dimecres, 7 d’agost del 2013

Irena Sendler, la heroína que salvó a 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia

Sé que me repito porque ya lo he comentado varias veces en el blog, pero una de las mejores cosas de viajar es no sólo conocer paisajes, monumentos y arquitectura del lugar sino poder aproximarte a la cultura y la historia de una ciudad o un país, que tal vez sin la excusa del viaje nunca se te habría ocurrido explorar. Así, hace unos años descubrí la literatura noruega, el año pasado hice el gran hallazgo de empezar a leer a Stefan Zweig al ir de vacaciones a Austria. Uno de esos tesoros que han caído en mis manos estas semanas gracias a mi investigación sobre el reciente viaje a Polonia es conocer a Irena Sendler.


Irena Sendler fue un personaje real, una heroína poco conocida que salvó la vida a más de 2.500 niños judíós del gueto de Varsovia durante la II Guerra Mundial. Por poner sólo una comparativa, todo el mundo conoce la proeza del alemán Oscar Schindler  (pese a que es una figura polémica pues algunos lo acusan de aprovechado, ya que los judíos del gueto de Cracovia eran usados como mano de obra gratuita en su fábrica). Sea como fuere, lo que es innegable es que la acción de Schindler salvó a unos mil judíos. Irena Sendler lo hizo con 2.500 jugándose la vida, sin ningún interés más que el humanitario y compasivo, y fue detenida y torturada por ello.

Añadir leyenda
Una película realizada para televisión que ha ganado diversos premios relata su proeza. Está protagonizada por Anna Paquin, que algunos recordamos como la rebelde niña de El Piano.

Sendler fue una trabajadora social y enfermera católica polaca que no pudo quedarse de brazos cruzados viendo la bestialidad que estaban cometiendo los nazis al su alrededor. Como trabajaba para el Ministerio de Asuntos Sociales, tenía permiso para entrar en el gueto. Así pudo organizar un sencillo pero arriesgado sistema para sacar a los niños del gueto y entregarlos a familias polacas, cambiándoles el nombre. Esas familias polacas también se jugaron la vida porque ayudar a un judío estaba penado con la muerte.

En la película se rompe el corazón al ver al ver el dolor de las madres que han de entregar y separarse de sus hijos sin saber si los volverán a ver. Algunas son incapaces de hacerlo. Es fácil con la perspectiva histórica y sabiendo lo que estaba sucediendo y lo que les esperaba a esos judíos, pensar que nosotros habríamos entregado a los niños sin dudar, para salvarlos de la muerte. Pero por aquel entonces, nada se sabía de los campos de exterminio, sólo rumores, historias, nada certero. Ante esa incertidumbre, ¿quién entrega a sus bebés y niños pequeños a desconocidos sin saber qué pasará mañana? Sendler, ayudada por otras personas, sacó niño en maletas, bajo los abrigos, escondidos bajo ladrillos, en ataúdes, en cajas de herramientas. A los más grandes los sacaba atravesando un edificio público que tenía dos puertas, una entrada por la Varsovia “libre” y otra entrada por la Varsovia del gueto. Irena Sendler cruzaba aquel pasillo con los niños judíos arreglados y vestidos como pequeños de familias acomodadas polacas. Algunos de los casos como la niña de la cuchara de plata han sido historias conocidas tiempo después. Muchos de esos momentos de la huida los recoge perfectamente la película. En Varsovia todavía sigue en pie el edificio con doble entrada por donde Sendler sacaba a los niños.

Irena entendía el miedo de las familias a no volver a recuperar a los niños cuando acabara la guerra. Así que creó un exhaustivo inventario donde escribía el nombre real de cada pequeño y su correspondiente nuevo nombre polaco así como las referencias de la familia polaca a la que era asignado. Esos papeles los guardaba en botes de cristal que enterró por toda Varsovia. Si Irena hubiera muerto, nadie más que ella conocía el paradero de esos botes con la memoria y la identidad de los niños.  Y estuvo apunto de ser así.

Y es que al final, Irena fue descubierta. Estuvo detenida en la prisión de Pawiac y fue torturada para que confesara los nombres de las personas que la ayudaban en su tarea salvadora. Irena no habló y fue condenada a muerte. Sin embargo, la resistencia estuvo recogiendo dinero entre todas las personas que apreciaban a Irena y valoraban su labor. Así se pudo pagar un soborno a los carceleros que la custodiaban. De hecho, se considera el soborno más alto pagado durante la II Guerra Mundial.

Después de la huída, Irena Sendler pasó a la clandestinidad colaborando con la resistencia.

Y si la historia ya es emocionante hasta aquí, todavía lo es más como salió a la luz. Ya entrado el siglo XXI, unos estudiantes de un instituto de Estados Unidos que estaban haciendo un trabajo de curso sobre las persona que ayudaron a los judíos durante la II Guerra Mundial se toparon con varias personas que recordaban haber sido salvados por Irena. Investigaron y descubrieron su historia. Lo mejor de todo es que Irena Sendler aún vivía, discretamente y en el anonimato en una residencia de ancianos en Varsovia. Tras salir a la luz su historia, reportajes, películas y entrevistas, se recuperó su figura. Incluso estuvo nominada al Premio Nobel de la Paz que aquel año ganó Al Gore por su denuncia del cambio climático.


