dissabte, 6 de novembre de 2010

Conferencia de Manuel Castells sobre “Comunicació i Poder”

El pasado miércoles asistimos en el CitiLab de Cornellà a la presentación del libro “Comunicación y poder” de Manuel Castells, publicado en catalán por la editorial UOC. Castells cumplió de sobras con las expectativas creadas en torno a una conferencia que prometía aportarnos elementos de reflexión y análisis sobre el panorama político y mediático actual. La conferencia se centro en apuntar los ejes principales de su libro, generándonos un deseo tremendo de leer el libro que nos reclama desde hace meses desde la estantería, llamada a la que la presión del día a día nos impide a atender.

Las relaciones de poder
Castells empezó explicando como las “relaciones de poder son el código fuente de lo que ocurre en el conjunto de la sociedad”, pilar sobre el que se sustenta la tesis de su libro que asegura que “el poder se construye en torno al control de la información y la comunicación”. Es por eso, que las relaciones de poder se juegan en la mentes de las personas (donde organizamos nuestro pensamiento). Según Castells, las relaciones de poder pueden ser
- coercitivas
- persuasivas, que tiene que ver con la capacidad de influenciar (y para ejemplarizarlo habló del dinero que ha generado en la sociedad la idea de que el dinero es lo más importante en el mundo, pero no deberíamos olvidar que se trata de eso, de una idea, no de una realidad).

Respecto a estas dos formas de poder, Castells destacó que “un poder que se basa sólo en la capacidad de coerción es débil porque no debería tener que reprimir”. De hecho, explicó que el poder fundamental en la Historia ha sido el persuasivo a través de formas como la religión o la ideología.

A partir de esta idea, Castells sugirió analizar los procesos en los que se forman ideas, opiniones, que se dan en el ámbito de la comunicación. Por lo tanto, “el poder se forma en el espacio de comunicación y así las transformación de los procesos de comunicación transforman las relaciones de poder”.

El escándalo como lenguaje de la política

Según Castells, la idea anterior se traduce en que “para el conjunto de la sociedad, los líderes, programas o ideas políticas que no están en los medios de comunicación no existen”. En este sentido, me hizo pensar en las posibilidades que están barajando algunos expertos que los partidos de extrema derecha obtengan alguna representación al Parlamento de Catalunya en las próximas elecciones. Al margen que seguramente sería una representación mínima, sólo por el hecho de estar en el Parlamento les daría una presencia mediática que les permitiría difundir a la sociedad sus ideas y posturas, que hasta ahora tienen un conocimiento marginal y residual. Eso es lo que da más miedo.
Castells continuó diciendo que esta situación ha provocado la mediatización del lenguaje político que se traduce en mensajes sencillos y directos donde “el mejor mensaje es una imagen”. Así, “el contenido de los mensajes no es tan importante como la confianza del portavoz del mensaje”. Es decir, el mensajero es más importante que el mensaje.
Lo más preocupante de esta afirmación es que como recordó Castells, un mensaje negativo tiene 50 veces más impacto que uno positivo, porque así destruimos la confianza (o imagen) de los oponentes. Si además se gana confianza pues mejor pero no es tan importante. Al recordar esta idea me ha venido claramente a la cabeza la escena del programa Polonia de esta semana donde el personaje que representa a Rajoy explica cuál es su estrategia política. Y coge una silla se sienta. Y explica que esa es su estrategia política, no hacer nada (ni ofrecer un programa ni soluciones a la crisis, ni propuestas), sólo sentarse a esperar.

Castells aseguró que esta situación ha llevado a la política del escándalo, que no siempre llevan a la caída del líder pero sí que provocan dos situaciones:
- la saturación de escándalos por parte de la sociedad
- la sensación de que como todo el mundo tiene escándalos, al menos se elije al que nos cae mejor.

