dissabte, 5 de setembre del 2020

Porque me ha gustado tanto Mrs America

He disfrutado estos días viendo la serie Mrs. America, que creo que puede agradar a aquellas personas que nos gustan las series históricas y también sobre política. No es una serie fácil de ver, puesto que requiere de atención para estar pendiente del contenido de los discursos, las referencias históricas y el contexto del sistema político y legislativo de Estados Unidos.

La historia empieza a principios de los años 70 cuando está a punto de aprobarse una enmienda a la Constitución de Estados Unidos donde se reconoce la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Aparentemente los dos principales partidos están de acuerdo en introducir la enmienda. Sin embargo, el proceso para modificar la Constitución requiere que todos los Estados la ratifiquen. Si todos los Estados están de acuerdo, puede ser un proceso relativamente corto. Sin embargo, hay un plazo máximo de 10 años para que todos los Estados la aprueben. Pasado este tiempo, si no se ha conseguido esta unanimidad, se desestima la propuesta. Así pues, aparentemente va a ser un trámite sencillo porque todo el mundo está de acuerdo en la necesidad de introducir este cambio, algunos por convencimiento y otros porque es lo que toca en aquel momento. Sin embargo, una mujer en su ambición por conseguir tener visibilidad en su carrera política emprenderá una cruzada contra la aprobación de la enmienda, consiguiendo sumar a su causa, que a veces ni ella misma se cree, a muchas otras mujeres. El resultado, y este es un spoiler relativo porque sólo tenéis que consultar la Wikipedia para verlo, fue que consiguió que pasara el plazo de 10 años y algunos Estados no llegaron a aprobar la enmienda, quedando, por lo tanto, descartada. Así, llegamos a 2020 y al contrario que la mayoría de democracias, Estados Unidos no reconoce aún en su constitución la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Pese a todo, parece ser que con la reactivación del movimiento feminista de los últimos años y la fuerza que adquirió en Estados Unidos el movimiento #Metoo se ha logrado que los tres últimos Estados que quedaban pendientes aprobaran la enmienda hace escasos meses. De todas formas, he leído que no queda clara la legalidad de esta aprobación puesto que el plazo para aprobarla ya caducó.

Esta es la sinopsis y el contexto histórico de la serie, pero los motivos por los que me ha encantado son:

  •        Cada capítulo está presentado desde el punto de vista de algunas de las mujeres que protagonizaron esta historia. Incluso cada capítulo lleva su nombre. Es, por lo tanto, una visión poliédrica y diversa desde diversos puntos de vista que hace avanzar la historia de forma muy inteligente y rica.
  •         No es una historia de buenos y malos y posiciones de blanco y negro. Evidentemente, la serie se posiciona a favor del movimiento feminista y seguramente los espectadores también, pero tiene la habilidad para mostrarnos las contradicciones, los matices, los grises de situaciones que son muy complejas. Así, las feministas tienen conflictos sobre la transversalidad de su lucha que llegan hasta nuestros días. Incluir o no en las demandas la legalización del aborto, la representación de las mujeres racializadas, de las mujeres homosexuales, las disciplinas de partido a las que algunas deben someterse, partidos principalmente masculinos. La lucha por la coherencia, por traicionarse a sí mismas para lograr luchas colectivas, las renuncias que hay que hacer por el camino. Todos esos elementos tan reales, actuales y complejos están recogidos en la serie.
  •         También las contradicciones de las mujeres que luchan contra la aprobación de la enmienda. Están en contra de la igualdad entre  hombres y mujeres, pero notas como se rebelan interiormente cuando los maridos no las dejan estudiar, no las dejan viajar o cuando los hombres en una reunión de trabajo donde han sido invitadas para hablar como expertas les piden que tomen notas.  Viendo estas escenas te dan ganas de gritarles: “¡ Pero si sois feministas, no os dais cuenta!”
  •         Todos los personajes son reales y existieron en realidad. De hecho, la caracterización física de las actrices es extraordinaria. Es una delicia complementar el visionado de la serie mirando fotografías e incluso vídeos de las auténticas protagonistas.  Pueden verse en Internet imágenes, debates, entrevistas que están recreados también en la serie con mucha fidelidad.
  •         Las interpretaciones del elenco artístico son fabulosas. Evidentemente empezando por Cate Blanchett que está siempre asombrosa, pero también el resto de las actrices y actores (aunque aquí los hombres tienen un papel muy secundario)
  •         Justamente el único personaje de ficción es el que sirve tal vez de moraleja de la serie, puesto que es el que vive una evolución de su postura inicial, es que el que experimenta una toma de conciencia y un empoderamiento que resulta muy interesante de observar.
  •         Es un gozo también el trabajo técnico. El vestuario, la ambientación, los decorados, la recreación de escenas reales. Tienes la sensación de que cada detalle, cada color, cada elemento está pensado para cumplir una función simbólica.
  •         La cabecera de la serie es de las mejores que he visto con una versión disco de la Quinta Sinfonía de Beethoven que me resultaba inevitable no bailar desde el sofá  y unas ilustraciones preciosas muy setenteras.
  •         Aprendes muchas cosas que desconocías como que para la Asamblea de Mujeres de Houston se creó una antorcha, al estilo de la olímpica, que miles de mujeres hicieron avanzar en relevos corriendo por todo el país.
  •           La serie nos habla también del populismo, de los líderes que son buenos oradores y que, en ocasiones, sin creerse sus propias ideas y utilizando fakenews (datos e informaciones falsas) consiguen movilizar a una masa. En una de las entrevistas queda en evidencia que algunos de los argumentos que están utilizando son falsos como que con la enmienda van a enviar a las mujeres a la guerra y le van a quitar los hijos a las mujeres separadas. El peligro es que hemos comprobado que a veces estos discursos vacíos, pero efectistas y llenos de mentiras, desgraciadamente logran imponerse.  E incluso llegan a la presidencia de Estados Unidos.
  •         Algunas de mis escenas preferidas son momentos de sororidad como en el encuentro de mujeres en Houston cuando una de las antifeministas se levanta en contra de la opinión de sus compañeras para manifestar su apoyo a la unión de las mujeres. También otra escena emocionante nos muestra a un grupo de mujeres presentando una dimisión una a una para apoyar a otra compañera. Y finalmente encuentro brillante la escena final de la serie con Cate Blanchett poniéndose el delantal y poniéndose a pelar manzanas para hacer una tarta. Además, he leído que es un homenaje a la película Jeanne Dielman que yo desconocía. Su fracaso personal me genera, no puedo evitarlo, una pequeña satisfacción de venganza pero también tristeza. Porque su triunfo colectivo es nuestro fracaso colectivo.  

