que lo mandaron de corresponsal a Jerusalen por alguna columna incómoda (que por cierto tiene un blog del que me acabo de hacer fan). Empecé a leer las columnas de su sustituto con cierto escepticismo. Pero David Trueba sigue la estela irónica, sencilla y mordaz que caracteriza la columna. Me encanta. Como muestra, la columna de hoy.

Cancún: De entre todos los viajes del verano, me quedo con el de Aznar a Melilla. Corto pero intenso. En mitad de un conflicto fronterizo, la presencia del ex presidente, a título personal, fue maravillosamente gráfica. Los ex presidentes reclaman actuar a título personal como las chicas guapas insisten en que no se les valore solo por el físico. Pero nosotros somos muy simples y la belleza nos ciega tanto como a un ex mandatario le ciega el pasado.
Si queréis seguir leyendo: http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/Cancun/elpepirtv/20100902elpepirtv_2/Tes

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