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dimecres, 18 de setembre del 2024

Una selección de literatura mexicana

Cuando viajo a un país, unas de las actividades con las que más disfruto es poder acercarme más a su literatura. Así, las semanas y  meses previos así como durante el viaje procuro leer algunas obras destacadas de la literatura de ese país, como una oportunidad de conocer otras tradiciones pero también de acercarme a través de la ficción a la historia, costumbre, realidad pasada o presente. Reconozco que me suelo ceñir a literatura del siglo XXI o XX, y no suelo ir más allá en mis excavación.

Este verano con motivo de mi viaje a México, estuve buscando una selección de obras destacadas y luego buscándolas, claro, que no pude localizar todas las de la lista. Empecé a leerlas unas semanas previas, pero sobre todo las leí durante los casi 20 días de viaje y es genial ir descubriendo en las visitas guiadas o recorridos por la ciudad episodios que están pasando justamente en la novela que estás leyendo. Reconozco que había conseguido más obras, pero una vez volví a Barcelona fui abandonando la lista.

Temporada de huracanes. Fernanda Melchor.

Empecé por esta novela porque salía en la lista de las mejores obras de la literatura universal del siglo XXI que publicó el New York Times, y creo que es la que menos me ha gustado. De hecho, estaba deseando acabarla por el desagrado que me provocaba. Historias de drogas, alcohol, violencia, prostitución, abusos, sordidez, suciedad. En el México actual, trata la investigación del asesinato de una mujer que era como una especie de bruja que organizaba fiestas sexuales en su casa.

 Arráncame la vida. Ángeles Mastretta.

Explica la vida de una mujer, Catalina Guzmán, y de la relación con su marido, un militar desde los años 30 del siglo XX. A partir de la relación de abuso y poder de su marido, y las pequeñas conquistas y rebeliones que irá asumiendo su mujer podemos recorrer de la historia de la política mexicana del siglo pasado.  Recomendable.

Las batallas en el desierto. José Emilio Pacheco

Novela corta que es la lectura que más me ha gustado de esta selección. Narra el enamoramiento de un adolescente de la madre de su mejor amigo en el barrio de la colonia Roma en México que también es el escenario de la preciosa película Roma de Alfonso Cuaron. A través del ensimismamiento del joven, asistimos a los cambios en México después de la II Guerra Mundial. Una obra deliciosa.

Aura. Carlos Fuentes

Obra de inspiración gótica que explica la historia de un joven que entra a trabajar para una señora en un caserón casi abandonado donde también vive la sobrina. Una casa encantada, confusión de vivos y muertos, fantasmas, misterio, reencarnación. No es mi estilo. Se lee rápido.

Los recuerdos del porvenir. Elena Garro.

Narra la historia de los habitantes de un pueblo mexicano que vive atemorizado bajo el yugo de unos cargos del ejército durante la Revolución Mexicana. El general, un hombre colérico y desposta, está enamorado de su amante, que lo ignora por completo. El pueblo entero sufre los efectos de ese desamor. Nos habla del caquicismo, de la estructura de clases, del poder y la rebelión. Recomendable.

La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes

Releí esta obra que es una de las grandes de la literatura mexicana pero que se me fue atragantando a medida que avanzaba y que el muerto no acababa de irse. Creo que cuando era más joven tenía más capacidad de leer obras más densas y lentas. La novela se inicia cuando Artemio Cruz, desde lecho de muerte, recuerda las etapas más importantes de su vida y, en particular, su participación en la Revolución mexicana. Así como el amor de su vida. Es interesante ver cómo después de la revolución inicia unos negocios donde la corrupción, las amenazas, el caciquismo, le permiten amasar una inmensa fortuna.

Como agua para chocolate. Laura Esquivel.

También de relectura, en este caso, más ligera y agradable. Es una novela romántica donde se mezclan amor y la cocina. Bebe también del realismo mágico. La historia tiene lugar durante la Revolución mexicana, cuando Tita, la más pequeña de una autoritaria mujer acomodada, se enamora de un joven. Pero ella, al ser la pequeña no tiene derecho a casarse puesto que su rol en la vida es cuidar de su madre. Para estar cerca de ella, su enamorado se casa con la hermana mayor. A partir de ahí, el drama está servido. También recomendable. Me parece muy ingeniosa e imaginativa.

dissabte, 5 de març del 2022

Reconocerse en “Ordesa” de Manuel Vilas

Me habían llegado comentarios muy elogiosos de “Ordesa” de Manuel Vilas y reconozco que me aventuré a su lectura sin saber a qué iba a enfrentarme. De entrada, pensaba que iba a leer una novela y me encontré con una obra de no ficción, reflexiones personales de un escritor, desconocido para mí. Una lectura áspera, descarnada, cruda que confieso que tuve que abandonar en diversas ocasiones, para alternarla con lecturas más ligeras, menos densas, que me permitieran respirar.  Es una lectura plomiza, que hay que dosificar. Y en esa prolongación de la lectura, en ese tiempo dilatado, el relato de Vilas fue confundiéndose con los avatares de mi propia vida. Ordesa habla sobre todo de la muerte de los padres. La lectura coincidió en el tiempo con la pérdida inesperada de una figura paterna en mi vida, pero en este caso mi padre político. Como trama secundaria, Vilas habla también de su divorcio y su abandono posterior, su caída a los infiernos, una lectura que coincidía como la vivencia de mi propia separación. Así, “Ordesa” ha sido un libro que removía demasiado, claustrofóbico, que había que ir alejando cada cierto tiempo porque podía amenazar con invadirme con su desasosiego, su abandono, su tristeza, su desánimo.

Sin duda, una grata sorpresa ha sido descubrir la prosa de Vilas. Deslumbrante, con frases certeras como mazazos de mortero y otras tan líricas y delicadas como bisturís. Pero casi todas ellas hieren, te hacen sangrar. Te brota la sangre a borbotones como una hemorragia imparable y en otras ocasiones un hilito de sangre, apenas imperceptible a la vista pero que no deja de escocer, como esos cortes estúpidos que nos hacemos en los dedos con el borde de un papel.

El dolor y la pobreza

“El dolor es amarillo” escribe Vilas. Y esta obra habla constantemente del dolor, en sus múltiples versiones. “También me doy cuenta en este instante de que en mi vida no han sucedido grandes cosas, y sin embargo llevo dentro de mí un hondo sufrimiento. El dolor no es en absoluto un impedimento para la alegría, tal como yo entiendo el dolor, pues para mí está vinculado a la intensificación de la conciencia”. El dolor emocional que te ocasionan las personas que amas. Padres, hermanos, amigos, pareja, hijos.  “La estimación de los demás acaba siendo la única cédula de tu existencia”.

Vilas habla de la muerte de sus padres y su desarraigo del mundo y su soledad desde entonces: “Me costaba hablar con gente que no había conocido a mis padres, es decir, con la mayoría de la gente con que me topaba; las personas que no habían conocido a mis padres me ensombrecían el ánimo”.

“Ordesa” dedica unos pasajes también a un extraño fenómeno que algunos hemos vivido desde niños, que se intensifica en la adolescencia y que hemos intentado corregir en la juventud y madurez: el pudor a ser cariñosos con nuestros padres.  Lástima a veces el poco tiempo que la vida nos dejó para rectificar y ser cariñosos con nuestros padres que se fueron demasiado pronto. “Pero aun así no le cogí la mano nunca por propia voluntad, salvo cuando tenía que ayudarla a caminar, entonces sí le cogía la mano. Agradecí esa obligación, porque me permitía cogerla de la mano sin perder el pudor, la distancia, la lejanía”. Y añade en un párrafo durísimo: “Y no cogí la mano de mi padre moribundo. Nadie me enseñó a hacerlo. Me daba pánico hacerlo, me daba miedo, un miedo que iba agigantando mi soledad. El miedo a una mano, que acabó consintiendo la gran soledad en la que vivo”.

Son muchas las páginas donde Vilas analiza su origen humilde, hablando de la pobreza en España de la clase trabajadora, de la esclavitud de la nómina y el capitalismo. “La confesión de la pobreza en España parece una inmoralidad, algo repudiable, una afrenta. Y, sin embargo, es lo que hemos sido casi todos” porque como recuerda el escritor “los ricos seguían siendo los otros. Nunca nosotros. No hubo manera de pillar un chollo, eso es España para todos nosotros, para cuarenta y cuatro millones de españoles: ver cómo un millón de españoles pillan un chollo y tú no lo pillas”.

Vilas incide en cómo la pobreza influyó en muchas de las vivencias y en la personalidad de sus padres y de él mismo. “Dios dé una buena ración de miseria a todos esos cursis que dicen que el dinero no da la felicidad” porque “En realidad, todo esto tiene que ver con la pobreza. Era la pobreza —lo pobres que éramos— lo que me hacía temblar de miedo. Y al miedo me dio por llamarlo ternura. Si hubiéramos sido ricos, todo habría ido mejor, y esa es la verdad de todas las cosas”.