Actualmente podéis ver Mrs. America en la plataforma HBO.

dissabte, 15 d’agost del 2020

La comida la paga el abuelo

 

Todos los veranos de mi infancia y mi adolescencia hoy nos despertaba el repicar insistente de las campanas. Era imposible ignorar esa llamada. El sonido invadía nuestra habitación y nos arrancaba del sueño. Teníamos el campanario de la iglesia casi encima de nuestras cabezas. Los petardos y los primeros acordes de la banda de música acababan de desvelarnos después de una larga noche de fiesta. Con los años, al malestar físico propio de dormir poco y trasnochar habría que sumarle la resaca.

Y sin embargo, a pesar del sueño, del dolor de cabeza y del cansancio, la procesión de las doce del Día de la Virgen era una cita ineludible para todos, o al menos para mí. Me pasaba el año esperando ese momento donde todos lucían sus mejores galas. Aquel día estrenábamos siempre ropa nueva que habiámos comprado expresamente "para el día de la Virgen". En una época en que no comprábamos tanta ropa como ahora, estrenar era casi un acontecimiento limitado a Navidad y a las fiestas de agosto. Aquel era el encuentro donde todo el pueblo se encontraba, los que vivían allí y los forasteros como nosotros que en verano duplicábamos la población. Así que a veces saltaba de la cama quince minutos antes de empezar y sin ducharme, sin desayunar y con los ojos rojos me ponía un vestido nuevo y, a veces también estrenaba zapatos, decisión de la que solías arrepentirte antes de acabar la vuelta al pueblo. Si no asistías a la procesión no existías, si no estrenaba ropa no eras nadie. Mis tías no dudaban en plantarse sus vestidos estampados de flores y sus zapatos de tacón de colores llamativos, sus pendientes dorados y sus pulseras tintineantes. Mi abuela, y también mi madre que en eso más se parecía a su suegra que sus propias hijas presumidas y sociables, muchos años preferían quedarse en casa y evitarse el calor, el gentío y el festival de saludos y cotilleos. Pero yo que en eso siempre he sido más parecida a mis tías que a mi madre y  no me perdía por nada del mundo la pasarela social del año.

Después de la procesión y de la misa, llegaba el tercer acto de la representación que se celebraba en los bares con una cerveza para los hombres, un bitter kas para las mujeres y una fanta para los niños. Había que buscar bares con sombra o bajo las hojas de parra. Algunas mujeres, sobre todo las autóctonas regresaban a casa a deshacerse de los disfraces y ponerse el delantal para preparar la gran comida familiar. Las mujeres forasteras, la mayoría de ciudad y por lo tanto más modernas y atrevidas, acostumbraban a acompañar a los hombres a los bares a tomar el aperitivo antes de comer.

Era un día de celebración familiar muy especial, donde nos reuníamos todos para comer. Como si fuera la comida de Navidad, pero en verano y con la familia paterna. Los primeros años recuerdo que comíamos en casa, pero las mujeres se rebelaron por tener que pasarse toda la mañana cocinando. Así que pronto empezamos a ir a comer a un restaurente, cosa poco habitual en aquellos años. Pagaba mi abuelo como gran patriarca de la familia. Pequeño, sentimental y de lágrima fácil pero nadie dudaba que suya era la autoridad y quién mandaba en casa. Aquel día se sentía orgulloso de poder pagar la comilona a toda su prole de hijos y nietos.  Seguramente era el único extra, el único dispendio que se permitían en todo el año en aquella casa de austeridad y sencillez. Luego, en los cafés era frecuente que se le empeñaran los ojos vaticinando que aquel sería el último verano que estaría entre nosotros. Mi padre se pasó también media vida anunciando su muerte temprana.

Con el tiempo, la muerte de los abuelos, de los padres y de los tíos, los desencuentros familiares, las nuevas familias, otro tipo de vacaciones viajando por el mundo, no hemos vuelto a reunirnos, pero todos seguimos acordándonos de aquellas comidas familiares y, estemos donde estemos, intentamos ir a comer fuera.  Y esperamos el momento en que el abuelo echa mano al bolsillo para sacar los bitleltes. Como si pudiera volver a invitar el abuelo.

diumenge, 2 d’agost del 2020

Gerda Taro, la leica y la maleta mexicana

Un nuevo caso de mujer que ha pasado a la historia por ser la “pareja de” aunque reunía méritos propios para hacerlo en su propio nombre, aunque fuera con un pseudónomio. Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle, fue una de las pioneras del fotoperiodismo. Además, tiene el triste honor de ser considerada la primera mujer fotoperiodista que cubrió un frente de guerra y la primera muerta en el campo de batalla. Fue en la Guerra Civil española hizo ayer justamente 83 años.

En la Guerra Civil española nace el fotoperiodismo cuando algunos fotógrafos se trasladan al frente parar cubrir la contiendan y sus fotos son compradas por medios internacionales para informar del conflicto. Taro lo hace a través de la agencia Capa que había fundado junto con su pareja, Robert Capa cuyo nombre y personaje también es obra suya. Aquellos primeros fotógrafos crean el fotoperiodismo de guerra con una mirada cercana, descarnada, desprovista de grandilocuencia, retratando la vida cotidiana, los detalles del frente y de la retaguardia, siendo testimonio de la realidad de la guerra moderna que no son las grandes batallas de los libros de historias sino los hombres tras las trincheras solitarios con un fusil al hombro.

Me ha llevado a profundizar un poco más en  la vida y obra de Gerda Taro le lectura de
“La chica de la leica” de Helena Janeczek que ganó el premio Strega que siempre me parece una garantía. Sin embargo, y una vez más esta temporada, no ha sido una lectura fácil. No se si mi impresión habría cambiado de leer la novela en italiano que es como está escrita originalmente, así que no sé si es un tema de la traducción o del estilo de la autora pero la construcción de las frases, los rodeos, el hilo narrativo me ha expulsado a menudo de la lectura, y he tenido que esforzarme por volver a sumergirme una vez tras otra. Puede que también sea porque la historia de Gerda está contada a través de tres personajes testimonio que explican su vida desde tres puntos de vista de personas que la quisieron. Un amigo eternamente enamorado de ella, su novio de juventud y su mejor amiga y compañera de piso. Ese punto de vista para explicar la historia me parece muy interesante y un reto que hace tiempo que también intento trabajar, pero es realmente muy complicado poder enganchar narrando una historia cuando te lo cuenta alguien que sólo vivió fragmentos. Por eso, la experiencia de Taro en la Guerra civil española en esta novela es mínima puesto que ninguno de los tres narradores compartió esas vivencias con ella. Sin embargo, sí que resulta muy interesante descubrir a la jovencita entusiasta, comprometida, rebelde en la Alemania de entreguerras.  Me ha hecho pensar en otras historias de jóvenes extraordinarias que vivieron esta época y cuyas biografías leí hace tiempo como la de Annemarie Schwarzenbach que recuperó Melania Mazzuco en “Ella tan amada” o la obra “Tu no eres como las otras madres” de Angelika Schrobsdorff. 

