
Y es suyo uno de los cuentos que más huella me han dejado. De hecho, si alguien me pidiera que dijera al azar 5 cuentos que recuerde, este ocuparía las primeras posiciones. Es “La autopista del Sur”, escrito en 1964 e incluido en el libro “Todos los fuegos, el fuego” (1964). Cuando lo leí me pareció una historia genial, sentí ese envidia terrible cuando leo algo que me hubiera encantado escribir a mí, por las relaciones que se crean en una situación tan cotidiana como un atasco monumental, pero llevado a la exageración inverosímil. Tan inverosímil que hasta ayer se me antojaba ciencia-ficción. Uno de esos argumentos propios del realismo mágico.
Cortázar relata con su asombrosa sencillez las relaciones que se forman al convivir en un atasco a las afueras de París que dura semanas, meses. Surge la necesidad de compañía, de solidaridad, de compartir, de ayudar a los que lo necesitan, el egoísmo también, la intolerancia, la organización de roles y tareas, y surgen también la amistad e incluso el amor y la pasión, y los celos. Son náufragos en un mar de asfalto donde los coches son como apartamentos en un edificio aislado en medio de una isla desierta. Para los que prefieran el cine a las letras, Godard se inspiró en el cuento para rodar la película “weekend”. Fragmento de la película.
Y digo hasta ayer cuando leí la noticia que miles de ciudadanos chinos estaban atrapados desde hacía 11 días en un atasco que podría durar meses.
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