Utiliza metáforas efectivas y logradas para representar esas aspiraciones de los pobres a una vida mejor: “El ropero fue nuestro aleph, el aleph de la clase media- baja española surgida en la posguerra. Los cuartos roperos fueron nuestra guarida especulativa” o “Cuanto más pobre se es en España, más se ama la Navidad”.

Vilas dedica unos cuantos pasajes a hablar de los años como asalariado trabajando como profesor, como una claudicación al sistema capitalista, como rendirse a formar parte del engranaje que te aniquila la rebeldía y los sueños: “Mucho tiempo estuve narcotizado por una nómina”. “El complemento directo representaba al proletariado de la sintaxis, tenía que cargar con todo, tenía que cargar con la acción del verbo…Muchas veces yo mismo he sido un complemento directo, siempre cargando con el verbo, con la tiranía del verbo, que es la violencia de la Historia”.

La ternura por el padre entregado a su trabajo

El ejemplo de la sumisión a la pobreza y al capitalismo lo representa Vilas en la figura de su padre, un abnegado trabajador, que retrata deslomándose por los beneficios de la empresa. El escritor habla con tristeza de los años de carretera que dedicó su padre a dejarse la piel como comercial de una empresa textil. “Tú, recorriendo absurdos pueblos de Aragón, luchando por vender el textil catalán, el textil de las boyantes empresas catalanas —barcelonesas, prósperas y ya con relaciones internacionales—, a sordos y oscuros y pobretones sastres de pueblos atrasados”, Y el sórdido empleo, y la sórdida ganancia de una comisión, toda la vida detrás de una comisión a la intemperie, que no te dio para nada, absolutamente para nada”. Manuel se llamaba su padre.  Y era un comercial sociable, presumido, obsesionado con su coche. Leer sobre su padre en aquellos días me rompía el corazón.

Me emociona una anécdota cuando explica que su padre guardaba todos los papeles mientras su madre quería siempre deshacerse de ellos: “acusando a mi madre de tirarte los duplicados y las facturas, y es aquí adonde quería ir a parar, porque si yo no encuentro mis papeles es porque no sé ordenar nada, y he pensado que a ti te pasó lo mismo, que en realidad nadie te tiraba ningún papel. Eras tú el que los sepultaba unos debajo de otros por tu incapacidad para despachar el correo y los asuntos”.

Resulta escalofriante reconocer a personas queridas en descripciones ajenas. Algunos detalles además de a mi suegro también me traían a la memoria a mi padre. “A mi padre le gustaba ir siempre muy bien peinado, hasta tal punto que si hacía viento no salía de casa, porque se despeinaba”. Mi padre además no podía salir de casa sin ponerse colonia.

La irreverencia de la madre

La ternura que demuestra al retratar a su padre no es menor al referirse a su madre, pero lo hace con la comicidad que se vislumbra tras una mujer libre e irreverente. Al lado de un padre comedido, encontramos una madre desmedida. “Era una mujer-drama. Su dramatismo era superior a la paciencia de los médicos” Una mujer al margen de normas sociales. “A mi madre no le gustaba llamarse de ninguna manera. No creía tener nombre. No quería estar sometida a un nombre. No por pensamiento, sino por instinto… Es, al final, la desafección por las leyes de la realidad social que rigió la mirada de mi madre”.

Frente al padre abnegado y trabajador, intuimos una mujer vitalista y apasionada: “Fue entonces cuando aprendí a amar el mes de junio. Mi madre me enseñó a amar ese mes, que es especial; aquel jardín era una celebración del mes de junio, porque junio es anunciación del verano, es ya sol, pero no hay corrupción del verano. Cuando el mes de julio llega comienza la hemorragia, aún invisible. Agosto es el mes de la visibilidad de la septicemia del verano, de su herida, de su arrastrarse por la atmósfera, por la cara de los hombres, por las ramas de los árboles incompasivos, mientras muere. La muerte del verano era horrible. Mi madre veía el final del verano como un hecho trágico, sacrílego. ¿Quién se atrevía a matar el verano? Odiaba la llegada del mal tiempo. Ella creía en el sol. Era herética, vivió bajo los ritos del sol. Tenía una obsesión con la luz y con tomar el sol. El sol y estar viva fueron lo mismo para ella. Adoraba el verano. Adoraba que anocheciera tarde, muy tarde”

“Mi madre me regaló la impaciencia y la superstición. Me enloquece el ruido de fondo de la vida de mis padres sonando en todas partes. Mi madre rompía envases. Se le caían las cosas de las manos. Nuestra torpeza era hija de las manos recién estrenadas y de los dedos inhábiles de los primeros homínidos. Mi madre no tenía paciencia en los supermercados. No entendía una cola. No entendía el orden de los pasillos de un supermercado. Le podían la rebelión, la cólera, la nada. A mí también”

Me enternece el padre de Vilas, pero me cae muy bien su madre. Yo también adoro el mes de junio, me atrapa la penumbra cuando llega septiembre y los días se hacen más cortos, odio los supermercados con sus colas y sus pasillos, las luces blancas tan hirientes, el exceso de productos y colores, la megafonía, la limpieza y orden como un hospital, me superan de una forma física visceral, casi fóbica, que a veces me hace abandonar los productos en una estantería y salir casi corriendo del supermercado. Evito ir a comprar, hago mil cosas antes, posponiendo el momento de entrar a un supermercado, prefiero esperar fuera y que otra persona compre por mi.  

Mi presencia en “Ordesa”

Hay muchos elementos en “Ordesa” que establecen un vínculo directo con mi pasado, con mi presente, con mi familia, con mis valores, con mis experiencias. Tal vez por eso ha sido una lectura tan complicada, que además casualmente vine a escoger para leer en un momento complejo. Hay una parte de mi en este libro que habla de personas que no conozco y lugares donde nunca he estado.

Soy una persona más vitalista y alegre que el escritor, más como su madre, pero aún así me reconozco en muchas escenas y pensamientos.

“Todos esos paquetes de tabaco que estaban en las mesas y mesitas de mi casa están asociados a la juventud de mis padres. Había alegría entonces en mi casa, porque mis padres eran jóvenes y fumaban. Los padres jóvenes fumaban…. Ellos fumaban y yo miraba el humo, y así pasaron los años”

“Eran los años setenta, cuando la vida iba más despacio y podías verla. Los veranos eran eternos, las tardes eran infinitas, y los ríos no estaban contaminados. El mes de junio aparecía por Barbastro como un dios que iluminaba la vida de la gente”.

 “Bebí café, me duché. Siempre dudo qué hacer primero: si tomar café o ducharme”

“Siento como si los guardias conocieran mi pasado, como si supieran que soy un impostor”

“Pero en ti anida, desde el comienzo, el virus histórico y genético de tu madre: una insatisfacción que se extiende como una mancha de petróleo sobre los océanos del mundo, y lo hace de manera constante e irreprimible”

“En mi vida, como en tantas otras vidas, combatieron el platonismo y la promiscuidad”

“Aquellas mañanas en donde yo solo tenía once o doce años y no conocía las devastaciones del insomnio”

“Lo único obvio es que si tienes que preguntarle algo a alguien, hazlo ya. No esperes”

"El sol es Dios. El culto al sol es mi culto. La adoración del sol es la adoración de lo visible. Y lo visible es la vida. Si estamos vivos, es porque el sol inunda de luz"

Un libro de aforismos

El libro está lleno de sentencias, la mayoría tristes y desoladoras, sobre su forma de ver el mundo pero que se me antojan tan lúcidas.

 “Ocultamos el salario, pero es lo único confesable que tenemos. Cuando averiguas el salario de alguien, lo ves desnudo”

“El matrimonio es la más terrible de las instituciones humanas, pues requiere sacrificio, requiere renuncia, requiere negación del instinto, requiere mentira sobre mentira, y a cambio da la paz social y la prosperidad económica”.