 

Vinculada a los movimientos obreros y socialistas a principios de los años 30 en pleno ascenso del nazismo, tiene que huir de Alemania después de ser detenida. Y llega a París de los años 30 que también es un escenario fascinante que conocemos sobre todo a través de la narración de su amiga con quién comparten piso. En ese París donde se reúnen muchos refugiados de países donde está triunfando el totalitarismo, donde bulle la creatividad y el arte, el pensamiento. El París era una fiesta de Hemingway.

Taro murió en un fatídico accidente como decía el 1 de agosto de 1937 en la batalla de Brunete cuando volcó el coche en el que iba subida al estribo y salió disparada del vehículo yendo a caer debajo de un tanque del Ejercito Republicano. Su funeral se convirtió den un desfile de banderas rojas en París de todas la persona que estimaban a aquella joven fascinante. Tenía solamente 27 años.

La novela finaliza con una apasionante historia, la de la maleta mexicana. Se trata de la aventura por salvar de las manos de los nazis, y salvar como testimonio para la Historia, las fotografías que hicieron de la Guerra Civil española Capa, Taro y David Saymour (Chim). Los tres fotoperiodistas y amigos mandaban a su agencia Capa en París. Ante la inminente llegada de los nazis a París, uno de los amigos del grupo y fotógrafo también conocido como Csiki hizo una selección de las fotografías, la metió en una maleta y se fue en bicicleta hasta Burdeos atravesando una Francia en guerra con el objetivo de llegar hasta la costa y salvar el legado de los tres fotógrafos. No pudo llegar hasta la costa y le entregó los negativos a un chileno para que los llevara a su consulado. Ahí se pierde el hilo de la aventura. Csiki consiguió huir de Europa a tiempo y vivió exiliado en México donde se casó con la artista Leonora Carrington, de la que hablé justamente en el post anterior.

Las 450 fotografías y negativos se creyeron perdidos durante años. En 1995, en su lecho de muerte la hija del general mexicano Francisco Javier Aguilar Gonzalez le entrega una bolsa abandonada en un armario con cajas a hijo de un amiga suya, el director de cine Benjamín Tarver. Tarver descubre que en las bolsas hay unas cajas con negativos que pone “Espagne” con los nombres de Capa, Taro y Chim. Aguilar González había sido embajador de México ante el Gobierno de Vichy entre los años 1941 y 1942 y alguien le había entregado la maleta antes de coger un barco en Marsella lleno de refugiados españoles que se exiliaban a México.

Esta historia me ha llevado también a ver el documental “Lamaleta mexicana” que explica esa historia. Recuerdo que visité la exposición de las fotografías que estaban en la maleta en el MNAC hace unos años cuando pasó por Barcelona. Ahora que conozco mejor la historia, me gustaría verla otra vez. La maleta y los negativos se encuentran actualmente en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York.

 


diumenge, 12 de juliol del 2020

La campana de vidre, de Sylvia Plath


Diuen que un cop publicats, els llibres són dels lectors i no ja dels seus autors. Certament, una obra és única i resta sempre igual al moment en el qual la va crear l’escriptor o escriptora (malgrat a vegades fan revisions) però el que sí canvien són les lectures, particulars i diverses, que fa el lector. Fins i tot, el mateix lector o lectora al llarg del temps pot canviar la seva vivència. L'obra té la mateixa estructura, els mateix llenguatge, el text no ha canviat ni una coma però amb el pas dels anys tu sí que has canviat i aquelles paraules prenen nous significats. O fins i tot, prenen significat, finalment!

Aquests dies he tornat a llegir un llibre de poemes que tenia a la meva biblioteca i al que no havia tornat des de fa 20 anys perquè en el seu moment em va semblar un text llunyà, hermètic, que no em deia res. De cop, amb la relectura l’he omplert de subratllats. Es tracta d’un llibre de poemes de la Sylvia Plath. No recordo exactament quan el vaig comprar però és una bona pista que el preu estigui marcat en pessetes a la portada. Per tant, abans de l’entrada de l’euro. El que sí recordo és on el vaig comprar: en un llibreria de llibres barats que hi havia al carrer Pelai de Barcelona i ja no existeix.

He tornat a aquest llibre perquè he llegit “La campana de vidre”, la única novel·la de Sylvia Plath, que a més es va publicar poques setmanes abans del seu suïcidi. Realment aquesta no és la millor lectura per pujar la moral en aquests temps de desànim, atès que la protagonista, especialment durant la segona part del llibre, es dedica a intentar, una vegada i una altra, frustrats de suïcidi. La novel·la és en gran part autobiogràfica i mostra aquest catàleg de formes de treure’s la vida que va intentar la mateixa Sylvia Plath i el seu periple per diferents centres psiquiàtrics on va rebre diferents tractaments com ara teràpia d’electroshock.

“La campana de vidre” m’ha generat una sensació de claustrofòbia i angoixa, que feia que tingués moltes ganes de finalitzar la lectura. Per tant, podríem dir que no és una lectura que hagi gaudit. Tanmateix, no és potser aquest l’objectiu del text? No és la fita que aconsegueix Plath en transmetre’m el seu neguit, la seva tristesa, el seu desassossec? Algunes crítiques destaquen el sentit de l’humor i la ironia que es desprèn del text, però jo no ho he sabut copsar. El que a mi m’ha arribat és una apatia, una inacció, una manca d’esma per viure, una desafecció per les persones i les coses, una sensació d’aïllament, una falta d’il·lusió i vitalitat de la seva protagonista, alter ego de Plath. Però és que és justament això el que amaga el preciós títol del llibre, que és una de les coses que més m’ha agradat. Ella explica que té la sensació de viure dins d’una campana de vidre, on l’aire està viciat, on no pot respirar, on tot va més lent, on tot arriba esmorteït. Malgrat tot, he reconegut en la jove protagonista, o jove Plath, molts sentiments, pensaments, sensacions que jo mateixa havia experimentat en l'adolescència i primers anys de joventut. Es nota que la novel·la està escrita per una persona versada en la poesia, és lírica, plena d'imatges, de metàfores.

