Francisco de Montejo, el Mozo, conquistó la ciudad de T'Ho (cinco colinas) en 1540. Le pusieron Mérida porque las construcciones de piedra y cal la ciudad maya les recordaron a la romana de Extremadura.
En el s.XIX vive un esplendor económico con la explotación del henquén para
hacer sacos, pero esta riqueza se concentraba en manos de unos pocos. Mérida
llegó a ser la ciudad más rica de toda América Latina. Los ricos marchaban a
estudiar a París, de ahí la importante influencia francesa en su estilo que se
combina con la arquitectura colonial.
Hoy Mérida tiene una población similar a Barcelona. Animada, alegre, viva,
llena de plazas, actividades culturales, teatros, museos, conciertos.
Nos atendieron de maravilla en la oficina de turismo donde hacían visitas
guiadas gratuitas.
Mérida tiene una de las plazas más bonitas de México, pero desgraciadamente
estaba en obras. Eso sí, entramos en la catedral que era muy sobria pero
imponente y también en una iglesia jesuita. Recorrimos varias veces el camino a
las animadas plazas de Santa Lucía y Santa Ana, las colas en los teatros y
salas de conciertos. Visitamos el museo de la ciudad donde pudimos profundizar
en su historia.
Teníamos el hotel cerca de la estación de autobuses de cercanías y del
mercado, así que por la mañana era un hervidero de gente para ir a trabajar a
primera hora con largas colas para tomar autobuses y colectivos. Gente. Mucha
gente. Comprando, en el mercado, en el supermercado, en las tiendas, pero todo
limpio.
Hace mucha humedad, pero al ser un entorno más urbano los mosquitos nos dan
un poco de tregua, menos en el Paseo de Montejo donde atacan sin piedad.
El Paseo de Montejo se construyó a imitación de los Champs Elysée con mansiones afrancesadas que hoy son hoteles, bancos y restaurantes. Los domingos el paseo cierra al tráfico para que pasee la población en bicicleta. Y cenamos en un fabuloso restaurante vegano!
Es un paseo larguísimo. A la mitad tiene una especie de Monumento a la
patria, una de las esculturas más icónicas de la ciudad y el único en mundo
en estar tallado en su totalidad en piedra. Esculpido por el escultor
colombiano Rómulo Rozo en el Museo de Montejo refleja los principales momentos
y protagonistas de la historia de México.
La cuna del feminismo mexicano
Descubro en la visita guiada un cartel que explica que en 1916, tiene lugar
en Mérida el Primer Congreso Feminista. Por las novelas que estoy leyendo sé
que en los años 20 ya se pudieron elegir a las primeras mujeres. Así que
investigo y descubro que Mérida fue la cuna del feminismo mexicano.
En 1922, Rosa Torres fue la primera mujer del país en ser electa presidenta
municipal gobernando el municipio de Mérida.
Y en 1923 se eligieron las primeras 3 diputadas del Congreso de
diputados mexicano.
Izamal
Desde la estación de autobuses que hay junto al hotel tomamos un bus que en una hora nos lleva a Izamal, conocido como el pueblo amarillo. Izamal fue un importante centro espiritual para los mayas. Los conquistadores españoles lo eligieron para ubicar también un importante centro de evangelización. Sobre un antiguo templo maya y usando piedras sagradas construyeron el Convento de San Antonio de Padua, uno de los más antiguos del continente americano, aún en uso por los franciscanos.
Izamal conserva aún algunas de las ruinas de sus pirámides mayas y es un
encantador (y abrasador) pueblo de fachadas amarillas. Pudimos subir encima de
las pirámides y disfrutar de las preciosas vistas.
Uxmal
A 80 km de Mérida se halla uno de los yacimientos más importantes de la
civilización maya junto con Tikal, Chichen-Itzá y Calakmul. Patrimonio de la
Humanidad por la Unesco, ciudad representativa del estilo Puuc. Para mí la zona
arqueológica más bonita, tranquila, integrada en la naturaleza.
Es imposible saber a qué hora saldrá y volverá el autobús. Así que nos vamos a la estación de autobuses a probar suerte. La vuelta es más complicada. En una taquilla nos dicen que vuelve a las 12, en otra a las 13 pero el conductor nos dice que a las 15.
Una vez allí con los chicos y chicas que íbamos en el autobús de línea que
son españoles e italianos contratamos un guía, un señor mayor que nos lo explica
de maravilla. Visitamos la pirámide del adivino, el cuadrángulo de las monjas,
el palacio del gobernador o el Palomar. Una visita deliciosa. No tanto la
vuelta, al final tenemos que esperar el autobús bajo el sol dos horas y cuando
pasa está tan lleno que casi no podemos entrar. Hacemos el trayecto de casi dos
horas de pie apiñados dentro.
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