“Todo el mundo debería dudar de su fecha de nacimiento. No hay ninguna certeza vivida en esa fecha, y te determina estúpidamente, y tiendes a darle una importancia que no procede de tu propia voluntad sino de pactos sociales anteriores a ti. Pactos que se hicieron mientras tú no estabas en este mundo o estabas sin haber nacido, sin haber colisionado”

“Se escribe una cosa u otra según sea el papel, la mano, el boli, la pluma o el ordenador o la máquina de escribir. Porque la literatura es materia, como todo. La literatura son palabras grabadas en un papel. Es esfuerzo físico. Es sudor. No es espíritu. Basta ya de menospreciar la materia”

“Si el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona se desvanecieran, España se convertiría en un agujero negro. La gravedad de España son dos clubes de fútbol”

“El problema del Mal es que te convierte en culpable si te toca. Ese es el gran misterio del Mal: las víctimas siempre acaban en culpables de algo cuyo nombre es otra vez el Mal. Las víctimas son siempre excrementales. La gente simula compasión hacia las víctimas, pero en su interior solo hay desprecio. Las víctimas son siempre irredimibles. Es decir, despreciables. La gente ama a los héroes, no a las víctimas”

“Todo alcohólico llega al momento en que debe elegir entre seguir bebiendo o seguir viviendo. Una especie de elección ortográfica: o te quedas con las bes o con las uves”

“En la hipocondría hay belleza, porque todo ser humano, cuando ya ha pasado la mitad de su vida, dedica su tiempo (tal vez antes de dormirse por las noches, o cuando viaja en transporte público, o cuando se sienta en la consulta del médico) a fabular sobre qué tipo de enfermedad lo arrancará del mundo”

“La poesía es precisión, como el capitalismo. La poesía y el capitalismo son la misma cosa”

“Que te espere alguien en algún sitio es el único sentido de la vida, y el único éxito… Se puede saber por la forma de caminar si te espera alguien o no te espera nadie”

“No hay nada que defina mejor la soledad de un ser humano que su neceser”

diumenge, 27 de febrer del 2022

Històries per emplenar les absències

Vaig anar a escoltar una xerrada de la Judith Schalansky al CCCB a proposta de dues amigues amb les que anava i després no es van presentar. No coneixia aquesta escriptora alemanya de res i em va encantar escoltar-la, fins al punt que em vaig comprar el seu llibre “Altas de islas remotas. 50 islas en las que nunca he estado y a las que nunca iré”.

Algunas reflexiones que em van interpel·lar.

Al seu darrer llibre, fa inventaris de coses. Jo també faig llistes de coses, però ella de les coses que ha perdut. “Escriure aquesta llista de coses que he perdut és una manera de no perdre-les”. “Fem llistes de coses que hem de fer per oblidar-nos de recordar-les”, d’aquesta manera comprem libres per no oblidar que l’hem de llegir Malgrat triguem anys a llegir-ho.

També va parlar de les absències que és un tema que m’interessa literàriament. “Les absències tenen la materia força que les presències”. Per això hi ha tantes històries de fantasmes. Les absències omplen els buits de les històries familiars. Aquella història que sempre està amagada, aquell familiar del que no es parla, tot els silencis. Imagino que una persona nascuda a Alemanya pot explicar moltes d’aquestes absències i silencis. “Com a espècie, estem acostumats a escriure històries de substitució” què ha passat amb el pare? Amb l’avi? Schalansky va confessar que fa “arqueologia reconstruint a partir de fragments dispersos”. I reivindica que no són històries falses sinó inventades, emplenant els buits, els forats. Aquest inventari de coses perdudes també em va fer pensar en els gabinets de curiositats.

Schalansky també va parlar de la reconstrucció del passat, de com creem un relat perquè el passat no és un cosa tancada, sempre s’interpreta. No és el mateix com les pel·lis dels anys 80 parlen dels anys 50 a Alemanya a com ho fan les pel·lis avui en dia de la mateixa època.

“Una memòria que ho retè tot, en realitat no retè res” Borges.

diumenge, 2 de gener del 2022

Libros que me han acompañado en el 2021

 

Empecé el año leyendo una biografía de Mary Shelley que me permitió reencontrarme con su figura y su época. Y conseguí leer la Odisea, en una versión comentada e ilustrada preciosa que no puede evitar comprar cuando me la encontré en el mostrador de una librería a la hora de pagar.

En realidad la Odisea respondía a ese objetivo que me puse hacer un par de años de leer un clásico o una de las grandes obras de la literatura universal, pero también al eje temático que me ha llevado al mediterráneo oriental este año. Si el año pasado me interesé por la literatura centroeuropea del periodo de entreguerras, en este me he centrado en libros sobre Grecia, Turquía o Egipto. Cierto que siempre ha sido un territorio y una época (el periodo clásico) que me ha interesado mucho pero la semilla este año fue El infinito en un junco de Irene Vallejo que ha sido uno de los libros que más impresión me han causado este 2021 y del cuál he seguido muchos hilos, han salido muchos otros libros anotados para leer. De ahí salté a otro libro de la misma autora, El silbido del arquero, regalo de mi cumpleaños. A la afición por la zona, se le sumó la serie de televisón The Durrell que como a casi todo el mundo que la ha visto imagino que te lleva a soñar con un viaje a Corfú que espero hacer en un futuro próximo.  A partir de ahí empecé en verano a aventurarme en el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell leyendo Justine y Baltasar, pero en una traducción en español de Sudamérica que costó seguir. Esta Navidad me han regalado el Cuarteto entero en la preciosa edición de Proa que espero disfrutar y seguir leyendo.

Antes de dejar de lado el hilo Europa en periodo de entreguerras, leí “Una librería en Berlín”, la correspondencia entre Herman Hesse y Stefan Zweig y “Viaje al pasado” de este último autor, uno de mis escritores de cabecera. De hecho, me pedí de regalo de Sant Jordi sus memorias “El temps d’ahir” que es uno de los libros que más me ha influido en mi vida.

Otro de los caminos de lectura de este año ha sido leer novelas en francés y en italiano para mantener el idioma. Siempre y cuando sean obras que me interese leer. Así empecé el año con “L’isola d’Arturo” de Elsa Morante, seguió con “Vol de nuit” de Saint-Exupery, “Le piccole virtu” de la sempre impectable Natalia Ginsburg per setmana santa, “Il giardino dei Finzi-Contini” de Giorgio Bassani a l’estiu y “Il colibrí” de Sandro Veronesi a la tardor.

La poesía ha continuado estando presente en este año. Evidentemente releyendo muchos poemas de manera habitual a los que vuelves a buscar o descubrir un poema como Margarit, Luís García Montero, Machado, Plath, Lorca o Benedetti. Pero también leyendo por primera vez poemarios de otros autores como Szymborska que tal vez haya sido la lectura más importante de este año que dejamos atrás. También leí la poesía completa de Alejandra Pizarnik, un poemario de Sara Bueno y la antología de de Karmelo Iribarren.

Otra de las principales influencias a la hora de escoger mis lecturas son las recomendaciones y los préstamos de mis amigas lectoras. Así siguiendo a mi amiga Eva leí “Les formes de verb anar” de Jenny Erpenbeck, también una de las lecturas más apasionantes del año y “la meitat evanescent” de Brit Bennett. Y por recomendación de mi amiga Neus leí “Seqüela” de Rachel Cusk, también el Colibrí antes citado, “Un lugar llamado antaño” de Olga Tokarczuk y “Hammet” de Maggi o’Farrell, otro de las grandes lecturas del año que me llevó a derramar lagrimones en el metro.

“Hammet también formaría parte de otro gran grupo de libros que son las novedades o las recomendaciones que anoto de los programas de radio y televisión sobre libros que sigo. De esta manera, he leído “Malahierba” de Manuel Jabois, “Las Maravillas” de Elena Medel, “No diguis res” de Patrick Radden Keefe, “Otoño” de Ali Smith, “El don de la siesta” de Miguel Ángel Hernández, “La otra guerra” de Leila Guerriero, “Simón” de Miqui Otero, “Ordesa” de Manuel Vilas, “Un amor” de Sara Mesa y “Cara de pan” de la misma Sara Mesa. De todos estos me quedo con las risas de la novela de Jabois, la inquietud de Sara Mesa, las frases contundentes de Vila y el periodismo de altura de Radden Keefe y Guerriero.

Una vez más, y como siempre, la literatura ha sido un asidero fundamental en mi vida en un año complicado y duro.

diumenge, 31 de gener del 2021

Ejercicio para retener la poesía de Wislawa Szymborska

 La lectura de los poemas de Wislawa Szymborska me ha causado una honda impresión. Estoy asombrada por su poesía, magnifica, como pintada con técnica de claroscuros, que te acompaña con voz queda y un lenguaje sencillo a hacerte las preguntas profundas de la existencia humana a través de situaciones de la vida cotidiana.

Pero esa lectura me ha generado una inquietud que me invade a veces cuando acabo un libro que me ha impresionado. Es como inevitable que todo lo leído, todo lo aprendido, todo lo sentido se diluya, sólo puedes retener una ínfima parte.

En este caso, además no puedo ni tener el placer de seguir tejiendo la trama compartiendo mis impresiones con otros lectores porque aunque ganó el Premio Nobel de Literatura hace un par de años no conozco a nadie que la haya leído. En realidad, conozco a poca gente que lea literatura, así que una poeta polaca mucho menos. Me sentía con el compromiso de darla a conocer, me parecía una lástima que el resto de los amantes de la poesía se perdieran esta joya por desconocimiento. Además, no podía cerrar el libro sin más y colocarlo en la librería y empezar otro. De hecho, no he podido empezar otro libro desde entonces y no me despertaba interés el que ya tenía a medias. Es como cuando acabas una onza de intenso chocolate, que intentas retrasar el momento de lavarte los dientes o de comer otra cosa para mantener el saber el máximo de tiempo posible en tu boca. Así, creo que estoy intentando retener los poemas y las palabra de Szymborska sobrevolando sobre mi espíritu, que el tiempo no los desvanezca, que el viento de los días no los diluya como la niebla, que las otras lecturas no borren las palabras como cuando escribes en la arena.