D’altra banda, la protagonista i imagino que la mateixa Plath, són éssers que no encaixen en la societat que els ha tocat viure. Però és que no pot ser d’una altra manera. Si ets una artista, si ets una poetessa, inevitablement has de tenir una sensibilitat extrema, has de ser un ésser especial. Però el món convencional i mediocre tolera malament aquestes ànimes sensibles. Quants artistes, escriptors, músics, pintors no han estat víctimes del corró uniformador de la societat normalitzada. Quant patiment no hi ha darrera d’aquest desig, evidentment frustrat, de ser com els altres, de ser “normal”, de ser acceptat. Quants artistes com ara Sylvia Plath han estat internats en centres psiquiàtrics i han acabat traient-se la vida? I si ets dona, encara és més complicat exposar-te davant la societat, el teu entorn, la teva família per defensar que vols fer una carrera artística i no seguir la vida tradicional que s’espera de tu. El cas de Sylvia Plath m’ha fet pensar també en Leonora Carrington, pintora i escriptora surrealista, que també va ser internada en un centre psiquiàtric (curiosament a Santander) pel seu pare.O també en Virginia Woolf.

Uns dies després d'escriure aquest text vaig pensar que "La campanya de vidre" tenia moltes connexions amb un altre llibre que vaig llegir fa poc, i que em va deixar la mateixa sensació neguitosa. Era "Los ojos vendados" de Siri Hustvedt que relata la història d'una estudiant de literatura a Nova York que també entra en un laberint fosc d'autodestrucció, depressió, aïllament i confusió. 

Malgrat reconec que “la campana de vidre” no m’ha acabat d’agradar, sí que és cert que no m’ha deixat indiferent. Ans al contrari, m’ha trasbalsat. Però aquest també és l’objectiu de la cultura. Sinó, com vaig escoltar un cop que explicava Marina Garcés volem un cafè descafeïnat,  un pastís sense sucre i una obra artística que no ens generi trasbals.  Certament, la novel·la m’ha permès entendre millor la figura de Sylvia Plath i això m’ha portat a recuperar la seva poesia, i ara sí, aquesta m’ha encantat. 20 anys després m'han arribat els seus poemes. Per què? Perquè m'ha passat la vida. Perquè en aquests 20 anys he conegut el dolor, el dol, la pèrdua, el perdó, les renúncies, la traïció, la resignació. El que passa és que ella va escriure aquests poemes amb poc més de 20 anys i jo no els entès fins passat els 40.

Algunes frases que més m'han cridat l'atenció del llibre:

- "Me sentía muy tranquila y muy vacía, como debe de sentirse el ojo de un tornado que se mueve con ruido sordo en medio del estrépito circundante"

- "pensé en lo extraño que era el que nunca se me hubiera ocurrido que sólo había sido puramente feliz hasta cumplir los nueve años. Después —a pesar del excursionismo y las clases de piano y las clases de pintura a la acuarela y las lecciones de baile y el campamento de verano en la playa, todo lo cual mi madre siempre se esforzó por darme, y el colegio, con las carreras a través de la niebla antes del desayuno y los pasteles de fondo oscuro y los pequeños nuevos fuegos artificiales de las ideas resplandeciendo cada día— nunca había vuelto a ser verdaderamente feliz"

- "Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies"

- "En lugar de un mundo dividido entre católicos y protestantes, o entre republicanos y demócratas, o entre blancos y negros, o aun entre hombres y mujeres, yo lo veía dividido entre la gente que se había acostado con alguien y la gente que no lo había hecho, y ésta parecía ser la única diferencia verdaderamente significativa entre una persona y otra. Pensaba que experimentaría un cambio espectacular el día en que cruzara la línea divisoria. Pensaba que sentiría lo mismo que si alguna vez iba a Europa. Volvería a casa y, si miraba atentamente el espejo, lograría identificar un pequeño blanco monte alpino en el fondo de mi ojo".

- "Yo pensé que debían de haberlo traído del Japón. En Japón entendían las cosas del espíritu. Cuando algo les salía mal se arrancaban las entrañas"

- "Podía ser camarera o mecanógrafa. Pero no podía soportar la idea de ser ninguna de esas dos cosas".

- "Estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado".

diumenge, 1 de març del 2020

Assaig sobre la lucidesa


 Malgrat que no és un llibre fàcil de llegir per la forma com està escrit, les idees que hi ha darrera i el transfons del que està explicant té tanta força que t’impulsa a continuar la lectura sortejant els obstacles que et va posant en el camí.
Els obstacles són comuns en els llibres de Saramago. El text és dens, no diferencia entre descripció i diàlegs, no respecta les normes de puntuació, no especifica mai qui està parlant en els diàlegs, descriu els procediments i rutines de manera exhaustiva, i inclou opinions i consideracions del narrador en primera personal quan és un narrador omniscient. Tot això dificulta que la lectura flueixi de forma dinàmica, a vegades t’expulsa del context i de la història, t’obliga a un esforç de concentració i fe per mantenir-te dins de la història.
Aparentment podria semblar una segona part del famós “Assaig sobre la ceguesa”, i de fet els protagonistes d’aquest llibre surten al final de la història, però es pot llegir de manera completament independent. No he llegit “Assaig sobre la ceguesa”. Vaig intentar veure la pel·lícula però la vaig haver de deixar incomodada per la duresa de les situacions i de les imatges.
Com he comentat, en aquest cas la duresa d’“Assaig sobre la lucidesa” no es troba en el contingut sinó en la forma. I també s’ha de dir que és fabulosa la ironia que traspua cada situació, cada comentari, cada diàleg que sempre porten fins al límit de l’absurd.
I és que aquesta història va sobre l’absurd. El terrible absurd de la democràcia, o al menys de com les seves normes poden ser malinterpretades i manipulades. L’esforç de la lectura val la pena perquè moltes de les situacions que expliquen aporten una mirada irònica sobre el nostre present.
L’inici és realment curiós perquè relata durant diverses pàgines les dinàmiques dels membres d’un col·legi electoral el dia de les eleccions. Crec que mai havia llegit cap ficció sobre aquesta situació que tantes persones han viscut algun o diversos cops al llarg de la seva vida. El despotisme que poden arribar a desenvolupar algunes persones quan toquen una mica de poder, ja sigui tan efímer o insignificant com ser president d’una mesa electoral, president d’una comunitat de veïns o delegat de classe. En la novel·la, més del 80% dels electors decideixen votar en blanc. Les eleccions es repeteixen, i el resultat és pràcticament el mateix. Justament en un any de repetició de les eleccions a Espanya, llegir l’absurd d’aquesta situació en una novel·la encara feia més patètica la realitat.
Però l’argument principal de la novel·la de Saramago és que els dirigents del país (primer ministre, ministres, alcaldes, etc.) en comptes d’interpretar com una crítica al sistema o captar el descontent de la ciutadania, consideren que es tracta d’un moviment sediciós organitzat i criminal. La cadena de decisions absurdes dels governants comencen a conformar una bola de neu. I novament és difícil llegir aquest llibre escrit fa molts anys sense buscar paral·lelismes amb el present. D’entrada, es prohibeix el color blanc i les paraules relacionades amb el blanc perquè aquest color es considera sediciós. No cal esforçar-se massa per veure-hi el color groc dels nostres dies. Es procedeix a fer interrogatoris i detencions aleatòries per buscar als culpables de votar en blanc com si això fos un delicte. I hem vist moltes actuacions semblants en els darrers temps.

