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dissabte, 9 de juny del 2018

Cañón Maligne, Lago Maligne y Medicine Lake


El Cagnon Maligne es el cañón más profundo de Canadá (60m) que muestra las espectaculares formas que esculpe el agua en la roca. Debe su nombre al duro periplo que le suposo al religioso francés que decidió remontarlo a lomos de su caballo.

Un poco más adelante se encuentra el Medicine Lake. Los nativos lo llamaron así porque en invierno el agua del lago desaparece, al drenarse a través de una serie de canales subterráneos que desembocan en el río Maligne, uno de los sistemas subterráneos  más largos e inaccesibles del mundo. Cuando llegamos el humo procedente de los incendios le daba un aspecto tenebroso y triste.



Aunque el Maligne Lake era bien conocido por las Primeras Naciones del área, no fue oficialmente descubierto hasta que llegó la topógrafa Mary Shaffer en 1908 en compañía de su compañera Mary Adams y dos guías. Como guía sólo tenía un mapa que había dibujado de memoria un indio abisinio que había visto el lago una única vez en su vida hacía 16 años cuando era adolescente.  Hoy algunos puntos de lago y las montañas cercanas llevan el nombre de aquel joven abisinio.

Se pueden hacer varias rutas caminando alrededor del lago, aunque hay que tener cuidado con la presencia de alces y no mirarlos directamente.

También es muy popular tomar un barco para llegar hasta la Spirit Island, que cuenta la leyenda que era donde se encontraban en secreto dos jóvenes amantes de tribus rivales. Cuando la joven fue descubierta, le prohibieron regresar a la isla. Pero su amante siguió volviendo toda su vida con la esperanza de encontrarla. Ella nunca volvió y él murió en la isla donde aún reside su espíritu.

Según algunas versiones de la mitología de las Primeras Naciones, la isla Spirit debe su nombre a dos jóvenes amantes de tribus enemistadas que se reunían en secreto en la isla. Sin embargo, cuando la joven finalmente confesó su romance prohibido a su padre, uno de los jefes de la tribu, le prohibió regresar jamás a la isla. Con el corazón roto, su amante continuó volviendo a la Isla Spirit durante toda su vida, con la esperanza de ver a su bella amante de nuevo. Pero ella nunca volvió y él, finalmente, murió en la isla, donde su espíritu aún reside.

No se puede acceder a la isla pero el entorno mágico aún tenía más misterio con la neblina de los incendios cercanos. El guía del barco nos explicó que los incendios en muchos casos son provocados porque Canadá tiene tantos km de bosques infranqueables con árboles centenarios que están muriendo y cayendo impidiendo regenerar la naturaleza. El terreno de bosques es tan inabarcable


que la única manera de eliminar los árboles muertos o enfermos es provocar incendios controlados. De hecho, es muy habitual ver troncos caídos y escuchar el crujido de los árboles enfermos que se quejan de los achaques de la edad.

diumenge, 20 de maig del 2018

Dia 3 en Canadá Whistler - Clearwater


Sin duda, el día más largo y duro de viaje. Unos 450 km que se convirtieron en una jornada entera de coche debido a que se trataba de carreteras de montañas. La caravana se esforzaba mientras iba engullendo gasolina en subir y bajar montañas, carreteras estrechas llenas de curvas pasando por un paisaje solitario y desolado. Además, nos vimos envueltos en uno de los terribles incendios que azotaban Canadá ese verano. Tuvimos que esperar casi una hora hasta que despejaron la carretera y cruzar a toda velocidad siguiendo los coches de los guardas forestales. Veíamos llamas a los lejos y el humo dificultaba la visibilidad y lo llenaba todo de olor a quemado y niebla. Fue un día denso, triste y pesado. El último tramo hasta Clearwater ya de noche tuvimos lluvia torrencial. El tráfico era denso de camiones que nos adelantaban a toda velocidad. En medio de la lluvia y la noche se nos cruzó un ciervo, que generó cierto momento de pánico. Pasamos la noche en un camping con una imagen idílica frente al lago que da nombre a la ciudad de Clearwater.




diumenge, 13 de maig del 2018

Día 2: Standley Park y Whistler

El segundo día en Vancouver lo dedicamos a visitar el Stanley Park, el parque urbano más grande de Canadá y uno de los más grandes de Norteamerica. Está constituido por un bosque de coníferas con cerca de medio millón de árboles y tiene más de 200 km de caminos y senderos, y dos lagos. El parque empezaba muy cerca del apartamento y al lado de la playa. Sinceramente, uno de las cosas de Vancouver que más envidia me genera. 
Justo coincidimos con una cursa y hay decenas de personas corriendo al borde del mar y otros practicando otros deportes como boxeo o yoga.