Irena Sendler fue una heroína, pero como muchos otros héroes, no reconoce su hazaña porque considera que no tiene ningún mérito puesto que “no podía haber hecho otra cosa, no había otra opción”. Por supuesto, no es así, porque muchas otras personas permanecieron impasibles ante el horror (seguramente por miedo a perder la propia vida) y otras colaboraron con el régimen nazi. En todos los conflictos existen siempre personas que arriesgan su vida por ayudar, personas que siguen pasivas, y personas que colaboran con el poder. De todas formas, como plantea la pregunta final de la visita al Museo de la historia de los judíos y del gueto durante la II Guerra Mundial en Cracovia que acoge la antigua fábrica Schindler (por cierto, un museo muy recomendable) nadie sabe cómo nos habríamos comportado nosotros ante circunstancias tan terribles, cuando tu vida y la de tu familia está en juego. ¿Qué harías tú si amenazan con matar a tus hijos si no colaboras?

Más información
El valiente corazón de Irena Sendler Película (en polaco, subtitulada en castellano)
La heroína que salvó a 2.500 niños. Reportaje sobre Irena Sendler de El Mundo

dimecres, 1 de maig del 2013

Andrea Motis y "the devil and the deep blue sea"

Me acaba de pasar otra de esas casualidades que tanto me gustan.



El domingo estuve en un concierto de Joan Chamorro y Andrea Motis. No iba con demasiadas expectativas porque no he conseguido conectar demasiado con el jazz, pese a que lo he intentado para poder compartir más lugares comunes con algunos de mis referentes culturales como Julio Cortázar o Woody Allen.

Y de pronto, quedé completamente embobada escuchado a la banda, siguiendo las improvisaciones del pianista, el guitarrista, el batería, la trompeta. Pero sobre todo me quedé con la boca abierta (literalmente, así me sorprendí en diversas ocasiones) pendiente de la vocalista, de como usaba su voz como un instrumento más moldeando, estirando, retorciendo, condensando la música. Seguramente también fue importante el tipo de canción que cantaba. Ciertamente mi ignorancia musical me permitió sorprenderme con las improvisaciones de los músicos, y recordar la clase magistral (que ya expliqué en otro post) que recibimos en el Lincoln Center de Nueva York hace dos años cuando estuve en la Fordham University of New York para el máster de comunicación y relaciones públicas. En aquella clase nos hicieron reflexionar sobre que en el jazz lo importante es el equipo, la cohesión del grupo, la confianza en los demás, que lo que permite que un músico se luzca con una improvisación es el apoyo que recibe del resto del grupo, que le permite hacer su improvisación: Los demás músicos te ofrecen su apoyo para que tú puedas crear el libertad, y están pendientes de tus movimientos para poder seguirte e interpretarte. Esto demuestra un gran conocimiento del otro, una gran atención y una gran confianza los unos en los otros. 

Al salir del concierto compré los dos CD de la banda. Y gracias a ellos, he descubierto una canción cuyo título me asaltó en la contraportada del álbum. "Between de the devil and the deep blue sea". Se trata de una frase hecha en inglés que sería el equivalente a estar "entre la espada y la pared" y que se me ha quedado gravada gracias a la película de casi el mismo título "the deep blue sea" que vi hace unos meses. Bendita sea entonces la VO de la película que me permitió retener esa frase en ingles que sino nunca habría percibido. También hablé de esa frase en otro post de hace semanas.







Y de pronto descubro que hay una canción que se popularizó en los años cuarenta en Estados Unidos y que versionó George Harrison.





diumenge, 14 d’abril del 2013

Las Azores, el secreto mejor guardado de Europa


“¿A las Azores? No conozco a nadie que haya ido a las Azores”, estos son algunos de los comentarios que he oído a la vuelta del viaje a las Azores. Y creo que precisamente, parte del encanto de este archipiélago, además de su belleza natural, es que aún no ha sido descubierto turísticamente. Se trata de un paraíso natural desconocido.

Por supuesto esto tiene muchas ventajas, pero también algunos inconvenientes. Como lugares para visitar que están cerrados, pueblos encantadores de obligada visita que sólo tienen dos bares para comer, y encontrarte constantemente los mismos viajeros en todas partes. De hecho, estas coincidencias tienen incluso su gracia porque acabas saludándote después de encontrarte en un pueblo para comer, en unas piscinas públicas, en una ruta senderista por la montaña y un mirador sobre el acantilado.

San Miguel es la mayor isla, pero Azores es un archipiélago de 9 islas descubierto en el siglo XV y colonizados en diferentes ocasiones. Por eso, sus pueblos tienen un aire colonial, que a veces me recuerda al Caribe y otras veces diría que hasta británico.

Un oasis de naturaleza en medio del Atlántico

A medio camino entre Europa y ESados Unidos. Está a 4 horas de Barcelona, y 4 horas de Nueva York. Los habitantes de las Azores han tenido que enfrentarse durante siglos a los elementos: el aislamiento de ser una isla en medio del océano, tempestades, terremotos, volcanes y ballenas han marcado la existencia de este archipiélago rodeándolo de un aire de salvaje y mítico.