El govern decideix decretar l’Estat d’Excepció amb l’objectiu de tensa la situació i generar revoltes i estar legitimitzats per actuar. Tanmateix, no passa res, la ciutadania resta passiva. En una frase que vaig trobar brillant Saramago escriu “la necessitat urgent de tibar la corda, més que més quan una declaració de l’estat d’excepció, del qual s’esperava tant, no havia produït cap efecte perceptible en el sentit desitjat, perquè com que els ciutadans d’aquest país no tenen el saludable costum d’exigir el normal compliment dels drets que la constitució els atorgava, era lògic, i fins i tot natural, que no s’haguessin arribat a adonar que els havien suspès”.
Així doncs com que l’Estat Excepció no genera disturbis, decideixen declarar l’Estat de Setge. Un ministre gosa alçar la veu i dir que no té sentit declarar l’Estat de Setge atès que no estan rodejats per cap enemic, però els altres conclouen que l’enemic és a dins i que aïllaran la capital. Les decisions matusseres i irreflexives com no deixar sortir ningú i deixar les fàbriques i empreses dels afores sense personal, o sense poder abastir la ciutat d’aliments i matèries primeres no són tan diferents de les decisions improvitzades que prenen els nostres dirigents i que han d’acabar corregint al poc temps. Els governants van traspassant els límits cada vegada més intentant provocar la ciutadania però aquesta sempre reacciona de forma assignada i pacífica, donant-los lliçons d’un civisme que els dirigents no s’expliquen, els desconcerta, els deixa en evidència i encara els enfurisma més. Al final s’obsessionen per inventar un culpable per no reconèixer la seva incompetència gestionant la situació. Torno a dir, que la interpretació amb el present del nostre país és evident.
Tot plegat un argument i una invitació a reflexionar realment original i valuosa, però que en el meu cas hauria estat molt més digerible amb una prosa més amable i fluïda. Qui soc jo per qüestionar l’estil literari d’un Premi Nobel? Doncs una lectora, i parlo des de la meva experiència personal.

diumenge, 9 de febrer del 2020

Nadie saldrá indemne de la exposición de Daniela Ortiz


El Palau de la Virreina de Barcelona acoge hasta mediados de febrero la exposición “Esta tierra jamás será fértil por haber parido colonos”, de la que es imposible no salir revolcado por el mar de rabia justificada que la artista Daniela Ortiz ha ido cultivando en diferentes proyectos donde denuncia el racismo, la xenofobia, el patriarcado, el clasismo y, especialmente, el colonialismo que sigue presente en nuestra sociedad.

Un aviso para visitantes curiosos. Es importante entrar con una actitud abierta y el pecho abierto, en disposición de recibir las puñaladas que Daniela  Ortiz nos tiene destinadas en forma de fotografía, vídeos, pintura, instalaciones, y diversidad de formatos que demuestran la versatilidad de la artista peruana.



Si además tiene la suerte de poder realizar la visita guiada de la mano de la misma Daniela Ortiz, el impacto está asegurado. El pasado jueves 6 de febrero éramos una multitud haciendo cola para asistir a la última visita guiada que ofrecía la artista. La cola daba la vuelta a lo pasillos de la sala de exposiciones y la misma Ortiz, abrumada por el éxito masivo de la convocatoria, tuvo que improvisar una segunda visita guiada al día siguiente invitando a muchos de los asistentes a irse. Los que nos quedamos avanzábamos como una masa por la sala, en ocasiones sin llegar a entrar en la sala donde ella daba la explicación y escuchando su potente voz desde lejos. Pero llegaba. Su voz y su mensaje.
 Su discurso vehemente, descarnado, reivindicativo, acusador, sale de las entrañas de la injusticia y la explotación. De la explotación de las tierras de América (que Ortiz denomina Abya Yala y que descubro en ese momento que es el nombre que las poblaciones Kuna de Panamá  y Colombia le dieron al continente antes de la llegada de Cristobal Colón, y es el que prefieren las actuales naciones indígenas en oposición al extranjero América), de la explotación de las poblaciones indígenas en su propio país y en el nuestro que siguen ocupando las capas más precarias de la sociedad y con los trabajos más duros, de la explotación de ser mujer migrante racializada con permiso de residencia en Europa, en Barcelona.

Como si se tratara de un monólogo de comedia, Ortiz empieza la visita guiada en la primera sala donde narra sus experiencias laborales en una pastelería barcelonesa donde decidió celebrar un Día de la Hispanidad comiéndose un bombón de chocolate de Guanaja (Honduras) cubierto de láminas de oro. Ortiz fue despedida de ese trabajo, pero no pudo reclamar porque abrir un proceso judicial podía poner en peligro su permiso de residencia. Te das cuenta de la diferencia de derechos que os separa, simplemente por haber nacido aquí y tener nacionalidad española. Más adelante explica como una vez ella y sus amigas estando con sus hijos en la playa fueron insultadas y agredidas por una persona, y asustadas tuvieron un primer impulso de llamar a la policía pero después lo descartaron sabiendo que la palabra de esa persona blanca valía mucho más que la de todas ellas, personas migrantes racializadas, y que incluso podía generar algún problema a alguna de ellas. Esa indefensión que viven tantas personas cada día y que tú ni siquiera eres consciente de ello. Una vida paralela de injusticia que condiciona las vidas de tantas personas en tu misma ciudad. Ortiz también explica como muchas veces las mujeres migrantes deciden no acercarse a pedir ayuda a servicios sociales por miedo a ponerse algún día en el punto de mira.