Conociendo al monstruo: la autocaravana

 
Al mediodía vamos en tren hasta las oficinas de la autocaravana donde nos hacen esperar una eternidad hasta que nos dan la nuestra que nos resulta enorme y grandiosa, imposible de manejar. La chica de la oficina nos da millones  de instrucciones en inglés y francés sobre cómo funciona, tantos datos que nos es difícil retener. Casi salimos de allí temblando. El viaje por autovías aún resulta fácil pero cuando entramos en Vancouver todo se complica. Hay que mantener una distancia de seguridad enorme porque la caravana tarda mucho en frenar y en ciudad es muy difícil mantener esta distancia. Además tenemos muy poca visibilidad y no controlamos aún los laterales. Al recoger las maletas casi golpeamos a una adolescente que estaba muy adelantada en un semáforo.

Todo se mueve demasiado. Dentro de la caravana cada bache nos hace saltar y suenan platos y vasos como si fuera a hacerse todo añicos. El paseo panorámico por la carretera Sea-to-Sky que nos lleva de Vancouver a Whistler casi nos pasa inadvertido pendiente de la caravana.

Paramos en un supermercado para comprar comida donde nos sorprenden los envases gigantes de comida y nos planteamos dormir allí. Seguimos hasta Whistler pero no sabemos cómo funciona pasar la noche en la caravana, así que aparcamos en un párking donde hay más caravanas y pasamos allí la noche. Después descubrimos que los chicos habían visto un cartel donde decía que estaba prohibido pasar la noche aparcados en el párquing. 

diumenge, 18 de febrer del 2018

Viaje a Canadá. Día 1: Vancouver

El trayecto
El largo viaje de Barcelona a Vancouver fue bastante pesado. Habíamos llegado al aeropuerto de El Prat con bastante antelación porque estábamos en la semana caótica de las huelga del control de seguridad de El Prat. Al final pasamos sin problemas y tuvimos mucho tiempo muerto en el aeropuerto. Lo más duro fue el transfer en Montreal donde tuvimos que volver a recoger y facturar la maleta que tardó 45 minutos en salir por la cinta. Después de esa espera nos encontramos con una larguísima cola para el control de seguridad, nada que envidiar a las imágenes de esos días en Barcelona, y eso sin estar de huelga. Aunque teníamos unas 3 horas para hacer el transfer con tantas gestiones parecía que íbamos a perder el avión. Conseguimos saltarnos la cola de seguridad suplicando y al final el vuelo salió con retraso, así que los nervios fueron en vano. En el avión había reservado la plaza al lado de la salida de emergencia para ir más cómodos pero no sabía que entraría un frío polar por la pared. Eso sí, una vez llegados a Vancouver todo fue sencillo. El metro y el autobús rápidos y puntuales. Y llegamos al apartamento 24horas después de habernos levantado.  

Paseo por el Waterfront y distrito financiero

 
El primer día de estancia en Vancouver decidimos reproducir los estereotipos de género. Los chicos se fueron a cazar ballenas, orcas, focas y leones marinos (con su cámara de fotos) y las chicas nos fuimos a pasear y recorrer la ciudad en una visita guiada.
El paseo por el Waterfront es una delicia. Altísimos edificios de cristal justo al borde del puerto repleto de barcos, los hidroaviones que despegan y aterrizan constantemente pero donde reina un silencio increíble y la gente pasea, corre, va en bicicleta o hace yoga en los grandes espacios verdes. Ese primer contacto con Vancouver ya nos muestra que es una ciudad de contrastes.

Al final del paseo por el frente marítimo llegamos al Canada Place que es uno de los lugares emblemáticos de la ciudad se nos antoja un lugar bastante extraño que recorremos desconcertadas sin encontrar ningún encanto. Ciertamente lo más interesante era un encuentro de yoga que se celebraba allí mismo.

