dimarts, 22 d’octubre de 2013

El levantamiento de Varsovia


 Aunque me interesa mucho la historia y especialmente la de la II Guerra Mundial, nada sabía del levantamiento de la ciudad de Varsovia contra la ocupación nazi. Teniendo en cuenta los ingredientes de aventura, pasión, lucha y derrota, me asombra que hay sido un episodio tan desconocido de la historia de esa contienda tan explicada, tan narrada, tan filmada. Supongo que se debe a que los protagonistas no fueron ni americanos, ni británicos ni franceses, sino que los héroes son polacos así que no debe haber resultado demasiado atractiva a escritores y guionistas. Aquí hay una gran novela o una gran película por hacer.

Además de por lo que tiene de descubrimiento de un hecho desconocido y por la evidente emoción de la historia, se ha añadido a mi atracción la casualidad de coincidir en la ciudad el Día de celebración del Levantamiento.


El 1 de agosto del año 1944, el pueblo de Varsovia se levantó en armas contra la ocupación nazi.

Cómo se rebela una ciudad que lleva cuatro años sometida? Cómo reunir las fuerzas para levantarse del suelo cuando llevas tanto tiempo pisoteada? De dónde sale la rabia, la energía, el coraje para desalmada, indefensa, herida y abatida plantarle cara a un enemigo que es uno de los ejércitos más crueles y poderosos del mundo? Y es que Varsovia sufrió los estragos de la guerra desde el primer día. Literalmente. Las bombas nazis empezaron a caer en Varsovia el 1 de septiembre de 1939. Y al cabo de una semana ya fue asediada. A pesar de la valerosa resistencia de su población, sólo pudo aguantar hasta final de mes el asedio del ejército. Vencida, derrotada, caída fue víctima del ensañamiento, la humillación y la opresión de sus ocupadores. Bombas, las purgas, detenciones, torturas, asesinatos masivos, asesinatos indiscriminados, campos de trabajo, campos de concentración, campos de exterminio, miedo, persecución, hambre, frió, escasez, miseria, enfermedades, el gueto, Varsovia no tuvo ni un solo día de tregua en el horror de lo que supone una guerra.

Y aún así, en agosto de 1944 dijo basta. De dónde sacó el coraje? Nos preguntábamos antes. De la dignidad, del espíritu de supervivencia, del alma que no se rinde. Y otro estímulo. El impulso de liberar ellos mismos su propia ciudad, y no debérselo a otro enemigo. Y es que cuando Varsovia se levantó había llegado hasta las puertas de la ciudad el ejército soviético que estaba haciendo recular a los alemanes. Durante los días y semanas de lucha por la liberación/ocupación de Varsovia, donde la población asediada resistía y luchaba con lo que podía, con las fuerzas que le quedaban, los soviéticos se lo miraron todo tranquilamente desde la otra orilla. Sin mover un solo dedo, dejando que los nazis fueran exterminando a los polacos. Dejando que sus enemigos se mataran mutuamente, para luego poder entrar tranquilamente en una ciudad arrasada. Tras la derrota de Varsovia y la aniquilación de la ciudad a manos de los nazis, llegó la liberación soviética. El 17 de enero el Ejército rojo cruzó El Vístula para liberar Varsovia. Liberación de qué? De los escombros que quedaban, del polvo, de los cadáveres? Qué liberaron los soviéticos? Un fantasma. Aún así, la liberación soviética volvió a ser sinónimo de ocupación y sometimiento, esta vez durante cuarenta años más. Pero esa es otra historia.


La insurrección empezó con la organización de un ejercito en el interior de Varsovia que reunía 23.000 personas, sólo una parte armada, evidentemente con las armas que habían conseguido en la clandestinidad. A ellos se les unió la resistencia que había estado luchando contra los nazis. Y la población civil voluntaria, hasta conseguir reunir unas 50.000 personas. Un ejército civil cuyo mando estaba en Londres en el exilio.
El levantamiento se convirtió en una lucha heroica que duró 63 días. Ese ejército desarmado, casi ni profesional, hecho de rabia, coraje y buena voluntad aguantó tres meses a la guarnición alemana formada por 150.000 hombres y equipada con aviación, carros blindados, artillería, etc. frente a los revólveres y cocteles molotov que tenían los polacos.

Una lucha suicida mantenida con valor que resistió hasta el 2 de octubre cuando se acabaron las armas, la munición y las personas con las que defender la ciudad. Después de la rendición, la población superviviente fue enviada a campos de concentración y de trabajo. La ciudad destrozada era solo un fantasma, pasto de los incendios y del pillaje. Cuentan que Hitler se enfureció tanto ante el atrevimiento de Varsovia de plantarle cara que él personalmente dirigió los bombardeos que tras las derrota dejaron la ciudad convertida en escombros. Literalmente, de nuevo.

Es escalofriante ver las fotografías de la ciudad completamente destruida, con ningún edificio en pie. Tal cual la vemos en la película El Pianista cuando sale de su encierro y se encuentran con un desierto de piedras y escombros. El 80% de los edificios de Varsovia fueron destruidos, y 800.000 personas perecieron, más de la mitad de la población. Si sirve de comparación para contextualizar las cifras. Varsovia perdió en tres meses 800.000 personas, mientra que el Ejército británico perdió 280.000 personas en toda la II Guerra Mundial.

Después de la guerra se llegó a plantear olvidarse de Varsovia y trasladar la capital a otro lugar. Total, allí ya no quedaba nada. Sin embargo, finalmente se decidió reconstruir, o construir nuevamente la ciudad, siguiendo el aspecto original de la ciudad. La reconstrucción es una auténtica obra de arte. Para volver a crear la ciudad tal y como era antes de la guerra, se inspiraron en cuadros, pinturas y fotografías que habían captado los diferentes rincones de la ciudad. También hubo que construir de cero una ciudad nueva para acoger a la población que regresaba de los campos de concentración: viviendas, servicios, calles, escuelas, hospitales, tiendas. Desgraciadamente para la ciudad, como de toda esta parte se encargaron los soviéticos que eran quienes habían ocupado la ciudad construyeron bloques de cemento impersonales y prefabricados, el aspecto que ahora e da su mala fama de ciudad gris y triste.

Coincidir en la ciudad el 1 de agosto es una fecha muy emocionante. Es festivo local en Varsovia, así que todo el mundo está en la calle celebrando el aniversario. En cada iglesia, en cada rincón, en cada fachada hay flores y banderas recordando los lugares donde cayeron los insurrectos. Señores mayores se ponen sus uniformes y sus medallas y salen a recordar las batallas que perdieron. En el centro histórico se recrean las batallas más importantes, con todo el mundo vestido con ropa de la época, los pequeños tanques que utilizaron los nazis para destrozar la ciudad, velas en los monumentos que recuerdan a los caídos. Y a las cinco de la tarde, hora en que se inició el levantamiento, toda la ciudad se detiene durante cinco minutos. Es impresionante ver a todo el mundo detenerse de pronto y guardar silencio. Trenes, coches, autobuses, niños, mayores, chicas de compras, señoras con perrito, todo absolutamente quieto.


Para conocer mejor la historia de aquel momento Varsovia cuenta con el Museo de la Insurrección que es gratis los domingos, y se nos quedó pendiente para la próxima visita.

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