Sentí que para que esos poemas me acompañaran más tiempo, para que pasaran a formar parte de mí habría sido capaz de comerme página a página si así hubiera podido fundirse con su esencia como nuestro cuerpo absorbe la vitamina C cuando comemos una naranja.

De adolescente copiaba fragmentos que me gustaban en una libreta. Luego los releía una y otra vez y, algunos, los memorizaba. Por qué perdemos algunas buenas costumbres cuando crecemos? Ya no nos queda tiempo para memorizar un poema o leerlo veinte, treinta, cincuenta veces. Ahora subrayo los versos, los fragmentos que me gustan, y marco los poemas que me gustan enteros y donde no vale la pena subrayar cada frase. A veces hago fotos y los comparto en las redes sociales. Y me pregunto si eso es todo? Cómo puede ser eso todo? Cómo puede el arte y el talento de una escritora destilado en un puñado de poemas seleccionados consumirse en tres o cuatro días y olvidarse. Pero cómo retenerlos? Pienso que la única manera es trabajándolos, analizándolos, como cuando íbamos al instituto.

Vamos pues a intentarlo.

Szymborska plantea grandes preguntas que nos hemos hecho los humanos desde siempre. Por que soy un homano y no otro ser vivo o inanimado? Qué hacemos aquí? Qué sentido tiene nuestra existencia? Por eso cuál Heráclito avisa:

“Nada sucede dos veces

Ni sucederá, y por eso

Sin experiencia nacemos

Sin rutina moriremos”

Dicen que escribe poesía filosófica pero lo hace con un lenguaje sencillo, cotidiano, accesible. Y además, y aquí está también la clave, con un sentido del humor y una ironía que te arranca siempre una sonrisa ante preguntas sobre la existencia, sobre la naturaleza, sobre el cosmos, sobre la religión, la mitología. Tiene poemas sobre la conciencia, sobre el suicidio, sobre nuestro lugar en el mundo. Se pregunta siempre, se asombra ante el mundo que la rodea. Por eso, en sus poemas interpela a las nubes, a veces dialoga con las plantas o convierte en protagonistas a los gatos, al viento, a las tortugas, al número Pi. Como Irene Solà en “Canto jo i la muntanya balla” Pero en ningún caso resulta ridículo, sino totalmente verosímil y emocionante, poemas con de capas de significado que abren hilos de pensamiento únicos en cada lector.

A las plantas les viene a decir que ella lo sabe todo sobre ellas, pero qué saben las plantas con las que vive de ella:

“La relación unilateral entre vosotras y yo

 no va mal del todo

(…)

Per cómo contestar a preguntas nunca hechas,

Si, además, una es

Para vosotras tan nadie”

Y a las nubes las describe como elementos pasajeros, efímeros para los que nuestros dramas personales nada importan.

“Frente a las nubes

hasta una piedra parece un hermano

 en el que se puede confiar

y las nubes, nada, primas lejanas y frívolas.

Que exista gente si quiere,

 y después que se muera uno tras otro,

poco les importa a las nubes

todas esas cosas

tan curiosas”

He leído que Symborska reivindicaba la Atlántida como aquel lugar de lugar al que huye nuestra imaginación. “La Atlántida, da igual si ha existido o no, es muy rentable. No sólo desde  el punto de vista científico. También psicológicamente. Es necesaria como un ejercicio de imaginación. No vale la pena vivir desgastando toda nuestra imaginación en temas prácticos”

Al mismo tiempo habla de la guerra, de los refugiados, de la absurdidad de las fronteras.

“¡Qué poco herméticas son las fronteras de los reinos humanos!

¡Cuántas nubes vuelan impunemente sobre ellas,

cuántas arenas del desierto pasan de un país a otro,

 cuántas piedras del monte ruedan por propiedades ajenas

 dando provocativos saltos!”

Aquí sobre la guerra

“Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo”

Nos habla también del amor. Pero no de un amor fácil y sensiblón, sino de un amor cotidiano.  Como un poema delicioso sobre el amor a primera vista donde nos deja entrever cuántas veces se cruzaron antes de conocerse y no se percataron el uno del otro, que me recuerda a como la casualidad juega con los protagonistas de “Los amantes del círculo polar. También le dedica un poema al amor con el que duermes cada noche:

“Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.

No vuelo sobre él, de él no huyo

Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca

No es mi voz el canto del pez en la red

(…)

Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped

Que abriera las paredes a su paso.

Tiene poemas dedicados al insomnio de las cuatro de la madrugada, que tan bien conozco:

“Hora vacía

Sorda, estéril.

Fondo de todas las horas.

Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.

Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,

Habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,

Si es que tenemos que seguir viviendo”

Poemas sobre echarse a suerte quién va a visitar a una persona moribunda al hospital, poemas dedicados a Casandra o al a mujer de Lot:

“Por no mirar más el cogote justo

 de mi esposo Lot.

 Por la súbita certeza de que, si muriera,

ni si quiera se habría detenido.

Por la desobediencia de los sumisos”

 Y a todo esto, tenemos que tener en cuenta que estos poemas que me han impresionado tanto están escritos en polaco y traducidos al castellano, no quiero ni imaginar lo que debe ser leerlos en la lengua original. Así que estoy muy agradecida a los traductores y traductoras que me los han traído hasta aquí y a la editorial que ha decidido que valía la pena invertir tiempo y dinero en publicar un libro de poesía polaca. Así que quiero acabar mi pieza citando que el libro en cuestión es “El gran número” y “Fin y principio” de Poesía Hiperión, y que los textos han sido traducidos al castellano por un equipo de 9 personas.

dimarts, 29 de desembre del 2020

39 libros que me han acompañado este extraño 2020

 

Mucha novela corta, novelas situadas en el periodo de entreguerras en Europa Central, alguna obra de no ficción, algunas de puro entretenimiento, algunos libros de relatos, este extraño 2020 he leído bastante y la lectura ha sido uno de mis grandes refugios, una forma de huir de esa realidad amenazante, pero me gustaría haber leído mucho más. 

Este año también he descubierto dos programas de radio que me han acompañado, Ciutat  Maragda i una Habitació Pròpia (ja desparegut) y que se han convertido en mis compañeros de running en forma de postcast que escucho cuando voy a correr. Después llego con miles de anotaciones y a engrosar la lista de lecturas pendientes. También este año he visto muchas series, una de ellas Babylon Berlin me abrió el interés por libros situados en el periodo de entreguerras en la Europa Central, un hilo del que he ido tirando.

En medio de estas lecturas he leído ensayos para el máster de literatura y he ido leyendo poesía en algunos momentos puntuales. Pero la poesía no la leo toda de un tirón como si fuera una novela sino poemas sueltos de vez en cuando.

1.       Leer Lolita en Teherán. Azar Nafisi.

Por recomendación de la compañera de Groenlandia Ana de Madrid. Un libro delicioso sobre la literatura y la situación de la mujer en Irán.

 Ensayo sobre la lucidez. José Saramarago.

Lúcida novela sobre la política, la manipulación, la absurdidad del sistema. Leyendo sobre el estado de excepción, el toque de queda y el confinamiento en la ficción tres semanas antes de vivirlo en la realidad.

 

3.      Listas, guapas y limpias. Anna Pacheco.

Interesante por explicar una historia y una realidad que me es cercana y que no se acostumbra a leer.

 

4.      Días sin ti. Elvira Sastre.

He tenido que hacer un esfuerzo para poder acabarlo. No me interesaba la historia, recrea escenas que ya he visto en películas y el lenguaje es cursi y sensibilón.

5.      Qué vas a hacer con el resto de tu vida. Laura Ferrero.

Entretenido y tiene algunos pasajes muy líricos pero prescindible.

6.      Tenía que ser aquí. Maggie O’Farrell.

Engancha en algunos momentos, promete mucho al principio pero luego se va desinflando. En todo caso, una lectura aditiva pero ya casi la he olvidado.

7.      Cuando aparecen los hombres. Marian Izaguirre.

Pasatiempo sin más.

8.      Gente Normal. Sally Rooney

Lectura aditiva, de las que no puedes irte a dormir para seguir leyendo.

9.      La madre de Frankenstein. Almudena Grandes

Como siempre en este proyecto de Almundena Grandes de escribir novelas sobre historias olvidadas de la guerra y la postguerra española, la historia de partida es fascinante. También la oportunidad de conocer el sistema de salud mental en la postguerra española, pero después se pierde el hilo con la historia del médico y la auxiliar. Posiblemente la novela que menos me ha atrapado de este proyecto.