Con diversas instalaciones explica casos e historias de retiradas de custodia porque el simple hecho de ser migrante ya te convierte en sospecho de no ser unos buenos padres o madres. La interpretación racista y xenófoba del sistema se hace patente en un mural donde Ortiz ha colgado todos los criterios que se tienen en cuenta para quitarte la custodia de un hijo o hija, donde se hace una interpretación subjetiva desde nuestra mirada europea de lo que la crianza de los hijos y donde la situación económica ya resulta sospechosa o no tener la documentación adecuada. Como recuerda con rabia la propia Ortiz, el sistema no te ofrece la posibilidad de legalizar tu situación en España y encima utiliza esa falta de legalidad como argumento para quitarte a tus hijos, cuando el culpable de esa situación es el mismo sistema jurídico. Ortiz nos habla también en otra sala del hecho de que su hijo nacido en España no tiene la nacionalidad española, sino la situación legal de su madre. Vemos en un vídeo la performance “Ius Sanguinis” donde Ortiz se hace una supuesta transfusión de sangre de un hombre español estando embarazada de su hijo para poderle transmitir la españolidad a su hijo cuando nazca por derecho de sangre. En otro vídeo podemos asistir a otra performance donde denuncia las deportaciones en avión con sedación forzada que se practican en Estados Unidos.
El racismo y el clasismo no sólo está presente en nuestra sociedad. También en Perú. Ciertamente, es muy evidente cuando visitas una ciudad como Lima donde la población de barrios exclusivos como Miraflores es mayoritariamente blanca y tiene sus supermercados chic con productos ecológicos y restaurantes veganos. Y el resto de la ciudad y la periferia donde la población es indígena y vive en situación precaria y de pobreza. Ortiz lo ha retratado con diversos proyectos. Entre ellos, unas fotografías de los planos y las casas de la clase alta peruana, casas de diseño, enormes, preciosas, espaciosas, luminosas, que han ganado premios de arquitectura. Y donde el espacio dedicado a la habitación de las personas de servicio es un cubículo de 3 o 4 metros cuadrados sin ventilación, y en ocasiones ubicado en el sótano.

En otra de las salas, Ortiz nos presenta su ABC de la Europa racista, un alfabeto ilustrado para niños donde recoge los fundamentos de la xenofobia de esta continente que cree con superioridad moral. También a continuación denuncia la hipocresía europea en un proyecto en forma de vidrieras de las grandes catedrales. Entre otros elementos, Ortiz critica la dictadura del laicismo que impera en Europa que considera inferiores a aquellas personas creyentes, ya sean musulmanas, judías o cristianas. Aquí, la artista ofreció un alegato apasionado de sus creencias cristianas, una reivindicación de su espiritualidad en oposición a la hegemonía del laicismo, la ciencia y la razón.

Otro de los proyectos que Ortiz narró con pasión, vehemencia y sentido del humor fue el vídeo “Discurs mediàtic” que ha generado cierta polémica, pues se trata de una performance de una clase de lengua catalana que reciben inmigrantes extracomunitarios para poder obtener los informes positivos de arraigo y donde los participantes aprenden a pronunciar catalán repitiendo frases xenófobas que los políticos han lanzado en los medios de comunicación.

Otro de los proyectos interesantes hace referencia a la comida como forma de colonización. Ortiz explica como le sorprendió la presencia del cerdo y del jamón en España, como está presente las fotos, los símbolos, incluso los pies de cerdo colgados en cocinas y restaurantes, y que interpreta como una forma de imposición vinculada a la expulsión de judíos y musulmanes.

En diversos trabajos de la exposición, la artista peruana muestra como la colonización sigue presente en nuestra sociedad no sólo en la práctica sino simbólicamente. Nombres de calles, plazas, estatuas, monumentos de personajes que son célebres por haber explotado a otros pueblos ya no tienen sentido en nuestros días. La misma parada de Virrei Amat, la estatua de Colón o el mismo Palau de la Virreina que acoge la exposición son muestras de este homenaje a los abusos cometidos contra las sociedades indígenas. Justamente el punto final de la visita llega en la sala donde está el retrato del Virrey que da nombre al palacio y en el cuál Ortiz ha instalado cuadros que, imitando las pinturas de castas, un género pictórico que plasmaba la diferencia de clases en los territorios explotados por los colonos españoles, pero donde la artista ha buscado otros protagonistas. Aquí nos habla de cómo se perpetua la xenofobia y el racismo en nuestra sociedad a través de figura que aparentemente están en contra de estas actitudes. Con sus textos y pinturas, Ortiz ridiculiza a las trabajadoras sociales blancas, a los independentistas catalanes blancos, a los intelectuales de izquierdas blancos, a las feministas blancas, a los políticos de izquierdas blancos, y así hasta una veintena colectivos que son acusados directamente de sus actitudes racistas.




La intensa y multitudinaria visita acabó con todo el público cantando una versión antiracista de la “Bella Ciao”.

En la web de Daniela Ortiz se pueden consultar algunos de sus trabajos.


diumenge, 2 de febrer del 2020

Los paralelismos entre "Leer Lolita en Teherán" y el "Cuento de la Criada"



 Una de las ficciones que más me ha impactado en los últimos años es la serie El Cuento de la Criada (aún no he leído el libro de Margaret Atwood). Creo que lo que más me estremece es el contraste entre la vida anterior a Gilead, exactamente igual a la nuestra, y el presente totalitario de la serie. Resulta escalofriante ver en los flashbacks de la serie como la sociedad va cediendo terreno poco a poco, con detalles insignificantes, dejando que les arrebaten sus derechos individuales sin apenas alzar la voz. Hasta que llega un punto que cuando se dan cuenta ya es demasiado tarde. Es como la metáfora de la rana metida dentro de una olla ardiendo, el calor ha ido augmentado de temperatura de una forma tan sutil que cuando se da cuenta ya no puede salir del caldero con vida. Lo que es escalofriante es cuándo echas  un vistazo a tu entorno y te preguntas si estaremos viviendo nosotros una situación similar, dejando que nos arrebaten nuestros derechos sin darnos cuenta.

A este tipo de ficciones les ponen la etiqueta de “distopia” porque son situaciones terribles (al contrario que la utopía) que no han tenido lugar. Realmente ¿no han tenido lugar? ¿no están teniendo lugar ahora mismo y desde hace años?  Mientras estaba siguiendo la serie vi una fotografía en Twitter que no he conseguido olvidar. Era una imagen de unas mujeres en Kabul en los años 70, aparentemente unas amigas jóvenes con sus cabellos sueltos y largos, sus minifaldas y sus tacones
, siguiendo la moda de aquella época. Esas mismas mujeres vivían en Afganistán en los 70 y luego en los 80, en los 90, en la actualidad bajo un régimen totalitario que las cubrió con un burka y anuló todos sus derechos. No es la misma historia que nos explica Margaret Atwood en el Cuento de la Criada. Nos parece abominable el sufrimiento de Emily, de June, incluso de Serena, y es el mismo que llevan sufriendo desde hace décadas tantas personas en nuestro mundo real (y no de ficción).
Debatiendo sobre este tema durante una caminata por las montañas de Groenlandia una de mis compañeras de viaje me recomendó el libro “Leer Lolita en Teherán” de Azar Nafisi que no dudé en conseguir al regresar a Barcelona.

Se trata de una obra de no ficción, los recuerdos una profesora iraní que imparte  literatura inglesa en diversas universidades de Teherán desde principios de los 80 hasta finales de los 90 en los que se exilia a Estados Unidos, donde había estudiado desde que tenía 13 años hasta que decidió regresar a su país en plena revolución. En el libro asegura que hasta que regresó a su país de nacimiento, Irán, que se dio cuenta de lo que realmente significa el exilio.

Un pasado de libertad, un presente de opresión

Como en el Cuento de la Criada, en “Leer Lolita en Teheran” vamos viendo el contraste entre el pasado democrático y el presente totalitario, que se ceba especialmente con los derechos de las mujeres pero que acaba ocupando todos los espacios de la vida cotidiana. Asistimos al paulatino recorte de derechos, a las primeras protestas e insumisiones, a las terribles represalias contra los que se niegan a acatar las nuevas normas. Purgas, expulsión de los puestos de trabajo, inhabilitación, torturas, encarcelamiento, ejecuciones. Son también las consecuencias de aquellos que rebelan contra Gilead.

“La revolución fue algo hermoso porque los iraníes querían un cambio en sus vidas. Y deseaban mejorarlas; deseaban tener más derechos, más derechos relativos a su participación en la política. Pasó a ser una pesadilla cuando un grupo de personas confiscó ese sueño e intentó imponer su propia imagen a toda la sociedad. Entonces es cuando los sueños se vuelven destructivos, y eso es lo que los hace tan peligrosos”

“Mi madre había elegido con quién quería casarse y había estado entre las seis primeras mujeres elegidas para el Parlamento en 1963. En esos años, cuando yo era pequeña, la diferencia que había entre mis derechos y los derechos de las mujeres de las democracias occidentales era mínima. Pero entonces no estaba de moda pensar que nuestra cultura era incompatible con la democracia moderna, ni que había una versión occidental y otra islámica de la democracia y de los derechos humanos. Todos queríamos libertad y oportunidades. Por eso apoyamos el cambio revolucionario; porque exigíamos más derechos, no menos. … En mi adolescencia yo había visto que dos mujeres habían llegado a ser ministras. Después de la revolución, esas mismas mujeres fueron sentenciadas a muerte por luchar contra Dios y por fomentar la prostitución”.

La insumisión de los pequeños gestos

En el Cuento de la Criada vemos como cada persona necesita buscar sus propias vías de libertad en un estado tan opresivo. Serena fuma cigarrillos como un acto de rebeldía. Resulta conmovedor las chicas protagonistas de “Leer Lolita en Teherán”, que recordemos no son personas de ficción sino personas reales, también precisas de esos gestos personales de libertad personal para sentirse seres humanos. Así, salir a la calle con los labios o las uñas pintadas bajo el manto negro es un acto de rebeldía para ellas, teniendo en cuenta que se arriesgan a ser arrestadas o torturadas a latigazos si las detiene por la calle una patrulla de la moralidad. Y aun así, las personas necesitamos sentirnos libres aunque sea con esos detalles. “Al margen de que el Estado se hiciera represivo, al margen de lo intimidadas y asustadas que estuviéramos, al igual que Lolita, queríamos huir y crear nuestras pequeñas trincheras de libertad. Y al igual que Lolita, aprovechábamos todas las oportunidades para hacer gala de nuestra insubordinación mostrando un poco de cabello por debajo del pañuelo, poniendo un poco de color en la gris uniformidad de nuestro aspecto, dejándonos crecer las uñas, enamorándonos y escuchando música prohibida”.

Como explica Azar Nafisi en una entrevista al final del libro: “Lo que realmente deseaba investigar era cómo se las arregla la gente cuando vive en una realidad opresiva. ¿Cómo crean por sí mismos espacios abiertos con la imaginación? En realidad ese es el tema principal del libro: el papel de la imaginación a la hora de crear espacios abiertos, de resistir a la tiranía tanto de la política como del tiempo”.

Igual que en Gilead, el sistema se organiza para implicar a todos los ciudadanos y que nadie tenga escapatoria. “El peor crimen que cometen las ideologías totalitarias es que obligan a los ciudadanos, incluidas sus víctimas, a ser cómplices de sus crímenes… La única forma de salir del círculo, de dejar de bailar con el carcelero, es descubrir la manera de conservar la individualidad. … Invadían la intimidad e intentaban moldear cada gesto con el propósito de obligarnos a convertirnos en uno de ellos, lo que, en sí mismo, constituía otra forma de ejecución”

Nafisi en el libro relata esta escena: “Sentada frente a mí, dando vueltas a la cucharilla, me explicó por qué todos los actos normales de la vida se habían convertido, para ella y para otros jóvenes como ella, en pequeños actos de rebeldía y de insubordinación política”.


La imaginación es subversiva

El control del Estado totalitario que nos relata Nafisi en Irán llega a invadir aspectos como el amor, el entusiasmo o la alegría que eran considerados ilegales. Así nos lo relata cuando habla del cine iraní: “En las películas iraníes, incluso, cuando se supone que hay dos personas enamoradas, el amor no se percibe ni en sus miradas ni en sus gestos. El amor estaba prohibido, desterrado de la esfera pública. ¿Cómo podía experimentarse si expresarlo era algo ilegal?”

Y también en una escena en la que acuden a un concierto casi ilegal donde unos jóvenes tocan esforzándose por parecer apáticos: “El grupo estaba formado por cuatro jóvenes iraníes, todos aficionados, que nos amenizaron con sus versiones de los Gypsy Kings. Pero no se les permitía cantar: solo podían tocar sus instrumentos. Tampoco podían mostrar ningún entusiasmo por lo que hacían, porque manifestar emociones era antiislámico”.

