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diumenge, 15 de novembre del 2015

Estambul, un espectáculo para los sentidos

Enclavada entre dos mundos, dividido su corazón entre dos continentes, Estambul es un mosaico de historias, culturas y religiones. Sumergirse en la que fuera capital del mundo civilizado es abrirse paso entre los siglos. Sus bulliciosas calles albergan una población de 15 millones de personas que sobreviven entre el tráfico caótico, la intensidad de los olores, la paz de los templos y la algarabía de los bazares. Cuando el sol se pone iluminando de rojo se asiste a un espectáculo con más de tres mil años de historia.

Artículo publicado en 2008 en Feminas.com


Historia de los templos
Aunque Turquía es una República laica desde 1923, se trata de una ciudad consagrada a la oración que alberga los más hermosos templos donde se refugian fieles de todas las religiones. Pese a la predominancia de la religión musulmana, además de mezquitas pueden visitarse sinagogas, iglesias católicas y ortodoxas. El máximo exponente de este eclecticismo religioso lo hallamos en Santa Sofía, el templo que una noche de 1453 se acostó como catedral y amaneció como mezquita. Construida en el año 360 por el emperador Constantino, durante más de mil años fue emblema de la cristiandad y el Imperio Romano de Bizancio. Con la toma de la ciudad por los otomanos en 1453 se convierte en mezquita. Hoy es un edificio sorprendente situado en la misma plaza de Sultanahmet, justo en frente de la Mezquita Azul. Con 260 ventanas, una cascada de cúpulas y semicúpulas y un océano de 20.000 azulejos interiores que le dan nombre la Mezquita Azul rivaliza con su vecina en esplendor.
Y coronando la tercera colina de la ciudad se impone el perfil afilado de la mezquita de Solimán el Magnífico que preside el paisaje desde todos los rincones del Cuerno de Oro. Otros templos que merecen una visita es la iglesia bizantina de San Salvador de Chora con los mosaicos y frescos más hermosos del arte bizantino, la mezquita de Rüstem Pasa Camil, famosa por su rica decoración de mármoles y azulejos y la mezquita de Eyüp, lugar de peregrinaje.

Los palacios, relato del lujo y la lujuria
Más de 5.000 personas trabajaban en el palacio de Topkapi que hoy alberga museos, reliquias, patios majestuosos, pabellones esplendorosos y el lugar más secreto y prohibido de todo el reino: el harén, una cárcel de cristal desde donde se gobernaba un imperio. Ningún hombre podía acceder a este recinto donde más de 1.000 mujeres vivían rodeadas de lujos, maquinaciones, y eunucos. Actualmente, pueden visitarse las instalaciones de Topkapi y los aposentos del harén. Topkapi fue substituido como residencia imperial a mediados del siglo XIX por el palacio del Dolmabahçe. Su fachada de mármol blanco se extiende a lo largo de 600 metros en la orilla del Bósforo. El palacio con 258 habitaciones, 46 salones, baños revestidos de alabastro y balaustradas de cristal tiene una fachada de mármol blanco que se extiende 600 metros a orillas del Bósforo. 

Los bazares, el arte del regateo
Estambul alberga en sus entrañas otra ciudad, un universo entre dos continentes: el Gran Bazar. En este recinto de 1.300 m2 se extiende un laberinto de 60 calles con sus plazas, fuentes y callejones donde 4.000 tiendas forman un mosaico de colores, sonidos y olores, un océano de alfombras, artesanía, joyas, cajas, juegos, lámparas, velos, cojines, tapices, cerámica. Una aventura para la que sólo hace falta un gran sentido de la orientación, buen humor y paciencia para negociar con los maestros del regateo. El hermano pequeño del Gran Bazar se encuentra en el corazón de Eminönü. Además, también se puede visitar el Bazar Egipcio, más conocido como Bazar de las Especias por ser un punto clave de intercambio y comercio en la ruta de la Seda.

Otros rincones de Estambul
Al oeste del Cuerno de Oro y cruzando el puente de Gálata se extiende Beyoglu, el barrio más moderno y cosmopolita de Estambul con calles comerciales y paseos peatonales. Todo el barrio se puede contemplar desde la torre Gálata, una fortaleza de 62 metros construida  por los genoveses en 1348. Y en los alrededores de la plaza de Sultanahmed se hallan dos de los lugares más misteriosos de la ciudad: el hipódromo, escenario de sangrientos enfrentamientos y matanzas, y la cisterna de Yerbatan, catedral del agua bajo el suelo de Estambul, con 336 columnas de 8 metros alineadas y reflejadas en el agua hasta el infinito. Su misticismo está envuelto en una húmeda atmósfera de reflejos rojos.


Tres veces bautizada
En el año 675 a.C nace la ciudad griega bajo el nombre de Bizancio. En el 330, el emperador Constantino la convierte en la capital del Imperio Romano de Bizancio bautizándola como Constantinopla, símbolo de la cristiandad en oriente. En 1453, los otomanos toman la ciudad y la convierten en la capital de su Imperio renombrándola como Estambul, nombre con el que ha llegado a nuestros días. Eso sí, en el año 1923, con la proclamación de la República de Turquía pierde su capitalidad de siglos a manos de la naciente Ankara.

Moverse en Estambul
El Bósforo, mítico estrecho que separa el Mar de Mármara del Mar Negro separa la ciudad en dos orillas, cada una en un continente: Europa y Asia. A su vez, la orilla europea está divida en dos por el Cuerno de Oro, una entrada de mar en la tierra. Ambas partes del Cuerno están unidas por tres puentes que separan la Estambul antigua de la moderna. También hay dos puentes para cruzar el Bósforo, pero es más económico hacerlo en barco. La red de transportes de Estambul es reducida, pero útil para conocer la parte Europea. Un moderno tranvía pasa por los lugares más turísticos, también hay un metro con una única línea y dos líneas de tren urbano. Los autobuses son baratos y frecuentes, pero más lentos para moverse por la ciudad debido a sus monumentales atascos de tráfico. Un trayecto encantador es viajar en el tranvía nostálgico que recorre 1 km en vagones de principios del siglo XX. También vale la pena visitar la espectacular estación donde finalizaba el mítico Orient Express.

Más información:
Novelas ambientadas en Estambul:
-       De parte de la princesa muerta. Kenizé Mourad
-       El árbol de los jenízaros.  Jason Goodwin

-       El libro negro. Orhan Pamuk 

dilluns, 31 d’agost del 2009

Llegeixo avui un estudi elaborat per Adecco i l’IESE Business Schooll que els immigrants amb més alt nivell d’estudis són els que més tenen més problemes per trobar feina a Espanya. No sé per quina associació d’idees m’ha vingut al cap el darrer viatge a Istambul on em vaig fixar en un pràctica que aquí cada vegada abandonem més: crear llocs de treball. Mentre aquí competim per veure qui pot eliminar més llocs de treball com ara conductors/es de metro, venedors/es de bitllets a les taquilles, restaurants sense cambrers/es i botigues sense dependents/es ... a Turquia no escatimen en personal. És agradable anar a un bar i tenir sempre un cambrer pendent de tu, és reconfortant fer una excursió en ferry i veure avançar els venedors de begudes i àpats entre els seients oferint una beguda freda o calenta als passatgers, mentre aquí ens conformaríem amb una trista sala amb màquines expenedores. Als transports públics també hi ha sempre una tasca per a casa persona: els venedors de bitllets, les persones que col·locades al costat de les rodes d’accés tenen la doble funció d’assistir al visitant desorientat i controlar que tothom accedeixi al tramvia, metro o autobús pagant. També ens els autobusos turcs, el conductor ja no ha de preocupar-se per atraure el passatger més xerraire perquè li doni conversa atès que està acompanyat en la seva jornada laboral pel cobrador, una figura que la meva mare recorda que existia als autobusos i tramvies de Barcelona. Professions i oficis que ja formen part del passat. I en definitiva, llocs de treball que s’han perdut i que existien per facilitar la vida del client o passatger. Sóc conscient que les empreses, i especialment els organismes públics, han de reduir despeses. I en aquest cas en despeses de personal. Però és inevitable trobar a faltar aquesta atenció personal que gaudeixes en una ciutat com Estambul.