En
bicicleta
Para
alojarse, la oferta no es muy amplia puesto que ya he comentado que no está muy
explotado para el turismo. De hecho, yo no he visto ni un solo hotel. Las
opciones es alquilar cabañas, ir a un bed and breakfast o a un camping, pero
siempre reservando con antelación. En nuestro camping estuvimos en un
maravilloso camping en Vardo, el Sandösunds Camping, que fue mil veces mejor
que un hotel.
A
pie
En coche
Para
distancias más largas lo más inteligente es recurrir al coche. En este sentido,
se pueden realizar dos visitas interesantes.
El
museo al aire libre de Jan Karlsgården: recrea la vida de las islas en el siglo
XIX. Podemos conocer las casas más humildes con un espacio para las mujeres
para hilar y uno para los hombres más en formato taller, las saunas antiguas,
una herrería, así como una casa de verano e invierno de una familia más
adinerada de la zona. Llama la atención que las dos casas están apenas
separadas 100 metros o lo pequeñas que son las camas, pero luego lo entiendes
cuando descubres que dormían incorporados (y no tumbados) por miedo a que la
sangre se les fuera a la cabeza. El pueblo está al lado del castillo de
Kastelholm, una construcción medieval del siglo XIV que era residencia de los
reyes suecos y también fue prisión de algún que otro rey.
Y
es que aunque la misma Finlandia fue parte de Suecia durante muchos años, no
hay otro territorio en el país que haya mantenido los vínculos con su antiguo
país como las Islas Åland. De hecho, tienen unas condiciones políticas,
económicas y militares diferentes al resto de provincias de Finlandia.
Por
ejemplo, el único idioma oficial en las islas es el sueco que habla el 93% de
la población. El Estado finlandés ha respetado esta situación sin ningún drama,
como pasa en otras latitudes, e incluso tiene la obligación de cuando envía un
documento oficial a algún ciudadano de las islas hacerlo en sueco. Las Åland
tienen además su propio sistema tributario (muy libre de impuestos), su
parlamento, su propia bandera y un sello propio. Tiene, por lo tanto, un alto
grado de autonomía. Todo se remonta a la independencia de Finlandia de Rusia
(ya la URSS) en 1921, cuando las Åland dijeron que querían pertenecer a Suecia
y no al nuevo país naciente. Al final, la Sociedad de Naciones decidió que el
archipiélago formara parte de Finlandia pero manteniendo un estatuto especial
de autogobierno. Como en Cataluña, tienen delegadas las competencias en áreas
tan importantes como salud o educación.
En kayak
Una buena idea para conocer
la costa es recorrerla en kayak. El mar no es apenas salado y poco profundo. En el camino marítimo apenas te encuentras
alguna casa con su propio embarcadero. En general en las islas no hay muchas
casas ni gente. Y es que no es fácil ser ciudadano de las Åland. Para ello, hay
que tener como mínimo el padre o la madre nacidos en el archipiélago, o haber
vivido en las islas durante bastantes años.
Después del kayak, lo más
apetecible fue tomar una sauna de una hora. En el camping tenía una sauna
flotante sobre el Báltico, sobre una plataforma de madera, con un cambiador muy
vintage delante. Para ir refrescándote de vez en cuando de la sauna, lo mejor
era salir y sumergirse en las aguas del Báltico, sorprendentemente poco frías.
Y para recuperar fuerzas
después de tanto ejercicio, en el camping nos deleitaron con el postre típico
local: las tortitas de Aland. Una especie de pudding cuyo ingrediente secreto
es el cardamomo, acompañado de compota de frambuesa o arándanos y crema batida.
Si quieres saber sobre las
saunas puedes leer otra entrada de mi blog aquí
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