En Gilead no hay cine, no hay música, no hay libros, no hay formas de manifestar la imaginación porque sería subversivo.  “Vivir en la república islámica es como tener relaciones sexuales con un hombre al que aborreces”, explica una alumna de Nafisi en el libro, “Bueno, pues así es; si te obligan a acostarte con alguien que te disgusta, dejas la mente en blanco y finges estar en otra parte, tiendes a olvidar tu cuerpo; lo detestas. Eso es lo que hacemos aquí: fingimos constantemente que estamos en otra parte... planeándolo o soñándolo”.

Y ese estar en otra parte, esa huida mental, ese refugio vital, esa imaginación prohibida lo consiguen mediante la literatura y las clases que imparte la profesora Nafisi, primero en la Universidad, y después en un club de lectura que crea en su casa cuando no puede soportar más someterse al sistema universitario.

Descubrir la vida que nos han arrebatado

En algún momento, alguna de las alumnas logra “estar en otra parte”. Hay un episodio que relata Nafisi en “Leer Lolita en Teherán” que es cuando una de sus alumnas consigue hacer un viaje a Damasco acompañando a su marido por trabajo. Las sensaciones que describe la chica al regresar recuerdan tanto al primer viaje de Serena y su marido a Canadá para participar en un encuentro político. Cuando Serena mira por la ventana del coche y ve a las parejas de la mano, besándose con libertad, vistiendo la ropa que desean y no la que le imponen. En este sentido, la alumna de Nafisi explica que “ Lo que más la afectó, sin embargo, fue el hecho de encontrarse en las calles de Damasco, por las que paseaba libremente, de la mano de Hamid, vestida con vaqueros y camiseta. Describió lo que era sentir el viento y el sol sobre su cabello y su piel. … se sentía furiosa por lo que podría haber sido. Estaba enfurecida por los años que había perdido, por su cuota perdida de sol y viento … Era un contexto distinto en su relación; ella se había convertido en una extraña, incluso para sí misma. ¿Esta era la misma Mitra, se preguntaba, esta mujer con vaqueros y camiseta naranja que pasea al sol con un atractivo joven? ¿Quién era esa mujer? ¿Podía aprender a incorporarla a su vida si se fuera a vivir a Canadá?” Curiosamente, para las alumnas de Nafisi Canadá se convierte en la tierra prometida igual que pasa en Gilead de Margaret Atwood, en este caso por proximidad geográfica.
    


Otro de los ingredientes más inquietantes, y también más determinantes, de El Cuento de la Criada es pensar que las mujeres adultas de la serie tienen referentes en el pasado para conocer qué era la democracia y la libertad, para saber cuáles son sus derechos porque los perdieron. Pero las chicas jóvenes o las niñas que nacen en Gilead no tienen ningún tipo de referente, no conocerán otra realidad más que esa, no podrán imaginar que otro mundo es posible. Parece ser que es lo que empuja a Serena a intentar salvar a la niña al final de la segunda temporada.  El régimen totalitario en Irán dura ya 40 años, las chicas de mi edad no habrán conocido otra realidad que esa. ¿Cómo rebelarse si no puede saber que otro mundo es posible? “ Mis chicas hablaban constantemente de besos robados, de películas que jamás habían visto y de la brisa que nunca habían sentido sobre la piel. La generación de ellas no tenía pasado. Sus recuerdos eran un deseo que se expresaba a medias, algo que no habían tenido nunca. Aquella carencia, aquel anhelo de los aspectos de una vida cotidiana y que se daba por supuesta, confería a sus palabras una cualidad luminosa, cercana a la poesía.    Si ahora, en este momento, tuviera que dirigirme a los que se sientan afines a mí en esta cafetería, en un país que no es Irán, para hablarles de la vida en Teherán, ¿cómo reaccionarían?”

Clases magistrales de literatura

Además de permitirnos conocer de primera mano la dureza de la vida en Irán, “Leer Lolita en Teherán” tiene otros elementos que la hace interesante, especialmente las clases de literatura que recibes.

La autora decide estructurar el libro en diferentes capítulos, cada uno de ellos corresponde a un escritor o escritora o a una obra, basándose en sus clases de literatura en la Universidad o en su club de lectura. A través del análisis que ella hace o de los debates con los alumnos asistimos a magníficas clases de literatura sobre Lolita de Nabokov, El Gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, las obras de Henry James y las de Jane Austen, que sirven a Nafisi para vincularlo con aspectos de la vida cotidiana en Teherán.

Lolita es la obra con la que empieza el libro y que le da título, justamente por el paralelismo que la autora encuentra con la situación en su país: “La desesperada verdad de la historia de Lolita no es la violación de una niña de doce años por un viejo verde, sino la apropiación de una vida por otra”
Y es que cuando lees la novela de Nabokov no siempre eres consciente que conocemos a Lolita sólo por cómo la describe su padrasto violador. Creo que se ha cometido una injusticia terrible con el autor y con su personaje, porque demasiadas veces, especialmente en el cine, se ha interpretado a Lolita desde la mirada del agresor.  “Así, emerge otra Lolita que va más allá de su caricatura de niña atrevida, vulgar e insensible, a pesar de que también lo sea. Una chica solitaria, herida, despojada de su infancia, huérfana y sin refugio”.

 “Lolita forma parte de una especie de víctimas indefensas a las que nunca se les concede la oportunidad de contar su propia historia. Como tal, se convierte en víctima por partida doble: además de arrebatarle su vida, también le quitan la historia de su vida. Nos dijimos que participábamos en aquel seminario para no ser víctimas de ese segundo crimen”

El objetivo de Nafisi es pues dar voz a todas esas vidas silenciadas y oprimidas por el régimen autoritario, especialmente a las mujeres. Igual que en el Cuento de la Criada, Nafisi se focaliza en la situación de la mujer en Irán para reflejar el impacto de los regímenes totalitarios, pero sus consecuencias son devastadoras para toda la población. Vemos como destroza la vida de mujeres sí, pero también de los intelectuales, de artistas, de colectivos de otras razas o religiones, de personas con ideales democráticos. Como concreta la autora en la entrevista: “Si desea saber el grado de libertad existente en una sociedad, hay que observar a las mujeres (también en este país; las mujeres, los homosexuales y las minorías son los canarios que se bajan a la mina de carbón), ya que simbolizan los derechos individuales que son el aspecto más peligroso para un estado totalitario”