Así según Castells, Bill Clinton acabó su mandato con los índices de popularidad más altos que había tenido nunca un presidente americano porque “es un mentiroso, pero es simpático”. Claro que como explicó Castells, un porcentaje muy bajo de votantes demócratas (los que tenían un sentido de la ética y los valores más elevado) se desplazó hacia los republicanos. Un porcentaje tan insignificante que no perdonó las mentiras de Clinto, pero lo suficientemente crucial para unas elecciones que recordemos se resolvieron por un margen escaso en el sospechoso recuento de Florida. Y todos sabemos cómo cambió el mundo después de aquel resultado. Lo que no sabemos es cómo sería hoy el mundo si no hubiera ganado Bush.

El conferenciante también puso el ejemplo en que imagino que la mayoría estábamos pensando: Berlusconi, que fue elevado al poder político como repuesta de la población a la corrupción generalizada. Así según Castells, los italianos piensan “como la politica es una buja, elijo al más simpático”. También he pensado alguna vez que los italianos no castigan a su presidente y lo votan una vez tras otras aunque el mundo se indigna con sus salidas de tono recurrentes (esta semana contra los homosexuales) porque Berlusconi es una marca que representa unos valores con los que los que alguna parte de los italianos se identifican (el machote, el furbi, el simpático, la picaresca).

El resultado de todos esos escándalos ha conseguido, según Castells, erosionar la confianza en la clase política. Pero es que según Castells “un partido moderno no puede funcionar sin financiación ilegal porque hay un desfase entre la financiación pública y los gastos de los partidos”. Precisamente una idea que ha apuntado Artur Mas esta semana en referencia a la implicación de CiU en el cas Palau.

La esperanza de la tecnología: el contrapoder de la gente

Ante todo este panorama tan negativo, Castells acabó la conferencia con una luz de esperanza. O más que una luz, una explosión casi cegadora. Las explosión de las redes horizontales de comunicación que ha permitido el nacimiento de un contrapoder. Esto ha ampliado los grados de libertad puesto que existe la posibilidad de que los ciudadanos construyan la información y se movilicen de forma autónoma. Así por ejemplo Castells explicó que se han generado los movimientos ecológicos o los movimientos antiglobación que ha logrado una gran repercusión. O las “comunidades insurgentes espontáneas” que son “formas de movilización de indignación” y que pueden provocar cambios políticos como fue el caso del sábado 13 de marzo de 2004.

En este sentido, Castells puso como gran paradigma la campaña de Obama que generó la mayor recaudación financiera de las campañas americanas sin romper la ley electoral. Concretamente 700 millones de dólares recaudados en cantidades de unos 200 dólares pero entre tres millones y medio de donantes. El 62% de las cuales se hicieron por Internet. Es cierto que los resultados de esta semana en Estados Unidos parecen indicar que los americanos están perdiendo la confianza en OBama pero es que Castells recordó que el Tea Party está haciendo la misma campaña de Obama, incluso con el mismo lema. “yes, we can”.

Castells afirmó que “Obama politizó una sociedad que no creía en la política y los movilizó”, en un momento de apatía política, ahora la sociedad americana echa chispas. “Y eso es mucho más importante para la democracia que si gana la derecha o la izquierda”, concluyó Castells.

Castells también explicó que eso también puede llevar a fenómenso como que la población encumbré a una señora como Sarah Pallin. Y creo que en nuestra mente surgió la idea de “Belén Esteban como candidata a la presidencia del gobierno”.

En definitiva, según el conferenciante “se está construyendo un nuevo espacio público donde la sociedad debate, algo que había quedado aislado y anquilosado en los pasillos de los aparatos políticos y parapetado en los medios de comunicación”. Por eso wikileaks “dan la posibilidad a la gente que tiene una verdad confidencial que les quema en las manos”. Porque todavía queda gente con valores. Sea positivo o sea negativo, “como mínimo el panorama se diversifica, como mínimo todo el mundo liquida a todo el mundo”.

Como conclusión Castells recordó que las sociedad con Internet son más libres, aunque esto no garantiza el derecho porque “cuanto más libre es una sociedad más necesita los anclajes, más necesita valores sólidos, y por eso hay valores por los que hay que batallar”.

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