La presencia de los volcanes marca la fisionomía de la isla con playas negras, rocas de lava, cráteres, centrales de energía geotérmica, piscinas de lava, aguas termales, fuentes de azufre y hierro.

La climatología es caprichosa y cambiante. Un sol espléndido y calor en la costa y a 10 quilómetros cuadno empiezan las montañas niebla espesa, lluvia y frío. La temperatura se mantiene en invierno siempre en torno a los 14 grados.

Turismo sostenible y ecológico

Al contrario que en otros lugares turísticos como podría ser España con un modelo de turismo de complejos hoteleros, masificación, turismo de sol, playa, fiesta, ruido y borrachera para playa, las Azores está aplicando las recetas del desarrollo sostenible. Han elegido la vertiente ecológica del turismo: avistamiento de aves y ballenas, turismo verde, senderismo, alojamientos rurales, paz y sosiego.

Por las aguas del archipiélago pasan más de 20 especies de cetáceos, lo que explica que el avistamiento de ballenas o nadar con delfines sea una de las actividades turísticas más populares de las islas. Durante siglos, los arponeros de estas tierras fueron los más solicitados por las compañías debido a sus grandes habilidades para atrapar ballenas. Actualmente, esta actividad está prohibida. Si la niebla lo permite, las Azores son un paraíso para los amantes del senderismo. Además, hay otras actividades en la naturaleza y al aire libre como el windsurf, submarinismo, parapente, espeleología.

Pese a las posibilidades del turismo, la agricultura y la pesca son las grandes fuentes de ingresos de las Azores. Muy religiosos y tradicionales, sencillos, los habitantes de las Azores parecen luchar por detener el tiempo, mantener intactas sus costumbres e impedir la invasión de turismo y de modernidad. Sus casas blancas y bajas, con grandes ventanales sin rejas, muestran el esmero y la delicadeza de sus habitantes y también la seguridad de la isla.

Eso sí, como en casi todas las islas que he visitado en mi vida, el transporte público es muy limitado, así que lo mejor es alquilar un coche. Las carreteras son correctas. Tienen unas vías rápidas como autovías que recorren la parte norte y central de la isla. Y luego carreteras de montaña con muchas curvas, como es normal, y que sólo dan miedo cuando te sorprende la niebla espesa que no te deja ver nada.

En cuanto a la gastronomía, hay que destacar el sabor intenso y auténtico de sus platos. Es triste pero es algo a lo que ya no estamos acostumbrados. Sorprenderte porque un tomate, una col o una patata tienen sabor es una de las experiencias que hemos vivido en San Miguel. Sus gastronomía es rica en carnes, pescados, verduras y mariscos. También tienen una amplia gama de repostería y quesos.

Visita a la parte oriental de la isla

Sete cidades: seguramente el mayor atractivo de la isla sea la visita a la zona de Sete Cidades, y posiblemente uno de los objetivos más difíciles de cumplir. Su nombre se debe a la leyenda de un volcán cuya erupción hizo desaparecer las siete ciudades que había en la zona.

Desde el Mirador “Vista do Rei” se obtiene una perspectiva del lago verde y del lago azul, que es la fotografía emblemática que ilustra la portada de todas las guías de Las Azores. Según cuenta la leyenda, los lagos se formaron de las lágrimas de una princesa de ojos azules y un pastor de ojos verdes ante el dolor de su amor imposible.

A su alrededor, se suceden los lagos y los miradores, las rutas para recorrer los cráteres de los volcanes. Sin embargo, la niebla en esta zona de la isla es densa y persistente, y no te deja ver absolutamente nada. Hasta en dos ocasiones intentamos conseguir la preciada estampa de la isla, y no lo conseguimos.

A pocos quilómetros pero ya en el soleado y airoso paisaje de la costa encontramos el pueblo de Mosteiros. Situado en el extremo de la isla, una costa abrupta, salvaje, negra, con piscinas naturales en sus coladas de lava, protegidas de los fuertes vientos. Las olas de blanca espuma golpean islotes y rocas negros con espectaculares formas que ha esculpido la naturaleza. Lástima que no haya más que dos bares en el pueblo. En uno de ellos se toman con calma el servicio y puedes estar una hora y media esperando que te sirvan un bacalao con chanfaina.

A pocos quilómetros está la localidad de Ferraria con un romántico faro al borde del acantilado y una zona de baños de aguas calientes rodeados de lava negra, que estaban de obras cuando los visitamos. Estamos en el Finisterre de San Miguel, y aseguran que hay unas vistas preciosas al atardecer.

El centro de la isla

Ponta Delgada es la capital de San Miguel y de las Azores. Está en el centro de la isla, a cinco minutos del aeropuerto. Es donde se concentran los servicios y oficinas, así como tiendas y comercios. Aunque es una ciudad plácida, silenciosa y tranquila, que al caer el sol se convierte casi en un lugar fantasma.

Algunos de los lugares emblemáticos son la Portas das Cidades situada en el punto donde llegaba el mar cuando fue construida, la iglesia Matriz de piedra blanca, el forte de Sao Bras, el jardín de Antonio Borges.

  • El alojamiento en el hotel Comfort Inn es céntrico y agradable.
  • Recomendamos comer o cenar en Aliança, un pequeño bar con clientela autóctona que en un primer momento no invita mucho a entrar pero toda una institución en la ciudad con precios asequibles y platos deliciosos.


A pocos quilómetros de Ponta Delgada pero en el otro extremo de la isla se encuentra Ribeira Grande. Es un encantador pueblecito de mar con sus casas de pescadores, donde se realizan los licores más famosos de la isla en la fábrica la Mulher do Capote.. Aunque fuimos dos veces a la fábrica y siempre estaba cerrada, en el centro del pueblo tienen una tienda donde comprar licor de café, de piña, aguardiente de miel, de arándanos, etc.


Saliendo de Ribeira Grande y continuando hacia el este se encuentra el mirador de Santa Iria, para mí uno de los más espectaculares de la isla. A continuación se puede visitar la fábrica de té Cha Gorreana. La isla de San Miguel es el único lugar de la Unión Europea donde se cultiva té. En la fábrica de té se pueden ver las máquinas tradicionales que aún se utilizan para elaborar el té.

Desde Ribeira Grande se puede baja hasta el centro de la isla y visitar la caldeira velha aunque en esta ocasión estaba cerrada por las lluvias torrenciales que la habían destrozado. Se trata de una piscina natural de lava con aguas termales con una cascada de agua caliente de unos 38º rodeada de exuberante vegetación.

El valle de Furnas

Desde el mirador del Pico do Ferro, también otro de los más bonitos de la isla, se divisa el precioso valle Furnas situado en una caldera. Furnas es un pueblecito blanco y delicioso ue qcuenta con diversos atractivos como las fumarolas, agujeros en la tierra donde el agua brota hirviendo a unos 97ºC






Dentro de las fumarolas de los cráteres se meten cada mañana unas ollas con carne y verdura. Allí, al calor sulfuroso del volcán se cocina durante seis horas el famoso “cocido nas caldeiras” que sirven en diversos bares del pueblo por unos 12 euros por persona. Aunque en las guías se recomienda reservar en uno de los bares del pueblo para poder comer cocido, nosotros nos presentamos sin reserva y pudimos comer sin problema.

Furnas cuenta con 22 manantiales naturales de aguas calientes y sulfurosas. Uno de esos manantiales está en el Parque de Terra Nostra. El Parque de Terra Nostra tiene un punto decadente y romántico. Son 12 hectáreas de plantas exóticas surcadas por riachuelos amarillos de aguas férreas. El aspecto de este jardín botánico muestra el buen gusto por el cuidado de los jardines, que tienen en las Azores, ya sea en parques, merenderos a pie de carreteras o miradores, posiblemente por la influencia de la cercana Inglaterra.

El baño en las aguas férreas del parque fue uno de los momentos más especiales del viaje a San Miguel que casi nos perdemos porque la mujer que atendía la Oficina de Turismo, muy amable por otro lado, nos advirtió que si nos bañábamos en las piscinas de hierro los bañadores y las toallas quedarían teñido para siempre de color oxido. Como plan B, decidimos comprar ropa interior de saldo en una tienda de “chinos” del pueblo para usarla en lugar de los bañadores, pero al llegar a la piscina nos confirmaron que el óxido se iba si no lo dejabas secar.

Aguas férreas donde el agua brota amarilla a más de treinta grados. Es una sensación extraña introducirse en aquel agua caliente completamente opaca y con olor a óxido. Luego hay que restregarse mucho y muy fuerte para que el amarillo se desprenda de la piel. Es una lástima que sólo haya una ducha y los vestuarios al aire libre carezcan de luz o de colgadores para poder cambiarse con comodidad, pero uno se adapta por la experiencia.

Para completar la excursión hay rutas senderistas que recorren el lago do Fogo. En nuestro caso, nuevamente las lluvias torrenciales habían destrozado el camino y no se podía acceder.

La parte occidental de la isla

Nordeste es un pueblecito blanco tranquilo y sosegado, con un hermoso puente de siete arcos. A la salida del pueblo hay un desvío por un empinado camino de unos 500 metros que más vale hacer andando que con coche, aunque haya que sufrir en la subida, nos lleva al faro más antiguo y más occidental de la sila. A unos quilómetros encontramos los miradores con con jardines colgantes que caen sobre los acantilados. El mirador de la Ponta do Madrugada y el mirador de la Ponta do Sossego.

dimecres, 27 de març del 2013

"La consolante" de Anna Gavalda

Grandes expectativas tenía puestas en la novela "La consolante" de Anna Gavalda. Había devorado con ansia "Ensemble, c'est tout" y también el compendio de cuentos "e voudrais que quelqu'un m'attende quelque part", que me parecieron historias cotidianas, sencillas, pero muy emotivas. Hay una historia en concreto que cada vez que la leo no puedo evitar que se me salten las lágrimas. Explica la historia de un hombre casado y con hijos, que nunca ha olvidado a su amor de juventud, y muchas veces en su vida cotidiana piensa en ella, en tomar una salida de la autopista que lleva a dónde ella vive. Hasta que un día recibe una llamada de ella para verle, para despedirse de él.

"La consolante" parecía que profundizaba en forma de novela en el triste
argumento de ese cuento que tanto me gustaba. Un arquitecto de éxito casado  y con una hija de su mujer recibe un día una carta donde se le anuncia que ha muerto la mujer que ha amó desde la infancia, un amor hasta cierto imposible. 

Así que he buscado la novela en francés por todos lados, incluso en Francia y no la había encontrado. Al final, me he rendido y la he leído en castellano. Y tengo que decir, que me ha decepcionado.

La empecé con una emoción contenida, esperando que me pasara por encima un tsunami de emociones y de tristeza. Como así fue. Subrayé muchas frases y párrafos de los primeros capítulos que leí, nuevamente con ansiedad e impaciencia. Cuando él descubre la carta, cuando busca los detalles de la muerte, le asaltan los recuerdos, visita su tumba, empieza a trastocar su vida. Pero entonces la novela se encalla, se hunde en el cambio de vida, en el hundimiento del personaje, en el hastío de su vida durante demasiados capítulos. Y la segunda parte de la novela presenta un giro inesperado, un nuevo escenario, nuevos personajes, un nuevo enfoque que te descoloca. De pronto, parece una película infantil. Una especie de Peter Pan que vive en un castillo-granja encantado lleno de niños y animales. La descripción del entorno es densa y demasiado exhaustiva, el libro avanza con lentitud por esas nuevas circunstancias, y al final estás deseando que se acabe. 

Aún así, me quedo con los dos o tres primeros capítulos del libro que me arrebataron los primeros días.

"Ya me estoy blindando"
"Siento el vacío, ahí, junto a los flecos del borde de la alfombra, y me quedo rígido como una estatua, buscando instintivamente el quicio de la puerta o el respaldo de una silla, algo a lo que agarrarme"
"Levanto el primer pliegue de papel, oigo cómo me late el corazón, luego el segundo, mi corazón ya no late"
"Se le abre una grieta por dentro"
"El barniz se agrieta, las bisagras ceden y saltan las tuercas. No quiere"
"No se dispara a los convalecientes"
"Ya nunca volvería a contrarse sus labios, nunca los vería temblar o estirarse hasta el infinito. Ya nunca miraría sus manos. La cara interna de sus muñecas, el mapa de sus venas, el surco de sus orejas. Ya nunca sabría lo que ocultaba, tan bien, tan mal, tan lejos, detrás de sus sonrisas cansadas o sus muecas tontas. Ya no la miraría de reojo sin que ella lo supiera. Ya no le cogería el brazo de improviso. Ya no .. ¿De"

"La negó. Peor aún, la minimizó. Redujo la escala"

"Era la desconfianza. La certeza de la soledad. Y esa prudencia, de repente, esa extraña dulzura, ese cambio de voltaje, era un torniquete, un clamp en la vena cava"

"Y ella en su casilla de salida"

diumenge, 17 de febrer del 2013

The deep blue sea


Es curioso, pero en ocasiones hay películas que estás deseando que acaben cuando las estás viendo y al acabar piensas que no te han gustado nada… pero que, sin embargo, se quedan contigo durante días. Y no dejas de pensar en ellas.

Así que objetivamente puedes decir que te ha decepcionado, pero no que te haya dejado indiferente. De hecho, es posible que te haya llegado más que otras películas que te encantan recién vistas pero que en seguida se sumergen en tu olvido.

Eso es lo que me ha pasado estos días con “The deep blue sea”. Fui a verla a la Filmoteca al ciclo de “las mejores películas del año” porque si formaba parte de ese grupo ya prometía, y porque la había visto incluida en otras listas de medios de comunicación como uno de los mejores films del 2012. Además, la protagonista era Rachel Weisz y estaba situada en Londres a principios de los años 50, una época que me atrae muchísimo. El cartel de la película también era de los que me llama la atención.

Y sin embargo no me gustó. Ni en el contenido ni en la forma.

Pausada hasta la exasperación

Sobre el contenido, sales del cine pensado “es una película en la que no pasa nada”. Todo sucede en apenas 12 horas, y en realidad no pasa nada extraordinario. Nada que no suceda cada día en cada calle de cada barrio de cada ciudad o pueblo de cualquier lugar del mundo. Una ruptura, el desamor, la infidelidad, la pérdida.

La forma me resulta exasperante. Una fotografía oscura, densa. Una música cargante, especialmente los violines de los primeros minutos de la película que estaban a punto de atacarme los nervios. Tres decorados (un apartamento, una calle, la puerta de un pub). Tres personajes, los tres ejes del trío amoroso. Y está rodada de una forma tan parsimoniosa, excesivamente lenta, que no es apta para todos los públicos. De hecho, a mi alrededor se sucedían los bostezos. Los planos tardan siglos en sucederse, se detiene una eternidad en los detalles (tantos segundos con un plano fijo sobre el humo de un cigarro, sobre una estufa, sobre una casa derruida), el movimiento de la cámara es tan lento que te dan ganas de rebobinar hacia adelante la película. Los personajes se toman su tiempo para marcar un teléfono, encenderse un cigarro, cerrar una maleta. Incluso una mujer tan desesperada de amor como la protagonista, cuando su amante se va de casa y ella quiere correr tras él para detenerlo se entretiene vistiéndose hasta el punto de tomarse el lujo de ponerse un cinturón. Un cinturón cuando el hombre de tu vida acaba de largarse por la puerta. Para las almas impacientes como la mía, puede ser una película desesperante.

De hecho, al salir del cine pensé que más que una película había visto una obra de teatro. Después he visto que en realidad se trata de una adaptación al cine de una obra de teatro. Y se nota demasiado.

Y sin embargo, no dejo de pensar en ella. Y el pronombre de tercera persona se refiere tanto a la película como a la protagonista, que es lo mismo. Ella es la que aguanta y alrededor de la que gira el film.



Sobre personajes que pierden la voluntad por amor

Se trata de uno de esos personajes abandonados, arrastrados, vencidos, humillados,  casi patéticos si no fueran tan elegantes y hermosos, que te producen rechazo por su actitud pero que te impresionan. Y siento debilidad por ellos. Pienso en algunos personajes atortamentados que suelen hacer RalphFiennes como El Paciente Inglés o El Fin del Romance. De hecho, la estética y la época de la película me recordaban un tanto al Fin del Romance. Pienso también en el protagonista de “El museo de la inocencia” de Orhan Pamuk, un libro que tengo a medias y que no he podido seguir leyendo, a pesar de estar maravillosamente escrito, porque no puedo soportar la asfixia que me producen esos personajes obsesionados y abandonados a un amor perdido. Son como personajes poseídos por un ser interior, un alien, un demonio, un espíritu, "el animal que yo llevo dentro", que anula a la persona, que se come su voluntad y su razón.


También he leído que hace muchos años también fue llevada al cine, protagonizada Vivien Leight. Y es curioso, porque a mitad de la película, viendo a Rachel Weisz me recordó físicamente a Vivien Leight. Y pensé ella. Sí que era un personaje adecuado para esa actriz, derrotado y arrastrado como Blanche en Un tranvía llamado deseo.

Y es que, sin duda, lo mejor de la película Rachel Weisz. Me encanta esta actriz, y me fascinó desde que la descubrí en Enemigo a las puertas. Siempre recuerdo sus ojos desencajados de placer con la mano tapándose la boca para no hacer ningún ruido, mientras practica sexo con un Jude Law maravilloso en medio de un montón de soldados dormidos, con aquellos uniformes mugrientos y raídos puestos y en silencio para que nadie les oiga.

En esta película me admiran la capacidad que tienen sus ojos para mostrar la absoluta devoción por su amante. Ese abandono, esa entrega desmedida, esa perdida de la voluntad y la razón por un hombre, que además reconoce no quererla tanto como debería. Resulta tan doloroso y humillante que ella le suplique después de esa hiriente declaración que le da igual, pero que se quede a su lado. Cuando le promete que no le va suplicar, que no le va a hablar del tema pero que vuelva a casa. O cuando lo llama por teléfono a casa de los amigos donde él se ha ido a dormir para pedirle que al menos pase esa última noche en casa. Entonces, me recuerda tanto a Barbra Streisand llorando y en pijama pidiéndole a Robert Reford por teléfono, él también se ha quedado en casa de unos amigos, que vuelva a casa esa noche sólo hasta que ella se duerma y que no le va a hablar del tema.

Reconozco que ese tipo de personajes y esas escenas, esa concepción tóxica, destructiva del amor me incomoda. Porque me rebela por dentro, porque me dan ganas de echarle un sermón a la protagonista.  Son escenas de película, pero no están tan alejadas de la realidad cotidiana. De hecho, es muy habitual y común. Incluso en personas inteligentes y maduras que conoces, como es el caso de la protagonista, has visto ese tipo de actitudes alguna vez. Y aunque no encajen en tu concepción de las relaciones  y no puedas entenderlas, tampoco puedes hacer más que aceptarlas. No puedes censurar ni reprender a la otra persona, que bastante mal se siente ya, porque forman parte de ser humano, y por lo tanto, frágil y vulnerable. Además, ¿quién no va a decirnos que alguna vez la vida nos va a llevar a comportarnos así?

Para la protagonista es “el amor o nada”. Aunque para mí eso no sea amor. No es sólo deseo, no es sólo sexo, es insatisfactorio, “ponle la etiqueta que quieras” como le dice ella a su marido, pero no puede vivir sin él. Por eso, “The deep blue sea” empieza con la preparación de un suicidio. Un cuidado y esmerado suicidio. Y no puede evitar recordar a Julianne Moore (también de El fin del romance) en “Las Horas” preparando su suicidio en su apacible dormitorio. O en Virginia Wolfe sumergiéndose pausadamente en las aguas del río.

Para finalizar, otra cosa interesante es de la película es verla en versión original. Además de poder escuchar la voz de Rachel Weisz, preciosa y sensual, es muy reconfortante para los eternos aspirantes a tener un buen nivel de inglés. El lenguaje es tan académico, los diálogos son pausados y elegantes, con una pronunciación cuidada y correcta, los subtítulos en castellano no son apenas necesarios. Y aprendes expresiones tan bonitas como la que le da nombre a la película que significa estar entre la espada y la pared (eso sí lo leí en castellano): “be between the devil and the deep blue sea”.

dissabte, 12 de gener del 2013

El profesor de Frank McCourt


Cómo se enfrenta un profesor a un aula de adolescentes? Cómo conseguir atraer su atención hacia el temario de literatura cuando ellos tienen otros intereses en aquel momento en la vida? Por qué no enseñan en la Universidad que ser profesor no es solamente impartir una materia sino imponer disciplina, ganarse a la clase? De todas estas cosas nos habla el libro el Profesor de Frank McCourt, que se hizo famoso cuando el libro sobre su infancia “Las cenizas de Ángela” se convirtió en un best-seller y ganó el Premio Pulitzer.

De hecho, su infancia en Irlanda es uno de los primeros recursos que encuentra el jóven e inexperto profesor en sus primeros años de enseñanza. Se trata de un recorrido por los 30 años de ejercer de profesor de literatura en diferentes institutos de Nueva York. Y son los alumnos los que le piden que se dediquen a escribir cuando el profesor de jubila. Fruto de esa petición surgió Las cenizas de Ángela.

A lo largo de las anécdotas e historias donde vas viendo su evolución a la hora de gestionar y ganarse una clase, de relacionarse con los padres, con los otros profesores y directivos del centro, el autor también va dando pinceladas de su vida personal. Su pasado en Irlanda, su primer y desconcertante amor en la Universidad, el tiempo de trabajo duro en los muelles, su matrimonio frustrado, sus dos años en el Trinity College intentando acabar una tesis. Pero básicamente se trata de una crónica de sus clases, desde finales de los años 50 con chavales rebeldes que pretenden imitar a James Dean, a las clases multirraciales de los años 60, 70 y 80. De escuelas en barrios con dificultades socioeconómicas a escuelas en barrios de alto nivel económico. A lo largo de toda la obra vas viendo la evolución del profesor que en un primer momento esta aterrorizado por la clase, hasta los recursos va poniendo en práctica a lo largo de los años para captar la atención de los chavales y finalmente cuando se convierte en un profesor original, creativo, extravagante, apasionado, al estilo de El club de los poetas muertos. Al final, te das cuenta que McCourt triunfa como profesor porque más que  hacer caso a directrices académicas sigue su intuición, a veces sin saber ni a dónde le va a lleva esa idea. Y también es un compromiso personal de dar clase poniéndose a la altura de los alumnos, y no desde las alturas del stablishment de profesores y directivos. Decide que su forma de enseñar se basará en escuchar a los alumnos, en ponerse

Aunque no es un libro brillante, es una lectura interesante. El libro está escrito con mucho sentido del humor, y se lee de forma ágil y fácil, una lectura muy amena y distraída que te arranca muchas sonrisas. Y alguna carcajada.

El interés del libro es su vigencia. No importa que hable de aulas de Nueva York en 1959. O de la excursión de 30 chicas negra del Bronx a ver una película a Times Square a mediados de los setenta. En las actitudes, recursos, comportamientos, diálogos de la obra reconozco las mismas cosas que me explican hoy las personas cercanas que se dedican a la enseñanza (y la gran mayoría de mi entorno son profesores). Alumnos que te retan porque se apoyan con la silla en la pared, padres separados a los que has de hacerles dos reuniones porque no quieren ir juntos a la reunión con el profesor, bocadillos que vuelan por clase, alguien que es discriminado por ser diferente.

Uno de los momentos que más se me ha quedado en la memoria del libro es la etapa en la que el autor da clases para adultos y les hace escribir redacciones explicando sus opiniones sobre temas de actualidad o polémicos. Y ellos no quieren hacerlo. En primer lugar porque lo que quieren es que el profesor les dé la lección y les dé el contenido a estudiar. No le ven la utilidad a escribir ellos algo, no tienen tiempo disponible para perder, ya que vienen a clases nocturnas después del trabajo, y no ven qué les puede aportar ese ejercicio. Y por otro lado, no están acostumbrados a pensar que lo que ellos  piensen sobre algo puede tener algún valor o merezca ser puesto por escrito.

Recomendable para todas las personas que se dedican a la enseñanza o que tienen interés en la educación, o simplemente para los que les guste una divertida e interesante lectura.


dilluns, 31 de desembre del 2012

"Mañana no será lo que Dios quiera", la biografía de Ángel González escrita por Luís García Montero


Hace dos meses, en un tren camino de Tortosa abrí las páginas de “Mañana no será lo que Dios quiera” con esa emoción con la que se empiezan las cosas que hace tiempo que deseas hacer, disfrutando de un placer que ya anticipaba, como cuando salivas ante un pastel de chocolate que está por comer. Llevaba tiempo ojeando el libro en las librerías, leyendo la contraportada, pasando páginas al azar. Esperando el mejor momento para comprármelo. Y una vez comprado, esperando el mejor momento para leerlo. A simple vista, puede resultar absurdo no comprar algo que deseas comprar. Pero siguiendo con el símil del pastel de chocolate, también disfrutas dejándolo para el final, alargando la espera. En el sexo, estaríamos hablando de una fase que se conoce como la meseta, la que precede al orgasmo.