Vancouver recuerda mucho a Manhattan con sus rascacielos de cristal y sus generosas y abundantes zonas verdes. La llaman la ciudad de cristal por la cantidad de edificios de ese material que se construyen. Una pequeña Gran Manzana mucho más asequible porque es más pequeña. La zona financiera recuerda tanto a Wall Street con sus altos edificios donde queda sumergida la catedral que se nos antoja casi un decorado de cartón piedra por fuera, aunque por dentro es mucho más bonita y acogedora.

Visitamos el Edificio de la Marina decorado en Art Deco que recuerda mucho al Rockefeller Center. Incluso tienen parques interiores dentro de los rascacielos como en NYC para que la gente pueda disfrutar de zonas verdes en los fríos días de invierno.

Vancouver es una ciudad progresista, ecologista y moderna. La guía se queja de que tienen un alcalde hippie que está imponiendo zonas verdes, carriles bicis y parques a 5 minutos andando de cualquier punto.  Incluso tiene una ley que permite construir los altos edificios en la zona financiera con el compromiso que las empresas se han de hacer cargo del mantenimiento de los edificios históricos que quedan atrapados en la zona. No sé si los empresarios están muy de acuerdo con esta medida, pero al edificio de enfrente de la catedral de Vancouver le pusieron de nombre 666.

Otra medida que ha impuesto la ciudad de Vancouver a las empresas que construyen rascacielos es que puesto que sus construcciones están alterando el paisaje urbano con los altos impuestos que pagan se financian obras de arte en la zona. Así la cementera por ejemplo tiene sus silos pintados de forma mucho más atractiva que el marrón polvoriento tradicional.

Gastown, el casco histórico de Vancouver, y Greenville Island

Después de comer unas ensaladas de col Kale que encajan muy bien con el ambiente saludable y moderno de la ciudad recorrimos el centro histórico de Vancouver. Gastown es el barrio más antiguo de la ciudad que data del siglo XIX y del que sólo se conservan 3 o 4 calles adoquinadas con sus casas bajas de ladrillo y sus farolas engalanadas con flores. Recuerda bastante al centro de Dublín. El barrio toma su  nombre de Gassy Jack, el primero que puso un bar en aquella zona y podríamos decir que fundó el barrio. Una estatua de bronce recuerda su figura. En la esquina de enfrente hay un edificio que recuerda muchísimo al Flatiron de NYC, pero nuevamente de medida más reducida.
El principal atractivo es el Steam Clock, un reloj construido a semejanza del Big Ben de Londres que expulsa vapor y silba cada 15 minutos.  

Invertimos bastante tiempo en vano en encontrar un lugar para cambiar dinero y al final después de correr un poco llegamos en autobús puntuales a la siguiente visita guiada por el Greenville Island. Al saber que éramos de Barcelona, el guía nos explicó que había estado en el Michael Collins de Sagrada Familia y explicó al resto del grupo que en nuestra ciudad se había despertado una oleada de turismofobia que intentamos argumentarles sin mucho éxito.

La visita guiada de la tarde nos llevó a conocer Greenville Island, una isla que recordaba vagamente al barrio de Poblenou de Barcelona. Había sido una isla de pescadores, luego había tenido un uso industrial con muchas naves industriales, fábricas, talleres. Actualmente han revitalizado el barrio con tiendas de artesanos que nos pareció un poco un parque temático.

La ciudad de los contrastes

Allí nos encontramos con los chicos que habían regresado de su expedición habiendo cazado algunas orcas y leones marinos. Juntos nos aventuramos hasta Chinatown que resultó ser una zona bastante decepcionante donde lo más destacados eran la concentración tan elevada como no habíamos visto nunca de personas sin hogar y toxicómanos andando o sentados en las aceras en apenas 3 o 4 calles. Vancouver es una de las ciudades más caras del mundo y evidentemente eso provoca enormes desigualdades y polarización social de una parte de la población que no puede permitirse los desorbitados precios de su nivel de vida. Resulta chocante que con lo moderna, ecológica, progresista que parece luego haya apartado a un barrio a las personas que quedan desenganchadas del sistema.


Regresamos caminando por el Waterfront y esta vez el paseo fue igual de hermoso con la luz del atardecer cayendo sobre los barcos y los edificios de cristal. Decidimos cenar en uno de los muchos restaurantes de sushi cercanos al apartamento, puesto que habíamos leído que el pescado y el sushi en la ciudad eran de gran calidad.