10.   El mundo de Sofía. Jostein Gaardner.

Lectura empezada hace mil años y nunca acabada, le di el impulso final aprovechando que estudio filosofía por si podía ayudarme a un poco de contexto. Me saltaba todas las partes narrativas para concentrarme en la teoría y tomar notas simples.

11.   Los crímenes de Mitford. Jessica Fellowes

 Novela de misterio en la Inglaterra de principios de siglo XX. Para pasar el rato.

12.   Las hijas del capitán. María Dueñas.

Otro pasatiempo entretenido. Me resultó interesante por conocer la historia de los inmigrantes españoles en el Nueva York de los años 30. Además coincidió que estaba viendo La Conjura contra América en HBO que es de la misma época y lugar pero sobre la comunidad judía.

 

13.   Autodifesa di Caino. Andrea Camilleri.

Para no perder práctica del italiano. Ocurrente. Divertida. Una forma de darle la vuelta a la historia. Caín como el héroe antianimalista que mata a su hermano porque maltrataba a los animales.

 

14.   Un corazón demasiado grande. Eider Rodríguez.

Cuentos inquietantes sobre las pequeñas mezquindades de la vida cotidiana. Muy bien escrito.

 

15.   Lectura fácil. Cristina Morales.

De fácil nada. Empieza con mucha potencia pero me ha costado acabarlo. Es valioso por la experimentación sobre los puntos de vista e irreverente en el lenguaje. Pero a mi se me hacía pesado.

 

16.   Momentos estelares de la humanidad. Stefan Zweig.

Una delicia como siempre, para ir leyendo a ratos. Breves capítulos de instantes importantes en la Historia.

 

17.   La joven de la leica. Helena Janeczek.

Historia novelada de la figura de Gerda Taro a partir de cuatro puntos de vista. Me costaba seguir la lectura por la forma cómo está escrito pero me resultó muy interesante el ejercicio de reconstrucción de su vida y también por el momento que refleja. La Alemania de entreguerras, la París preguerra, la Guerra Civil.

 

18.   Conversaciones entre amigos. Sally Rooney

Repito con Rooney y vuelvo a engancharme a la lectura. Me pasa con algunas autoras que la forma de escribir me resulta aditiva, aunque el argumento no tenga mucho interés (Marta Rojals también o Eva Baltasar). Apenas recuerdo de qué iba pero lo leí casi de una sentada.

 

19.   Un verano sin hombres. Siri Husdvet

Delicado, delicioso, sobre la amistad entre mujeres, la literatura, la depresión, los problemas mentales. El libro que  más me ha gustado de Husdvet hasta el momento. Lo leí después de escuchar el programa Una Habitació Pròpia de Irene Rodrigo.

 

20.   El libro del día del juicio final. Connie Willis.

Siguiendo también el consejo de Eva Patricia Gil a través de Twitter. Un entretenimiento, pero muy inquietante por la situación actual. Una pandemia en forma de virus sacude el mundo a mitad del siglo XXI con viaje en el tiempo incluido a la Europa de la peste negra.

 

21.   El chal. Cyntia Ozyck

Novela breve que leí siguiendo los consejos de Ciutat Maragda. También muy angustiante sobre una madre judía, su sobrina y su hija recién nacida en un campo de concentración nazi.

 

22.   La campana de vidre. Sylvia Plath

Ha sido casualidad y no era le mejor momento pero he acabado leyendo libros bastante angustiosos este años, que era lo que menos  necesitaba. Lírico, delicado en su forma pero asfixiante en su contenido. El periplo por los problemas de salud mental e intentos de suicidio de su joven protagonista. Lo leí después de escuchar el programa Una habitación pròpia de Irene Rodrigo.

 

23.   Una letra femenina azul pálido. Franz Werfel.

También recomendación de Ciutat Maragda. Novela breve muy bonita sobre una historia de amor de juventud y el reencuentro en la madurez en la Austria de entreguerras. Habla sobre la mezquindad y la vileza del alma humana. De como nos traicionamos a nosotros mismos y a los demás por encajar, por seguir un estilo de vida, por ser aceptados.

 

24.   El ruiseñor. Kristin Hannah

De nuevo, una novela de entretenimiento pero que te engancha. La historia de dos hermanas, muy diferentes, en la Francia ocupada de la II Guerra Mundial. Y como cada una a su manera lucha contra la situación. Interesante conocer la historia de cómo pasar soldados aliados a través de la frontera con Euskadi. Recomendación de mi amiga Aitana.

 

25.   Permagel. Eva Baltasar

Una lectura adictiva, una vez más. Me interesa la protagonista, su relato personal, sus vivencias, otra vez los intentos de suicidio y los problemas de salud mental, pero también la forma irreverente como está escrito, el sentido del humor corrosivo. Libro prestado por Anna Oliet.

 

26.   El corazón de las tinieblas. Joseph Conrad.

Clásico pendiente para leer en verano. Es una novela bastante breve pero muy intensa y densa. Otra lectura para inquietarte el alma, pero un referente para entender la literatura y el cine. Angustioso camino por el río adentrándote en la selva y el alma humana. Lo leí después del programa especial de Una habitación propia con Irene Rodrigo.

 

27.   El reino de las mujeres. Anton Chejov

Una novela breve más que apunté en el especial sobre novela corta de Ciutat Maragda. Excepcionalmente bien escrito pero la historia no me deja mucho poso. Una joven de origen humilde que hereda una fortuna y que duda si seguir soltera. Casarse es lo que se espera de ella pero no se ve al lado de un hombre. Su sensación de desclasada no la ayuda en la decisión. Elegir un hombre rico que se sentirá superior a ella o a un hombre humilde que no encajará en su mundo. Todo sucede en una jornada completa del día de Navidad.

28.   Reencuentro y Un alma valerosa. Fred Uhlman.

También del especial de novela corta de Ciutat Maragda. Son dos novelas cortas en una, explicada desde dos puntos de vista y desde dos momentos históricos diferentes. La historia de una amistad entre dos chicos, uno judío y otro hijo de alemanes nazis, en la Alemania de entreguerras. La versión desde el punto de vista del chico judío me pareció deliciosa, la versión desde el punto de vista del chico hijo de nazis me decepcionó. En todo caso, muy recomendable.

 

29.   La tela de araña. Joseph Roth

Ya que el año me estaba llevando por casualidad a la Europa Central del periodo de entreguerras, decidí buscar proactivamente una novela que hablara de esta época y en diversos programas de radio la citaron. Interesante por la época que describe y la historia de un joven arribista sin escrúpulos como se abre paso en los movimientos nazis en Munich, publicada pocos días antes del golpe de Estado de Hitler en 1923. Pero me costaba la lectura y seguir el curso de las idas y venidas del protagonista de un bando a otro.

30.   La trena. Laetitia Colombani.

Es un préstamo de Eva Mimbrero. Una bonita historia trenzando la vida de tres mujeres en tres lugares diferentes del mundo.

31.    El niño perdido. Thomas Wolf

Descubierto gracias al programa Una Habitació Propia de Irene Rodrigo, es una lectura maravillosa. Una novela corta sobre el hermano de Wolf que murió cuando era adolescente y él era un niño, un hermano brillante, inteligente, guapo, con un futuro excelente por delante. La historia está contada desde diferentes puntos de vista. Maravillosa.

 

32.   Boulder. Eva Baltasar

Repito con la autora después de la buena impresión dejada por Permagel pero esta historia me deja bastante indiferente, pese a los ingredientes con los que podría conectar. Me atrapa en las primeras páginas con la vida en el barco pero desconecto con la existencia en Islandia. Préstamo de Anna Oliet

33.   Volver a casa. Yaa Gyasi.

A través de una recomendación de una desconocida en Twitter resultó ser un libro sorprendente sobre una estirpe familiar que se remonta finales del siglo XVIII en un país previsiblemente Senegal y llega hasta nuestros días. Una historia muy dura sobre la esclavitud, el colonialismo, los abusos de poder, el racismo que se desarrolla a los dos lados del Atlántico.

34.   Quan arriba la penombra. Jaume Cabré

Un préstamo de Eva Mimbrero que también fue todo un hallazgo por sus relatos sorprendentes, su ingenio en la prosa, su dominio del lenguaje, los diferente estilos, una experimentación formal en cuentos llenos de humor negro.

 

35.   A corazón abierto. Elvira Lindo

También un préstamo de Eva Mimbrero, una lectura deliciosa que he disfrutado mucho sobre la vida de la escritora centrada en la figura arrolladora de su padre. Una historia íntima pero cargara de sentido del humor y también ternura.

