
¡Qué emoción es volver de Nueva York y regresar a sus calles de la mano de Paul Auster! Me he acercado varias veces a este premiadísimo autor con mucho entusiasmo inicial pero con una cierta decepción final por las promesas incumplidas de ofrecen sus páginas. Sin embargo, he logrado reconciliarme con él gracias a su vinculación con Nueva York.
Sus personajes habitan en barrios donde he vivido, pasean por parques donde he descansado, vagan por calles donde me he perdido, se persiguen en estaciones de tren donde me he detenido. Leyendo sus libros recorres NYC casi con los ojos cerrados, como si sus palabras fueran trazando itinerarios en un mapa.
Concretamente Trilogía de Nueva York no sólo me ha vuelto a traer esa ciudad que tanto me ha fascinado sino que me ha descubierto historias que han enriquecido mis recuerdos. Sus libros
Además de por permitirme regresar una y otra vez a NYC, y por las historias de la ciudad que te regala, me ha sorprendido como Auster logra convertir en materia de ficción la vida anodina de un escritor.
Vagando por las calles de Nueva York como si fuera el universo donde se localiza la frontera entre la realidad y la fantasía. Los que escriben, escritores profesionales o frustrados escritores o escritores ocasionales o falsos escritores son víctimas de sus propias ficciones, obsesiones y laberintos de la mente. Como Don Quijotes fascinados con sus propias fantasías. Leyéndolo lleva un momento en que llegas a dudar de tu propia cordura.
Sin duda son novelas de misterio, pero muy alejadas de la clásica novela de misterio de género. Y sin duda también con una altura literaria que consigue que su prosa clara, concreta, sencilla, directa te envuelva hasta hacerte sumergirte en la intriga y llegar a sentir miedo e inquietud, especialmente leyendo las letras que dibujan los pasos del anciano profesor psicópata de “Ciudad de cristal”.
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