Y como siempre me ha inspirado mucho viajar en tren, pensé que aquel era el mejor momento para iniciar la lectura. Y lo fue.

Durante dos meses he tratado de prolongar la lectura el máximo posible, bebiéndolo sorbito a sorbito, deleitándome en cada pasaje, extendiendo cada capítulo, saboreando cada fragmento. Queriendo siempre un poco más, pero sin querer llegar nunca al final.

Y es que no podía ser de otra manera. Mi poeta preferido, Luís García Montero, escribiendo un relato evocador y nostálgico de la infancia y la juventud de otro de mis poetas de cabecera, Angel González. ¿Podían conjurarse más elementos a mi favor? Sólo me faltaba a Sabina y a Pedro Guerra cantándome al oído.

Y eso que el experimento podría no haber resultado. Un poeta no tiene porque estar dotado para la prosa. La infancia de un poeta no tiene porque ser tan apasionante como para merecer ser novelada. Aún así, yo sospechaba que sería un acierto. He leído con frecuencia artículos de opinión de Luís García Montero como para ser consciente de su gran dominio del lenguaje, ya sea en poesía como en prosa, y de su gran capacidad para convertir en apasionante el detalle más discreto. Tal vez la literatura sea eso. No se trata tanto de explicar grandes historias, grandes proezas, sino de saber convertir las historias más sencillas en material literario, de saber envolverlas de un halo de emoción, de enfatizarlas para hacerlas especiales. Y eso es precisamente lo que hace García Montero con la vida del niño y el joven Angel González.

Es la vida de una infancia y una adolescencia en los años de la República y la Guerra Civil y la Postguerra, como podrían ser lo de cualquier otro muchacho de su edad. Pero García Montero lo hace mediante el dominio del lenguaje, un lirismo de la narrativa, la belleza de las imágenes, la emotividad de las reflexiones. Y logra hacer memorable y especial los más sencillos detalles de la vida de Ángel González. Un segundo en una ventana, un hombre que se agacha a limpiarse los zapatos, colarse en un partido de la Selección Española de entonces, una amenaza de muerte de un falangista, un camión de anuncia caldos por toda la ciudad, una gata que todo lo destroza, una propina estafada por unos obreros bromistas, un reloj comprado con los ahorros de la madre que le robaron una noche en Madrid. Incluso el propio González le dice a García Montero al final del libro que no entiende por qué le da tanta importancia al asunto del reloj. Porque García Montero había encontrado en esa anécdota ese elemento especial para hacer literatura.

Además de conocer la infancia de  González y de su familia, formada por hombres y mujeres con una brillante trayectoria en la pedagogía y la enseñanza, podemos descubrir la vida cotidiana de una familia de izquierda de clase media en un convulso Oviedo. El miedo, los bombardeos, las huidas, los fusilamientos, los hombres escondidos detrás de un armario, la muerte que aguarda en cada esquina, los secretos, las llamadas en clave a la puerta, la depuración tras la guerra, el cambio de modelo de enseñanza en los colegios con el franquismo, las pequeñas batallas ganadas con dignidad, la impotencia, la represalias. 

El autor escribe la biografía novelada a través de los documentos guardado en una carpeta azul donde la familia González-Muñíz archivaba los acontecimientos importantes (partidas de nacimiento, defunciones, matrículas, cartas de depuración, recibos, notas y calificaciones, contratos, …), de la investigación de los acontecimientos y las personas citadas por Angel González, y seguramente gracias a las largas conversaciones mantenidas por los dos poetas. El resultado me parece de gran mérito. Por el esfuerzo de recreación, de transformación en material literario de todos esos documentos. Por el trabajo de documentación de los hechos y las personas. Y sobre las conversaciones de los dos poetas… seguro que merecían haber sido gravadas en vídeo para después construir una entrevista/documental. El libro me ha recordado al trabajo de final de carrera que hicimos en la asignatura de “Periodismo y Literatura” del profesor Albert Chillón. Es el tipo de libro que me habría gustado saber escribir a mí.

“Mañana no será lo que Dios quiera” está editado en bolsillo en Punto de Lectura en mayo de 2011. El libro fue escogido Libro 2011 por el Gremio de Libreros de Madrid. Angel González murió el 12 de enero de 2008.

Comentario de Joaquin Sabina sobre el libro

PD. Siguiendo con la conjunción de conexiones. Creo que los dos libros que he leído este año que más me han impresionado han sido "El món d'ahir" de Stefan Zweig y “Mañana no será lo que Dios quiera”. Los dos comentados en este blog. Después de publicar esta entrada, he leído el comentario que hace Joaquin Sabina del libro de Luís García Montero sobre Ángel González. Y se me ha puesto la piel de gallina cuando dice "Le hubiera gustado escribirlo a Stefan Zweig".