36.   Mr. Dalloway de Virginia Woolf

Posiblemente el mejor libro que he leído en este año. Después de una frustrada incursión hace ya mucho tiempo quiso volver a intentar leer a la escritora británica y esta novela me cautivó. Un estilo deslumbrante con un lirismo y una belleza espectacular. Se trata de una novela que tiene lugar en un día, mientras la protagonista preparar una fiesta. También habla de cómo nos traicionamos a nosotros mismos, de quiénes somos y en quiénes nos hemos convertido. Hay un comentario en otra entrada del blog.

37.   El viaje más largo. Manu Leguineche.

Una lectura que me ha durado desde que empezó el confinamiento hecha a fuego lento, leyendo cada capítulo con calma a la luz del sol en el balcón, acompañando esta aventura del periodista cuando en su juventud se aventuró con tres amigos a recorrer el mundo en un coche destartalado. Recorremos durante dos años a principios de los 60 el norte de África, Oriente Medio, cruzamos Afganistán e Irán, nos perdemos en la India, llegamos con la guerra del Vietnam. Un recorrido por la geografía y la historia reciente.

38.   La noche fenomenal. Javier Pérez Andújar.

Después de quedar deslumbrada por Los príncipes valientes me ha quedado muy distante esta fabula desmadrada de ciencia ficción que parece un capítulo de Cuarto Milenio. Me ha costado mucho seguir el hilo y llegar al final.

 

39.   Las olas. Virginia Woolf

Sigo con mi incursión en Woolf. Ha sido un lectura más ardua y difícil que Mrs. Dalloway, tal vez era la traducción que costaba. Es un libro preciosamente escrito, lírico, que explica la historia de un grupo de 6 amigos desde su infancia hasta la vejez a través de sus hilos de pensamiento entremezclado. Una lectura un tanto hermética y dificultosa pero que ha valido la pena. Hay un comentario en otra entrada del blog sobre el libro.


diumenge, 6 de desembre del 2020

Las olas de Virgina Woolf

 

Siguiendo con mi incursión en la obra de Virgina Woolf me he sumergido en Las Olas.

No es una novela fácil de leer, es ardua, densa, de frases largas  y cargadas de imágenes, metáforas, de sentido, de profundidad. Le lectura no da nunca tregua. Es un torrente de pensamientos.

Eso sí, vuele a ser una obra innovadora en el estilo, en la forma, en la presentación y está escrita con el lirismo exquisito. Es como una danza, un baile, el rumor de olas, un batir de alas, un balanceo. Sin embargo, paradójicamente a su lenguaje poético lo que explica es tan prosaico como el gris del tedio del transcurrir de la vida. Concretamente, la vida de un grupo de 6 amigos (3 chicos y 3 chicas).

El libro lo constituye un monólogo de pensamientos de cada uno de ellos desde su más tierna infancia hasta la vejez, entremezclados, a menudo sin identificar en el texto quién habla pero que acabas reconociendo. Las decepciones, las frustraciones, las renuncias de la vida cotidiana las envidias, los complejos, los miedos, a medida que crecemos, aquello en lo que nos convertimos.  Es una preocupación que también vemos plasmada en Mrs. Dalloway de Woolf donde los personajes se preguntan si han traicionado sus sueños, si se han convertido en aquellas personas que juraron no ser.  En consecuencia, en toda la novela se percibe una rebeldía, un inconformismo, una rabia contenida contra las convenciones, la rutina, la vida cíclica, la estabilidad, las costumbres, lo que ahora se denomina la zona de confort.

Estos son algunos de los fragmentos que más me han llamado la atención y que reflejan todo lo comentado:

“¡qué extraño es abrirse paso entre la multitud cuando se ve la vida con los ojos encendidos por las lágrimas que pugnar por asomar a ellos”

“he perdido mi juventud. Es extraño cómo en cada crisis moral, alguna frase hecha, alguna frase absolutamente fuera de lugar, acude en nuestra ayuda: tal es la desdicha de vivir en medio de una civilización demasiado viaja y de poseer una libreta de notas”

“¡Cómo me habéis encadenado a una silla!!

“Con cuánta rapidez corre ahora la vida desde enero a diciembre! Somos arrastrados por el torrente de las cosas, que se han tornado tan familiares que ya no proyectan sombras”

“Soy prisionero del lugar que ocupo dentro del puzle”

“Yo amo lo que se puede tocar, lo que se puede morder. Amo la lluvia cuando se transforma en nieve y se convierte en algo palpable”

“Se percibe un ruido semejante al de vagones alineados a un lado del garaje. Tal es el feliz encadenamiento de los acontecimientos de nuestra vida. Toc, toc, toc, toc. Es preciso, es preciso, es preciso. Es preciso partir, es preciso dormir, es preciso despertar, es preciso levantarse. Palabras sabias, palabras piadosas que pretendemos detestar, pero que nos llevamos al corazón oprimiéndolas y sin las cuales ya no seríamos más ¡cómo adoramos ese ruido semejante al de vagones que se engarzan unos a otros sobre los rieles!

“¡Cuán cansado estoy de historias, cuán cansado de las frases que se posan elegantemente sobre el suelo y se ponen a caminar con un pie seguro!

“comienzo a soñar con un lenguaje ingenuo como el que emplean los amantes, hecho de palabras cortadas, desarticuladas, semejantes al ruido de pasos que se arrastran sobre el pavimento”

“Y luego aquella rigidez áspera como la piel de una foca, que son las flechas negras del dolor cuando no hay cartas, cuando ella no viene. Las sospechas asoman entonces sus cabezas por entre sus caparazones, horror de los horrores”

“Y sin embargo, la vida es agradable, es tolerable. El martes sucede al lunes; luego viene el miércoles. El espíritu crece y se multiplica. El sentimiento del Yo se fortifica; también el dolor es absorbido en este continuo crecimiento. Abriéndose y cerrándose, cerrándose y abriéndose, con un incesante murmullo, el apresuramiento y la fiebre de la juventud encuentran su empleo hasta que todo ser parece maniobrar con la perfección de un mecanismo de rejo ¡ con qué rapidez nos transporta la corriente de enero a diciembre! ¡somos arrastrados por un torrente de las cosas y estas cosas se han tornado tan familiares que ya no percibimos su sombra”

“cuando uno mismo comienza sus cartas con las palabras “muy señor mío” y las concluye con la expresión de sus sentimientos más distinguidos. Uno no puede despreciar esas frases que atraviesan nuestras vidas tumultuosas con la rectitud de un camino romano, puesto que ellas nos obligan a marchar al paso, como gentes bien educadas cuya circulación es regulada por el gesto lento y medido de los policías del tránsito, aun cuando uno pueda estar entretanto susurrando por lo bajo”

“Cada día arroja sobre la playa la misma ola de bienestar, repetir la misma curva de ritmo avanza un poco más lejos sobre la playa o muere sobre la arena  un poco más atrás”

“Hay gente que busca un refugio junto a los sacerdotes: otros, en la poesía; en cuanto a mí, me refugio junto a mis amigos, junto a mi propio corazón; yo parto a la búsqueda de alguna cosa intacta”

“¡Es extraño cómo los muertos se arrojan sobre nosotros en las esquinas de las calles o en los sueños!”

“Durante un instante, vimos, extendido entre nosotros, el cadáver del ser humano completo que no habíamos logrado ser, pero al cuán no podíamos olvidar”

“Hemos renunciado al sitio que nos pertenecía y yacemos sobre tierra, aplastados, marchitos, y bien pronto olvidados”

“Ya no sentía apetito de engullir cosas”

dissabte, 31 d’octubre del 2020

Mrs. Dalloway, mi reencuentro con Virgina Woolf y las preguntas sobre las personas en las que nos hemos convertido

 

Este verano me propuse darle una nueva oportunidad a mi relación con Virginia Woolf, puesto que sólo había tenido un encuentro frustrado con ella hace años a través de la lectura de Al faro. Me parecía extraño que fuera una autora referente para escritoras que me gustan y que a mí no hubiera logrado tocarme. Así que decidí volver a intentarlo con Mrs. Dalloway, y ahora no pienso dejarlo. Incluso voy a releer Al faro para comprobar si aquel desencanto tuvo más que ver con el momento o la edad en que lo leí.

Resulta evidente que me ha fascinado la lectura de Mrs. Dalloway. Y es literal pero me ha atrapado desde la primera página. Creo que casi he llegado a leer con la boca abierta de administración los primeros pasajes de la novela que te llevan en volandas en un plano secuencia exquisita por una mañana de junio de Londres. Son muchísimas páginas de un travelling maravilloso que va saltando de personaje en personaje, que recorre las calles del centro de Londres a través del trayecto de un coche misterioso y luego se eleva siguiendo la estela de un avión que cruza el cielo de la ciudad. A través de estos viajes nos van llegando retazos de conversaciones, fragmentos de pensamientos, olores, texturas, colores, sueños, decepciones y el cruce casual de los principales personajes de la novela que se van entrelazando a lo largo de todo un día.

Y es que a la imagen del Ulises de Joyce, Mrs. Dalloway es una novela que pasa en un solo día, aparentemente anodino, en la vida de Clarissa Dalloway mientras prepara una fiesta. Entonces te das cuenta que a menudo el argumento en sí no es lo más importante y aquello que te deja huella son los personajes así como la técnica para hacérnoslos llegar. Sinceramente, creo que pocas veces he leído una novela donde esté lograda de forma tan brillante la representación del hilo de los pensamientos que va saltando de un personaje a otro, de una escena a otra, del pasado al presente sin que te deje ir nunca de la mano. Recrear los pensamientos no es un recurso fácil. A menudo se tienden a presentar de forma ordenada, estructurada, coherente, cuando todos sabemos que el pensamiento es a menudo un caballo desbocado que se mueve sin dirección, orden y va saltando de un asunto a otro, se pierde, desvaría, se aleja y, en algún momento vuelve a la realidad. Como tan bien retrató Cortázar en el cuento “El perseguidor “, a menudo, los pensamientos que tienen lugar entre dos estaciones de metro consecutivas sirven para recrear toda una vida. Woolf a demás logra un fascinante contraste entre los dos planos: la libertad de los pensamientos de los personajes frente al control y rigidez que expresan en sus diálogos.

En Mrs. Dalloway conviven dos personajes principales cuyas vidas van entrelazándose sin llegar nunca a tocarse. La misma Clarissa con los preparativos de su fiesta y Septimus Warren Smith, que atormentado por las experiencias vividas en la guerra nos presenta el padecimiento de los trastornos mentales y las ideas de suicidio. Sin embargo, me han resultado mucho más interesante la mirada sobre los protagonistas que tienen los personajes que los envuelven, como la mujer de Septimus que vive angustiada por no saber cómo ayudar y aliviar el padecimiento de su marido. Y especialmente el personaje de Peter Walsh, antiguo amor de juventud de Clarissa que reaparece de pronto en su vida y nos permite saltar al pasado y cuya presencia abre uno de los grandes temas de la novela que  nos interpela también como lectores: en quién nos hemos convertido, somos las personas que queríamos ser cuándo teníamos 15 o 20 años, nos hemos convertido en aquello que intentábamos evitar, fuimos valientes y cobardes, a dónde nos han llevado nuestras decisiones, fueron acertadas o equivocadas, estamos a tiempo de cambiar la ruta que trazaron aquellas decisiones.

Así comprobamos que se ha cumplido el pronóstico que un joven Peter le hacía a una adolescente Clarissa para provocarla cuando aseguraba que acabaría casada con un político y siendo una maravillosa anfitriona. “How he scolded her! How they argued! She would marry a Prime Minister and stand at the top of a staircase; the perfect hostess he called her (she cried over it in her bedroom), she had the makings of the perfect hostess, he said”. Y, efectivamente, Clarissa está casada con un diputado y es una sociable y adorable mujer que disfruta organizando fiestas para amigos y conocidos. A la joven Clarissa esa perspectiva de futuro la hacía llorar y enfurecer. Y sin embargo, ahora es aparentemente feliz. Sin embargo, Woolf nos insinúa que Mrs. Dalloway duerme separada de su marido, no tienen una vida sexual satisfactoria y tiene problemas de salud como migrañas, insomnio y ha sufrido algún episodio de inestabilidad emocional que no se llega a concretar. Nos encontramos a una Mrs. Dalloway madura, consolidada en su papel, que no duda de lo que tiene pero que algún momento esa fachada de satisfacción se resquebraja. No debe ser fácil confrontarte a ti misma con esa imagen de persona que juraste que nunca serías.

En un momento de su juventud Clarissa tomó un camino e hizo una elección que fue casarse con un hombre bueno pero anodino que le ha comportado una vida cómoda, previsible, estable en la que es feliz. “But she had often said to him that she had been right not to marry Peter Walsh; which, knowing Clarissa, was obviously true; she wanted support. Not that she was weak; but she wanted support”. Tomó conscientemente esa decisión en lugar de tomar otros caminos como seguir explorando los sentimientos y la atracción por una mujer, su mejor amiga de entonces que también hace aparición en la fiesta, o continuar su relación tormentosa, retadora con  Peter que a menudo la cuestiona, la provoca, la remueve.  El personaje de Peter Walsh es, sin duda, mi preferido, como ese hombre idealista e inquieto que fue rechazado, que sufrió, que huyó a la India para recuperarse, que nunca ha olvidado, que sigue sintiendo amor y a la vez rechazo por la mujer en la que Clarissa se ha convertido porque reconoce las cosas que adoró así como aquellas en las que temía que cayera.

Mrs.Dalloway me parece una novela redonda, brillante, exquisita tanto por su técnica y estilo como por la profundidad de los temas que presenta de una forma sutil, discreta, delicada bajo la anodina apariencia de la organización de una fiesta.

Así que Woolf, ya soy toda tuya.  

diumenge, 2 d’agost del 2020

Gerda Taro, la leica y la maleta mexicana

Un nuevo caso de mujer que ha pasado a la historia por ser la “pareja de” aunque reunía méritos propios para hacerlo en su propio nombre, aunque fuera con un pseudónomio. Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle, fue una de las pioneras del fotoperiodismo. Además, tiene el triste honor de ser considerada la primera mujer fotoperiodista que cubrió un frente de guerra y la primera muerta en el campo de batalla. Fue en la Guerra Civil española hizo ayer justamente 83 años.

En la Guerra Civil española nace el fotoperiodismo cuando algunos fotógrafos se trasladan al frente parar cubrir la contiendan y sus fotos son compradas por medios internacionales para informar del conflicto. Taro lo hace a través de la agencia Capa que había fundado junto con su pareja, Robert Capa cuyo nombre y personaje también es obra suya. Aquellos primeros fotógrafos crean el fotoperiodismo de guerra con una mirada cercana, descarnada, desprovista de grandilocuencia, retratando la vida cotidiana, los detalles del frente y de la retaguardia, siendo testimonio de la realidad de la guerra moderna que no son las grandes batallas de los libros de historias sino los hombres tras las trincheras solitarios con un fusil al hombro.

Me ha llevado a profundizar un poco más en  la vida y obra de Gerda Taro le lectura de
“La chica de la leica” de Helena Janeczek que ganó el premio Strega que siempre me parece una garantía. Sin embargo, y una vez más esta temporada, no ha sido una lectura fácil. No se si mi impresión habría cambiado de leer la novela en italiano que es como está escrita originalmente, así que no sé si es un tema de la traducción o del estilo de la autora pero la construcción de las frases, los rodeos, el hilo narrativo me ha expulsado a menudo de la lectura, y he tenido que esforzarme por volver a sumergirme una vez tras otra. Puede que también sea porque la historia de Gerda está contada a través de tres personajes testimonio que explican su vida desde tres puntos de vista de personas que la quisieron. Un amigo eternamente enamorado de ella, su novio de juventud y su mejor amiga y compañera de piso. Ese punto de vista para explicar la historia me parece muy interesante y un reto que hace tiempo que también intento trabajar, pero es realmente muy complicado poder enganchar narrando una historia cuando te lo cuenta alguien que sólo vivió fragmentos. Por eso, la experiencia de Taro en la Guerra civil española en esta novela es mínima puesto que ninguno de los tres narradores compartió esas vivencias con ella. Sin embargo, sí que resulta muy interesante descubrir a la jovencita entusiasta, comprometida, rebelde en la Alemania de entreguerras.  Me ha hecho pensar en otras historias de jóvenes extraordinarias que vivieron esta época y cuyas biografías leí hace tiempo como la de Annemarie Schwarzenbach que recuperó Melania Mazzuco en “Ella tan amada” o la obra “Tu no eres como las otras madres” de Angelika Schrobsdorff. 

 

Vinculada a los movimientos obreros y socialistas a principios de los años 30 en pleno ascenso del nazismo, tiene que huir de Alemania después de ser detenida. Y llega a París de los años 30 que también es un escenario fascinante que conocemos sobre todo a través de la narración de su amiga con quién comparten piso. En ese París donde se reúnen muchos refugiados de países donde está triunfando el totalitarismo, donde bulle la creatividad y el arte, el pensamiento. El París era una fiesta de Hemingway.

Taro murió en un fatídico accidente como decía el 1 de agosto de 1937 en la batalla de Brunete cuando volcó el coche en el que iba subida al estribo y salió disparada del vehículo yendo a caer debajo de un tanque del Ejercito Republicano. Su funeral se convirtió den un desfile de banderas rojas en París de todas la persona que estimaban a aquella joven fascinante. Tenía solamente 27 años.

La novela finaliza con una apasionante historia, la de la maleta mexicana. Se trata de la aventura por salvar de las manos de los nazis, y salvar como testimonio para la Historia, las fotografías que hicieron de la Guerra Civil española Capa, Taro y David Saymour (Chim). Los tres fotoperiodistas y amigos mandaban a su agencia Capa en París. Ante la inminente llegada de los nazis a París, uno de los amigos del grupo y fotógrafo también conocido como Csiki hizo una selección de las fotografías, la metió en una maleta y se fue en bicicleta hasta Burdeos atravesando una Francia en guerra con el objetivo de llegar hasta la costa y salvar el legado de los tres fotógrafos. No pudo llegar hasta la costa y le entregó los negativos a un chileno para que los llevara a su consulado. Ahí se pierde el hilo de la aventura. Csiki consiguió huir de Europa a tiempo y vivió exiliado en México donde se casó con la artista Leonora Carrington, de la que hablé justamente en el post anterior.

Las 450 fotografías y negativos se creyeron perdidos durante años. En 1995, en su lecho de muerte la hija del general mexicano Francisco Javier Aguilar Gonzalez le entrega una bolsa abandonada en un armario con cajas a hijo de un amiga suya, el director de cine Benjamín Tarver. Tarver descubre que en las bolsas hay unas cajas con negativos que pone “Espagne” con los nombres de Capa, Taro y Chim. Aguilar González había sido embajador de México ante el Gobierno de Vichy entre los años 1941 y 1942 y alguien le había entregado la maleta antes de coger un barco en Marsella lleno de refugiados españoles que se exiliaban a México.

Esta historia me ha llevado también a ver el documental “Lamaleta mexicana” que explica esa historia. Recuerdo que visité la exposición de las fotografías que estaban en la maleta en el MNAC hace unos años cuando pasó por Barcelona. Ahora que conozco mejor la historia, me gustaría verla otra vez. La maleta y los negativos se encuentran actualmente en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York.

 


diumenge, 12 de juliol del 2020

La campana de vidre, de Sylvia Plath


Diuen que un cop publicats, els llibres són dels lectors i no ja dels seus autors. Certament, una obra és única i resta sempre igual al moment en el qual la va crear l’escriptor o escriptora (malgrat a vegades fan revisions) però el que sí canvien són les lectures, particulars i diverses, que fa el lector. Fins i tot, el mateix lector o lectora al llarg del temps pot canviar la seva vivència. L'obra té la mateixa estructura, els mateix llenguatge, el text no ha canviat ni una coma però amb el pas dels anys tu sí que has canviat i aquelles paraules prenen nous significats. O fins i tot, prenen significat, finalment!

Aquests dies he tornat a llegir un llibre de poemes que tenia a la meva biblioteca i al que no havia tornat des de fa 20 anys perquè en el seu moment em va semblar un text llunyà, hermètic, que no em deia res. De cop, amb la relectura l’he omplert de subratllats. Es tracta d’un llibre de poemes de la Sylvia Plath. No recordo exactament quan el vaig comprar però és una bona pista que el preu estigui marcat en pessetes a la portada. Per tant, abans de l’entrada de l’euro. El que sí recordo és on el vaig comprar: en un llibreria de llibres barats que hi havia al carrer Pelai de Barcelona i ja no existeix.

He tornat a aquest llibre perquè he llegit “La campana de vidre”, la única novel·la de Sylvia Plath, que a més es va publicar poques setmanes abans del seu suïcidi. Realment aquesta no és la millor lectura per pujar la moral en aquests temps de desànim, atès que la protagonista, especialment durant la segona part del llibre, es dedica a intentar, una vegada i una altra, frustrats de suïcidi. La novel·la és en gran part autobiogràfica i mostra aquest catàleg de formes de treure’s la vida que va intentar la mateixa Sylvia Plath i el seu periple per diferents centres psiquiàtrics on va rebre diferents tractaments com ara teràpia d’electroshock.

“La campana de vidre” m’ha generat una sensació de claustrofòbia i angoixa, que feia que tingués moltes ganes de finalitzar la lectura. Per tant, podríem dir que no és una lectura que hagi gaudit. Tanmateix, no és potser aquest l’objectiu del text? No és la fita que aconsegueix Plath en transmetre’m el seu neguit, la seva tristesa, el seu desassossec? Algunes crítiques destaquen el sentit de l’humor i la ironia que es desprèn del text, però jo no ho he sabut copsar. El que a mi m’ha arribat és una apatia, una inacció, una manca d’esma per viure, una desafecció per les persones i les coses, una sensació d’aïllament, una falta d’il·lusió i vitalitat de la seva protagonista, alter ego de Plath. Però és que és justament això el que amaga el preciós títol del llibre, que és una de les coses que més m’ha agradat. Ella explica que té la sensació de viure dins d’una campana de vidre, on l’aire està viciat, on no pot respirar, on tot va més lent, on tot arriba esmorteït. Malgrat tot, he reconegut en la jove protagonista, o jove Plath, molts sentiments, pensaments, sensacions que jo mateixa havia experimentat en l'adolescència i primers anys de joventut. Es nota que la novel·la està escrita per una persona versada en la poesia, és lírica, plena d'imatges, de metàfores.

D’altra banda, la protagonista i imagino que la mateixa Plath, són éssers que no encaixen en la societat que els ha tocat viure. Però és que no pot ser d’una altra manera. Si ets una artista, si ets una poetessa, inevitablement has de tenir una sensibilitat extrema, has de ser un ésser especial. Però el món convencional i mediocre tolera malament aquestes ànimes sensibles. Quants artistes, escriptors, músics, pintors no han estat víctimes del corró uniformador de la societat normalitzada. Quant patiment no hi ha darrera d’aquest desig, evidentment frustrat, de ser com els altres, de ser “normal”, de ser acceptat. Quants artistes com ara Sylvia Plath han estat internats en centres psiquiàtrics i han acabat traient-se la vida? I si ets dona, encara és més complicat exposar-te davant la societat, el teu entorn, la teva família per defensar que vols fer una carrera artística i no seguir la vida tradicional que s’espera de tu. El cas de Sylvia Plath m’ha fet pensar també en Leonora Carrington, pintora i escriptora surrealista, que també va ser internada en un centre psiquiàtric (curiosament a Santander) pel seu pare.O també en Virginia Woolf.

Uns dies després d'escriure aquest text vaig pensar que "La campanya de vidre" tenia moltes connexions amb un altre llibre que vaig llegir fa poc, i que em va deixar la mateixa sensació neguitosa. Era "Los ojos vendados" de Siri Hustvedt que relata la història d'una estudiant de literatura a Nova York que també entra en un laberint fosc d'autodestrucció, depressió, aïllament i confusió. 

Malgrat reconec que “la campana de vidre” no m’ha acabat d’agradar, sí que és cert que no m’ha deixat indiferent. Ans al contrari, m’ha trasbalsat. Però aquest també és l’objectiu de la cultura. Sinó, com vaig escoltar un cop que explicava Marina Garcés volem un cafè descafeïnat,  un pastís sense sucre i una obra artística que no ens generi trasbals.  Certament, la novel·la m’ha permès entendre millor la figura de Sylvia Plath i això m’ha portat a recuperar la seva poesia, i ara sí, aquesta m’ha encantat. 20 anys després m'han arribat els seus poemes. Per què? Perquè m'ha passat la vida. Perquè en aquests 20 anys he conegut el dolor, el dol, la pèrdua, el perdó, les renúncies, la traïció, la resignació. El que passa és que ella va escriure aquests poemes amb poc més de 20 anys i jo no els entès fins passat els 40.

Algunes frases que més m'han cridat l'atenció del llibre:

- "Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante"

- "pensé en lo extraño que era el que nunca se me hubiera ocurrido que sólo había sido puramente feliz hasta cumplir los nueve años. Después —a pesar del excursionismo y las clases de piano y las clases de pintura a la acuarela y las lecciones de baile y el campamento de verano en la playa, todo lo cual mi madre siempre se esforzó por darme, y el colegio, con las carreras a través de la niebla antes del desayuno y los pasteles de fondo oscuro y los pequeños nuevos fuegos artificiales de las ideas resplandeciendo cada día— nunca había vuelto a ser verdaderamente feliz"

- "Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies"

- "En lugar de un mundo dividido entre católicos y protestantes, o entre republicanos y demócratas, o entre blancos y negros, o aun entre hombres y mujeres, yo lo veía dividido entre la gente que se había acostado con alguien y la gente que no lo había hecho, y ésta parecía ser la única diferencia verdaderamente significativa entre una persona y otra. Pensaba que experimentaría un cambio espectacular el día en que cruzara la línea divisoria. Pensaba que sentiría lo mismo que si alguna vez iba a Europa. Volvería a casa y, si miraba atentamente el espejo, lograría identificar un pequeño blanco monte alpino en el fondo de mi ojo".

- "Yo pensé que debían de haberlo traído del Japón. En Japón entendían las cosas del espíritu. Cuando algo les salía mal se arrancaban las entrañas"

- "Podía ser camarera o mecanógrafa. Pero no podía soportar la idea de ser ninguna de esas dos cosas".

- "Estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado".